El corredor del Henares no son veintiún pueblos: es un sistema

Veintiún municipios, una sola infraestructura. El corredor del Henares comparte las mismas depuradoras, un único sistema de abastecimiento, un mismo nudo de tratamiento de residuos, un eje viario y una red eléctrica en plena expansión. Es, físicamente, un sistema. Pero ningún instrumento lo planifica como tal: cada proyecto se aprueba por separado y ninguno mira la demanda que los veintiún municipios ponen a la vez sobre esas redes compartidas. Este informe hace la cuenta que la administración no hace.

1 Veintiún municipios, una sola red

Lo que une al Henares no es una decisión de ordenación, sino la geografía de sus recursos. Los mismos ríos —el Henares y sus afluentes—, las mismas depuradoras, un abastecimiento gestionado en bloque por una sola empresa pública, un único complejo regional donde acaban sus basuras y sus lodos, la autovía A-2 como espina y un corredor de líneas de alta tensión que lo recorre de punta a punta. Ninguno de esos sistemas se detiene en un término municipal.

Que se compartan no es un detalle técnico. Significa que la capacidad de cada red es un bien común y finito, y que cada nuevo desarrollo de cualquiera de los veintiún municipios consume una parte del margen de todos los demás. Un polígono en un extremo del corredor resta agua depurada, potencia eléctrica o vida útil de vertedero a un desarrollo residencial en el otro. Y, sin embargo, ese margen se reparte sin que ninguna administración lo mida en conjunto: el corredor funciona como un sistema y se gobierna como veintiún expedientes sueltos.

2 El estrato eléctrico: el corredor de los datos

La capa que hoy transforma el Henares es la eléctrica, y su motor son los centros de datos. En Villalbilla, un municipio de trece mil habitantes, se tramita un centro de proceso de datos —IGNIS Data Beta II— con una potencia declarada de 181,62 megavatios y subestación propia de 220 kilovoltios: una sola instalación capaz, por sí sola, de alterar el balance eléctrico del corredor. No es un caso aislado.

Alcalá suma el complejo de Nabiax —con previsión empresarial de escalar hasta un centenar de megavatios— y proyectos de mayor calado en tramitación; Daganzo y Torres de la Alameda tramitan sendos campus de datos por la vía del plan especial; y Meco declara nuevos usos digitales asociados a una línea de 132 kilovoltios hacia Guadalajara.

El patrón es nítido: la carga digital no se reparte por el territorio, se concentra en un puñado de municipios pequeños. A su alrededor, la red de evacuación crece en sentido inverso: líneas de 220 kilovoltios y subestaciones que atraviesan precisamente a los términos más diminutos —Los Santos de la HumosaCorpaSantorcazAnchueloFresno de ToroteRibatejadaValverde de Alcalá—, que reciben los apoyos y los pasillos de alta tensión sobre su suelo sin albergar la instalación que los justifica. Como nudo estructural, Red Eléctrica culminó en enero de 2026 una nueva subestación de 400/220 kilovoltios en San Fernando de Henares.

Lo que en ningún expediente del corredor consta es la suma. Nadie ha contrastado cuántos megavatios comprometen a la vez todos estos proyectos frente a la capacidad de evacuación realmente disponible en cada nudo, y conviene recordar que una línea nueva no equivale a potencia libre: la infraestructura de transporte no es, por sí misma, capacidad de conexión.

El acceso a la red se resuelve proyecto a proyecto, en cola por expediente, nunca por una evaluación de conjunto del corredor. La prueba de que ese cálculo agregado no se hace la da, en negativo, un proyecto que no cuenta: la planta fotovoltaica El Espino, en Velilla de San Antonio, cuya autorización decayó en 2026 y que, por tanto, no suma —aunque durante años figurara como demanda—.

3 El estrato del agua: se depura en común, se planifica por separado

Los veintiún municipios beben del mismo sistema regional y depuran en un puñado de estaciones compartidas, que son la unidad real donde el crecimiento se acumula. La depuradora de Torres de la Alameda, diseñada para cien mil habitantes equivalentes, sirve a la vez a Torres, Villalbilla, Santorcaz, Anchuelo, Corpa y Valverde de Alcalá.

La de Casaquemada, en San Fernando, depura las aguas de San Fernando, CosladaAjalvirDaganzo y Paracuellos. La de Meco recoge además las de Los Santos de la Humosa; la de Velilla, las de Loeches y Mejorada; la de Ribatejada, las de Fresno de Torote.

Cada uno de esos municipios aprueba su crecimiento por su cuenta, pero todos descargan sobre la misma planta. El margen que le queda a cada depuradora frente a la suma de los desarrollos vivos de todos los municipios que vierten en ella no figura en ningún documento público: se remite, cuando se remite, a un informe futuro de la empresa gestora. El agua del Henares se depura en común y se planifica en solitario.

4 El estrato de los residuos: un solo nudo, sin cuenta de vida útil

La basura del corredor converge en un único punto: el complejo regional de tratamiento de Loeches, al que llegan los residuos de casi todos los municipios a través de la Mancomunidad del Este. Allí terminan también los lodos que generan las depuradoras.

Ese nudo común tiene, como cualquier vertedero, una vida útil finita; pero no consta una proyección que la contraste contra el crecimiento agregado —residencial, logístico y digital— que los veintiún municipios están aprobando a la vez. El destino concreto de los lodos ni siquiera aparece detallado en varios de los expedientes municipales. Nadie suma, tampoco, lo que el corredor entierra.

5 El estrato de la movilidad: aforos por proyecto, ningún estudio de conjunto

Sobre el corredor discurre la A-2, con el refuerzo de las radiales R-2 y R-3 y una malla capilar de carreteras autonómicas, pero el ferrocarril de Cercanías solo alcanza a Alcalá y a Torrejón; municipios que crecen con miles de viviendas nuevas —Torres, Velilla, Los Santos— lo hacen sin tren ni metro. Coslada concentra el gran nodo logístico del eje, con su centro de transportes y su puerto seco, y Alcalá adjudicó en julio de 2026 el primer intercambiador comarcal, previsto para el segundo semestre de 2027.

También aquí la cuenta agregada falta. Cada desarrollo justifica su acceso con un aforo propio, pero ningún estudio mide la carga que el crecimiento conjunto de los veintiún municipios añade a la A-2 y a los ejes comarcales. La movilidad del Henares se evalúa tramo a tramo y sector a sector, nunca como el sistema que atasca en común.

6 El estrato del suelo: mil cuatrocientas hectáreas en obra, casi seis mil esperando turno

Bajo todos los estratos anteriores está el que los sostiene. Leído como una sola superficie, el suelo del corredor enseña una desproporción que ninguna cuenta recoge. En planes vivos —en tramitación, información pública o ejecución— hay del orden de mil cuatrocientas hectáreas: las casi 350 productivas pendientes de Torres de la Alameda, las 347 sectorizadas de Ajalvir, las 211 del futuro polígono Noroeste de Torrejón, las más de 200 que Fresno de Torote arrastra desde 2006 y las 132 de la ampliación logística de Meco, entre otras. Es el delta vivo: lo que se urbaniza ahora.

Pero esa cifra es pequeña al lado de la reserva. Sumado el suelo urbanizable aún no sectorizado —el que un simple acuerdo de sectorización puede activar—, el corredor guarda del orden de 5.720 hectáreas latentes, cuatro veces el suelo que hoy tiene en marcha.

Dos municipios pequeños, Torres de la Alameda y Daganzo de Arriba, superan cada uno las 1.900 hectáreas, cerca de la mitad de su término. Es la magnitud más grande del corredor y la que menos se vigila, porque no figura como demanda en ningún cálculo: es plusvalía dormida, a la espera de la firma que la despierte. Conviene la cautela: la serie homogénea de clases de suelo es de 2017 y es bruta —dentro de esas hectáreas hay protecciones y redes que reducen el suelo realmente edificable—, de modo que la cifra es el techo de sectorización, no el suelo neto.

Ese depósito convive con su contrario: del orden de 9.830 hectáreas de suelo no urbanizable protegido, buena parte solapada con la Red Natura 2000 de las cuencas del Jarama y el Henares. La tensión del corredor no está, por eso, en el centro de cada término, sino en sus bordes: donde el suelo latente y el protegido comparten linde y cada recalificación se juega metro a metro.

Y hay un punto donde todo se decide: la recalificación, el instante exacto en que una parcela pasa de no urbanizable a urbanizable y se crea valor de la nada registral, por decisión administrativa. No hay mayor concentración de interés por metro cuadrado en todo el urbanismo. Es ahí donde el suelo del Henares se juega su futuro; y, sin embargo, se cuenta municipio a municipio y no se suma en ningún sitio.

7 El resultado subyacente: por qué el gran proyecto cae en el municipio pequeño

Puestos en fila, los datos dibujan un patrón que no es casual. De los cinco centros de datos que se asientan en el corredor, cuatro están en municipios de entre cinco mil y veinte mil habitantes —Meco, Villalbilla, Daganzo y Torres de la Alameda— y el quinto, en Alcalá.

Las tres grandes ciudades del eje —Torrejón, Coslada y San Fernando— no reciben ninguno. Y los once municipios de menos de cinco mil habitantes no albergan ni un solo centro de datos, pero soportan las líneas de alta tensión que los evacúan. La carga se deposita en los pequeños; el cable, en los diminutos.

Ese reparto tiene una explicación institucional. La Ley de Bases del Régimen Local gradúa por población las competencias de cada ayuntamiento: cuanto más pequeño es un municipio, más servicios delega en la Comunidad y menos capacidad tiene de fiscalizar un proyecto que lo desborda.

Y cuando un proyecto excede esa capacidad, la vía natural deja de ser la municipal para pasar a ser la regional —el proyecto de alcance regional, la declaración de interés regional, la aceleradora de inversiones—, figuras con las que la Comunidad de Madrid tramita directamente y sortea el freno del pleno municipal. El gran proyecto aterriza, por diseño del sistema, allí donde el municipio menos puede pararlo.

A esa lógica se suma un cambio de papel: la Comunidad ha dejado de ser solo el árbitro que autoriza para convertirse en promotora directa de infraestructura digital, con iniciativas de nube y computación pública que ella misma impulsa. El regulador y el interesado empiezan a ser el mismo.

Que el mecanismo no es automático lo demuestran los que quedan fuera. Ribatejada y Corpa, de apenas setecientos habitantes, son tan pequeñas como para no poder filtrar un gran proyecto y, sin embargo, no tienen ninguno: solo la línea que las cruza. La diferencia con Villalbilla o con Torres no es el tamaño, es que a unas les llegó un promotor con un proyecto de vía regional y a otras únicamente el pasillo eléctrico. La deposición no es aleatoria: sigue el interés allí donde encuentra menos resistencia.

De todo ello se sigue la conclusión que vertebra este análisis: el corredor está planificado —tiene una forma reconocible, la del corredor de los datos— pero en ningún plano. El reparto de la carga no lo firma un instrumento de ordenación del territorio, lo firman las reglas de vía y de promotor. Es un gobierno por defecto: el Henares se ordena sin que nadie lo ordene.

8 Sesenta mil vecinos nuevos sobre servicios que nadie ha sumado

La suma de los planeamientos vivos del corredor dibuja techo para del orden de dieciséis mil novecientas viviendas en desarrollo activo, y hasta veintiséis mil si se añaden los techos de planeamiento antiguo aún sin ejecutar. Aplicando un tamaño medio de hogar de dos personas y media, eso equivale a una horquilla de entre cuarenta y dos mil y sesenta y seis mil nuevos residentes: en torno a un habitante más por cada diez de los que hoy suman los veintiún municipios. No es una previsión de población, sino el techo que el planeamiento autoriza; pero es la cifra sobre la que habría que dimensionar cada red y cada servicio del corredor.

Y aquí aparece la asimetría más incómoda del Henares, porque los dos servicios que más pesan por habitante no los dimensiona quien licencia la vivienda. La sanidad y la educación son competencia de la Comunidad.

El corredor se apoya en dos hospitales del servicio regional —el Hospital Universitario Príncipe de Asturias, en Alcalá, y el del Henares, en Coslada—, pero Madrid funciona con área sanitaria única y libre elección: no existe un área comarcal que asigne población por municipio ni que sume la demanda del corredor. El ayuntamiento aprueba las casas; el hospital y el colegio los tiene que poner otro, que no cuenta cuántas casas se han aprobado a la vez en los veintiún municipios.

Para los servicios que sí son municipales, crecer cambia la ley. El artículo 26 obliga a prestar más servicios según la población, de modo que al cruzar un umbral un municipio pasa a deber, de golpe, prestaciones nuevas —instalaciones deportivas, protección civil y servicios sociales a partir de veinte mil habitantes; parque y biblioteca públicos a partir de cinco mil— justo cuando su población salta y sobre los presupuestos más pequeños del corredor. Villalbilla, que se acerca a los veinte mil, ya ha advertido de que necesitará nuevos colegios e institutos; Torres y Meco siguen el mismo camino; Ajalvir cruzaría el umbral de los cinco mil.

La regla, resumida, es sencilla y desigual: quien licencia la casa no paga la escuela. El valor del crecimiento se privatiza sobre el suelo de cada municipio; el coste de atenderlo se socializa hacia arriba, hacia una administración regional que nunca suma el conjunto de lo que se ha aprobado a la vez.

9 Dos palancas, y solo una está en vigor

Para entender cómo se acelera hoy el crecimiento del corredor hay que separar dos instrumentos que se confunden con facilidad, porque uno ya opera y el otro todavía se tramita. La palanca activa es el DER; la que viene, la LIDER.

La palanca activa es la Declaración de Especial Relevancia. Desde 2026, la Comunidad de Madrid puede declarar un expediente de Especial Relevancia —el DER— a través de su Aceleradora Urbanística (Decreto 92/2025): lo convierte en prioritario, lo tramita por vía urgente o preferente y centraliza todos los informes sectoriales en una sola plataforma. Ese trayecto ocurre aguas arriba, en sede autonómica, sin publicación y sin que corra plazo ciudadano alguno.

El DER no acorta —la ley se lo prohíbe expresamente— el trámite de información pública, pero comprime todo lo que lo rodea y reordena las prioridades. A su lado, la Aceleradora de Inversiones funciona como puerta automática: un centro de datos declarado de especial interés se convierte, sin más debate, en instrumento de especial relevancia urbanística. Es la palanca que hoy mueve los grandes proyectos del Henares, empezando por los centros de datos.

La palanca que viene es la ley. La Ley de Impulso y Desarrollo Equilibrado en la Región —la LIDER— no está en vigor: es un proyecto de ley que el Consejo de Gobierno aprobó el 22 de julio de 2026 y que hoy se tramita en la Asamblea, con aprobación prevista antes de que acabe el año. Promete reducir de doce a cuatro años la tramitación urbanística, simplificar el suelo a tres categorías y una visión de conjunto de escala regional, con planes estratégicos supramunicipales.

Vista desde el Henares, la LIDER haría permanente y general lo que hoy el DER hace caso a caso: daría a la Comunidad el brazo largo —supramunicipal y estable— que la tutela de los municipios pequeños y la vía regional no le daban. Pero conviene no confundir los tiempos: hoy quien acelera es el DER; la LIDER es lo que se prepara.

La reforma es materia viva y disputada. El Gobierno regional defiende agilidad, más vivienda y desarrollo equilibrado; sus críticos —Más Madrid en la Asamblea y plataformas ciudadanas con el respaldo de grupos ecologistas— advierten del riesgo de recalificar suelo sin una evaluación ambiental rigurosa y de reducir el control social del planeamiento. Ambas lecturas conviven, y este informe no arbitra entre ellas.

Lo que sí puede constatarse desde el corredor es lo que ni el DER ni la LIDER añaden: la pieza que este recorrido echa en falta —un informe vinculante y previo que acredite que un desarrollo grande tiene agua, energía, movilidad y residuos, sumados a los que ya están en marcha en el mismo corredor, antes de aprobarse—. Se acelera el expediente y se prepara un planificador supramunicipal; sigue sin aparecer un sumador.

10 Qué puede hacer la ciudadanía ante cada palanca

Las dos palancas se responden de forma distinta, porque abren puertas distintas. Ante el DER, la vía es la alegación, con reloj; ante la LIDER, el cauce es el democrático, con la norma en la mano.

Frente al DER, vigilar el radar y no solo el reloj. Ningún plan surte efecto —ni admite alegaciones— hasta que se publica en el Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid: el BOCM es el reloj, el único hecho que hace correr los plazos. El DER no lo acorta, pero mueve el expediente durante meses aguas arriba, invisible, de modo que cuando asoma al boletín el plazo llega ya encima.

La prueba está en los números: de los once instrumentos que la Aceleradora había declarado prioritarios hasta junio, solo dos habían abierto ventana en el BOCM a comienzos de septiembre, y en uno de ellos —Galapagar— el plazo de alegaciones se cerró en pleno agosto, antes de que ninguna cobertura lo advirtiera.

Por eso la acción ciudadana empieza antes del boletín: seguir el registro mensual de la Aceleradora —el radar, que dice qué se prepara y para cuántas viviendas— permite ver venir la ventana; y, cuando esta se abre, cabe alegar dentro del plazo de información pública sobre lo concreto —la evaluación ambiental, la afección de las líneas de alta tensión, el consumo de agua de refrigeración y la demanda eléctrica— y exigir lo que ningún expediente trae: un informe de impacto acumulado con los demás proyectos del corredor. Quien mira solo el boletín llega siempre tarde.

Frente a la LIDER, el cauce es el parlamentario. La LIDER no se combate con una alegación, porque no es un plan sino una ley: su puerta es la del debate en la Asamblea. Mientras el proyecto se tramita, la vía es la participación en el procedimiento —la audiencia pública, ya sustanciada—, el contacto con los grupos parlamentarios y el proceso de enmiendas. Y, si la ley se aprueba, sus planes estratégicos supramunicipales abrirán a su vez sus propios periodos de información pública, que volverán a ser, entonces sí, el momento accionable proyecto a proyecto. Una palanca se responde con reloj y expediente; la otra, con norma y escaño.

11 El corte que falta

El corredor del Henares es, antes que nada, obra del agua. Durante centenares de miles de años el río excavó un valle de terrazas de grava, llano y regado, y sobre esa plataforma se fue depositando todo lo que vino después: la calzada romana, la vega, el ferrocarril, la autovía, los polígonos y, ahora, los centros de datos. El río puso los cimientos; el capital pone los estratos.

Pero la deposición de este siglo no obedece a la gravedad: la sedimentación geológica dispersa y nivela, y esta concentra, porque no sigue el agua, sigue el dinero, que fluye siempre hacia la acumulación. Por eso los megavatios no se reparten por azar, se apilan donde el interés los deposita, en los municipios que menos pueden filtrarlos.

Visto así, el corredor es dos cosas a la vez. De canto, una columna: estratos que el tiempo deposita uno sobre otro. De frente, una trama, porque una columna que solo se apilara se aplastaría; el Henares se sostiene porque, dentro de cada estrato y entre ellos, se cruzan tres hilos. El dinero —el interés concreto que busca recalificar— encarga el relato —la memoria de necesidad que lo viste de bien público—; el relato legitima la regla —la vía que lo convierte en acto administrativo—; y la regla realiza el dinero. Nadie tiene que coordinar el trenzado: cada hilo tira de lo suyo y el tejido se cierra solo. Por eso no hace falta una trama en el sentido policíaco: el resultado se produce sin que nadie lo trame.

Y cada estrato descarga el valor arriba y el coste en el territorio: el cómputo se privatiza mientras la refrigeración reclama el agua del corredor; la plusvalía del suelo se activa con una firma mientras la factura del hospital y del colegio se socializa hacia arriba.

Ninguno mira al de al lado. Los estratos se depositan sin que nadie lea la columna entera, y de cerca —expediente a expediente, informe a informe— cada uno parece un trámite razonable. La tela solo se ve desde lejos.

Ese es, exactamente, el sentido pleno de que nadie sume el Henares: no hay que ocultar nada, basta con que nadie dé el paso atrás para mirar el conjunto. Este informe ha sido ese paso atrás, el corte que lee a la vez la columna y su trama.

Y lo que el corte enseña es una cuenta que ninguna administración hace: veintiún municipios que crecen a la vez, en torno a un habitante más por cada diez, sobre las mismas depuradoras, el mismo nudo eléctrico, el mismo vertedero y la misma autovía, sin que exista el instrumento que sume esa demanda antes de aprobarla. El DER ya acelera el expediente y la LIDER dirá quién ordena el crecimiento; con una y con otra, queda pendiente quién lo suma. Porque nadie suma el Henares, y ese corte —la suma que falta— es el trabajo que ningún plano firma.

Documentación

Este informe condensa un trabajo de campo más extenso. Para no cargar la lectura de cifras y expedientes, el detalle —cada dato con su fuente— vive en cinco fichas de documentación, cuatro en PDF y el registro de datos pendientes en hoja de cálculo:

  • «Nadie suma el Henares», la ficha maestra del clúster, sistema a sistema. [PDF]
  • «Veintiún verbos, un corredor», la lectura municipio a municipio. [PDF]
  • «Quien licencia la casa no paga la escuela», el detalle de la tensión sobre los servicios. [PDF]
  • «Por qué LIDER, y por qué ahora», el análisis de la reforma legislativa. [PDF]
  • «Datos pendientes de concretar», el registro revisado de lo que aún no consta, municipio a municipio. [PDF]
  • «Cluster Alcala ficha consolidada 21 municipios» [PDF]

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