En treinta y nueve kilómetros cuadrados conviven una depuradora que sirve a media comarca, una subestación nueva de 400/220 kV, la A-2, el Metro L7B y una extensa franja protegida del Jarama-Henares. El municipio soporta infraestructuras de escala regional sobre las que apenas decide y, mientras la Comunidad refuerza aquí sus redes, todavía repara los destrozos que otra obra regional dejó bajo sus casas. Puede crecer; pero nadie ha sumado, en una sola cuenta, cuánto pesa ya todo lo que carga.
1. Un municipio pequeño para lo que carga
San Fernando de Henares tiene 39.033 habitantes (INE/Censo anual, a 1 de enero de 2025) repartidos en un término de 3929 hectáreas —39,29 kilómetros cuadrados— con una densidad en torno a los 993 habitantes por kilómetro cuadrado (Estadística CM). Es, en la escala del corredor, un municipio compacto: un núcleo urbano al oeste y una gran pieza industrial y logística al este, encajada entre la A-2, la M-45, la M-50 y las vegas del Jarama y el Henares. Su planeamiento sigue rigiéndose por un PGOU de 2002, y buena parte de su suelo no es recalificable a voluntad: la última serie territorial de la Comunidad contabiliza 2.450,78 hectáreas de suelo no urbanizable protegido (Estadística CM), la gran pieza del término, vinculada a cauces, vegas y vías pecuarias.
Por población, el municipio entra en el tramo de la Ley de Bases del Régimen Local que obliga, entre otros servicios, a prestar protección civil y prevención y extinción de incendios. Sus cuentas no son holgadas: el presupuesto de 2026, aprobado definitivamente, asciende a unos 74,3 millones de euros, con 19,01 millones de inversión prevista (BOCM, 24 de febrero de 2026), y arrastra todavía una deuda viva del orden de 35,9 millones a finales de 2024 —cifra aproximada, pendiente de fijar con el dato oficial exacto—. El gobierno municipal, del PSOE y encabezado por Francisco Javier Corpa, fue investido en junio de 2023 (Ayuntamiento). La contradicción de partida es sencilla de enunciar: es un municipio pequeño para las infraestructuras que soporta y grande para los costes que esas infraestructuras pueden trasladarle.
2. La herida que todavía se repara
El frente ciudadano más intenso de San Fernando no es hoy una recalificación concreta, sino el rastro de una infraestructura regional. El túnel del Metro L7B dañó viviendas y equipamientos y obligó a cerrar el tramo durante años para consolidar el subsuelo y reparar lo dañado; la Comunidad reabrió la línea el 22 de noviembre de 2025, tras las obras de consolidación y reparación (Comunidad de Madrid). Reabrir el metro no cierra el expediente: quedan por rematar viviendas, equipamientos, indemnizaciones, monitorización geotécnica y la reurbanización de las zonas afectadas, y ese trabajo lo sostiene en buena parte el municipio. San Fernando repara —ese es su verbo— el daño de una obra que no decidió.
3. La región refuerza aquí su red
Mientras repara, la región invierte. El 21 de enero de 2026, Red Eléctrica dio por culminada la nueva subestación de San Fernando, de 400/220 kV, una obra de 44 millones de euros conectada al eje de Morata y a los corredores de Algete–Ardoz y Puente de San Fernando (Red Eléctrica). Es, a la vez, un punto fuerte del corredor y un cuello de escala: refuerza el transporte eléctrico del Henares, pero la capacidad firme realmente disponible para nueva demanda debe comprobarse nudo a nudo y no puede inferirse del tamaño de la obra. En un corredor que empieza a llenarse de centros de datos y grandes consumidores, la pregunta no es cuánta potencia se ha instalado, sino cuánta queda entregable después de sumar todas las peticiones.
4. La depuradora que ya no es solo suya
Algo parecido ocurre con el agua. En el término se levanta la EDAR de Casaquemada, que no depura solo para San Fernando: da servicio compartido a varios municipios del corredor. Está en proceso de mejora de su línea de fangos y, sobre todo, es pieza de una reordenación mayor, pues existe un Plan Especial para derivar emisarios del sistema Casaquemada hacia la EDAR de Torrejón de Ardoz (Plan Especial). El margen hidráulico y de habitantes equivalentes hoy disponible no consta publicado en la documentación revisada, y esa es precisamente la cifra que habría que acreditar antes de activar nueva demanda residencial o industrial: no basta con que la depuradora exista; hay que demostrar cuánto le queda libre una vez comprometido lo que ya trata.
5. Quién decide y quién paga
El reparto de competencias explica la tensión. El Ayuntamiento decide buena parte del suelo y presta los servicios locales; la Comunidad, el Canal de Isabel II y Red Eléctrica deciden las compuertas críticas —depuración, abastecimiento, potencia, movilidad—. El abastecimiento llega por el sistema regional del Canal, sin captación municipal propia de agua de boca, y la basura sale hacia el complejo de tratamiento de Loeches, dentro del sistema del este (Ayuntamiento). Los costes se reparten de forma desigual: la inversión supramunicipal financia las grandes redes, el presupuesto local carga con la reparación y el mantenimiento, y los vecinos y las empresas soportan parte del daño o de las esperas. Es un municipio que alberga lo que no gobierna y paga lo que no decide.
6. La ciudad que se organiza
El coste de esa infraestructura regional tiene también una réplica vecinal organizada. Los damnificados por el túnel se agrupan desde 2008 en la Asociación de Personas Afectadas por Metro Línea 7B (AVPAML7B), que cuenta unas 600 viviendas dañadas y 73 derribos, denuncia cerca de 300 afecciones que la Comunidad no reconoce y ha llevado a los tribunales unas indemnizaciones que juzga insuficientes —del orden de 6000 euros de media— (Infobae). En paralelo, la Asociación Cultural El Molino ha logrado que el Tribunal Superior de Justicia anule el Plan Especial de la Plaza de España y reclama que se publiquen sus modificaciones (El Español): un pulso por la transparencia del planeamiento, justo el terreno donde se librará la próxima batalla.
La sanidad sostiene el pulso más constante: la Plataforma en Defensa de la Sanidad Pública del Henares —vecinos de San Fernando y Coslada— acumulaba 250 lunes de concentraciones en noviembre de 2025 por la reapertura de las urgencias de atención primaria, cerradas desde 2020 (Mundo Obrero). No es casual que los dos frentes más intensos —metro y sanidad— nazcan de decisiones de escala regional: es la cara ciudadana del mismo problema que recorre esta cuenta. La oposición municipal (PP, Vox y Más Madrid), en cambio, libra su batalla sobre todo en el pleno.
7. La cuenta que nadie suma
San Fernando es, en definitiva, un nudo compartido del Henares: depura para varios, alberga una subestación que refuerza todo el corredor y descarga movilidad sobre la A-2 y el Metro L7B. Y, sin embargo, no consta un instrumento que sume, en una única cuenta, la demanda futura de todos los desarrollos y grandes consumidores del eje sobre el agua, la depuración, la potencia, la movilidad y los residuos. Cada red planifica su pieza; nadie audita el conjunto. Es el hallazgo que recorre toda la serie: nadie suma el Henares.
Ese vacío importará más, no menos, con la reforma en marcha. Si la Ley LIDER y la reforma estatal del suelo hacen más subsanables los defectos formales, la batalla se desplazará hacia los controles materiales —los informes de agua, red y riesgo—, y la defensa eficaz del territorio dependerá de demostrar la incongruencia acumulada antes de que un plan produzca efectos. En un término con riesgo de inundación en la llanura del Jarama-Henares y catalogado en zona I de exposición a radón por el Código Técnico (BOE / CTE HS6), eso se traduce en una regla prudente: cruzar cada desarrollo con la inundabilidad, los cauces y los corredores de evacuación antes de aprobar, y no volver a construir riesgo en la vega. San Fernando de Henares puede crecer. Pero no basta con que cada operador diga que su pieza cabe: hay que demostrar que caben todas a la vez.
Enlace a la Ficha urbanismo de San Fernando de Henares




