Donald Trump inicia este jueves una gira de 32 días para movilizar al electorado republicano antes de las elecciones del 3 de noviembre. El recorrido comienza en Texas y Oklahoma, mientras el vicepresidente JD Vance interviene en Florida. La campaña refleja la preocupación de la Casa Blanca por unas contiendas que hasta hace pocos meses parecían seguras.
El presidente Donald Trump ha decidido asumir un papel más activo en la campaña electoral ante las señales de desmovilización de la base republicana. Su primera jornada incluye actos en Texas y Oklahoma, dos estados que le respaldaron ampliamente en las anteriores elecciones presidenciales.
El despliegue continuará el viernes en Mobile, Alabama; el sábado en Vandalia, Ohio, y el lunes en Grand Island, Nebraska. La agenda adelantada por Associated Press forma parte de una ofensiva prácticamente diaria que se prolongará hasta la jornada electoral.
Un recorrido defensivo por estados republicanos
La elección de los destinos revela el carácter defensivo de la campaña. Trump no se concentra únicamente en distritos disputados entre ambos partidos, sino también en estados donde los republicanos esperaban obtener victorias cómodas.
El propio presidente ha reconocido que su partido no está comunicando adecuadamente sus resultados. «No estamos haciendo llegar el mensaje», afirmó antes de explicar que saldrá a promover personalmente la actuación de su Gobierno porque, según sus palabras, «nadie la está vendiendo».
La Casa Blanca pretende movilizar a los votantes que apoyan a Trump, pero muestran menos interés por unas elecciones legislativas y estatales en las que el presidente no figura en las papeletas. La estrategia también obliga a seleccionar cuidadosamente los lugares donde su intervención puede beneficiar a los candidatos republicanos.
Según Associated Press, dirigentes del partido procurarán evitar la presencia presidencial en circunscripciones donde pueda movilizar más a la oposición que a los simpatizantes republicanos. Esta cautela contrasta con la intención inicial de convertir la popularidad de Trump dentro del partido en el principal motor de la campaña.
Texas se convierte en la principal señal de alarma
En Texas, Trump visitará una planta de camiones y respaldará indirectamente al fiscal general estatal, Ken Paxton, candidato republicano al Senado. Paxton se enfrenta al representante estatal demócrata James Talarico en una contienda mucho más ajustada de lo previsto.
Una encuesta de Marist, elaborada entre el 17 y el 20 de septiembre, concede a Talarico el 50 por ciento de los apoyos frente al 44 por ciento de Paxton. El estudio entrevistó a 1139 votantes registrados y tiene un margen de error de 4,4 puntos porcentuales.
El mismo sondeo sitúa la aprobación de Trump en Texas en el 43 por ciento, mientras el 55 por ciento desaprueba su gestión. Además, el 39 por ciento de los entrevistados asegura que su voto al Congreso estará motivado principalmente por el rechazo al presidente, frente al 25 por ciento que pretende votar para apoyarlo.
La economía continúa condicionando la campaña. El 38 por ciento de los consultados en Texas afirma que la situación financiera de su familia ha empeorado durante el último año. El dato coincide con la pérdida de apoyo republicano provocada por el coste de la vida, detectada también en los sondeos nacionales.
Vance reconoce el malestar por los precios
El vicepresidente JD Vance participa en la ofensiva electoral con actos en Texas y Florida. En este último estado hará campaña junto al representante republicano Byron Donalds, candidato a gobernador.
Vance ha reconocido la frustración de los ciudadanos por la persistencia de los precios elevados, aunque responsabiliza de la situación a la anterior Administración de Joe Biden. En Florida, el encarecimiento de la vivienda, la factura eléctrica y la expansión de los centros de datos se han convertido en asuntos centrales de la campaña.
La guerra con Irán y el precio de la energía añaden presión sobre los candidatos republicanos. La disputa por el estrecho de Ormuz continúa abierta después de que Trump rechazara la propuesta iraní, aunque mantuvo abierta la negociación diplomática.
La redistribución electoral no garantiza las victorias
Los republicanos confiaban en obtener hasta nueve escaños adicionales en Texas y Florida gracias a la modificación de los mapas electorales. Sin embargo, varias de esas circunscripciones se han vuelto más competitivas por el descontento económico, la guerra con Irán y la política de deportaciones.
La preocupación ha llevado incluso a algunos candidatos republicanos a reducir la presencia de Trump en sus mensajes. Eric Flores, aspirante por el distrito 34 de Texas, retiró de su página electoral la declaración expresa de apoyo a la agenda presidencial con el propósito de ampliar su atractivo entre los votantes independientes..
Elecciones del 3 de noviembre
No existe todavía una encuesta nacional que mida directamente el efecto de esta gira electoral. Los indicadores disponibles, sin embargo, explican la decisión de movilizar al presidente y al vicepresidente. El último estudio de Reuters/Ipsos sitúa la aprobación nacional de Trump en el 32 por ciento.
En la intención de voto al Congreso, los demócratas alcanzan el 43 por ciento y los republicanos el 35 por ciento entre los votantes registrados. El sondeo de Texas ofrece una señal más concreta, aunque limitada a ese estado: los demócratas obtienen el 49 por ciento en la papeleta genérica y los republicanos el 46 por ciento, una diferencia comprendida dentro del margen de error.
La gira permitirá comprobar si Trump conserva capacidad para trasladar su movilización personal a otros candidatos. A un mes de las elecciones del 3 de noviembre, la campaña republicana ya no se limita a conquistar nuevos escaños: también intenta proteger territorios que consideraba asegurados.
- Pie de foto: Donald Trump abucheado en el Madison Square Garden en un partido de la NBA




