La aprobación de Donald Trump ha bajado al 32 por ciento, mínimo de la serie Reuters/Ipsos durante sus dos presidencias. El deterioro alcanza a los votantes republicanos y se concentra en el coste de la vida, mientras los demócratas abren una ventaja nacional de ocho puntos a seis semanas de las elecciones legislativas.

Esta entrada del Observatorio Trump, escrita en España la mañana del 22 de septiembre tras la jornada política estadounidense del día 21, analiza el deterioro de la aprobación presidencial y su posible repercusión en las elecciones de medio mandato del 3 de noviembre.

La aprobación de Donald Trump ha caído al 32 por ciento entre los adultos estadounidenses, frente a un 66 por ciento que desaprueba su gestión. Es el resultado más bajo registrado por Reuters/Ipsos durante sus dos presidencias y supone un descenso de tres puntos respecto a la medición de la semana anterior.

La novedad políticamente más relevante no se encuentra solo en el promedio nacional, sino dentro de la propia coalición republicana. El respaldo a Trump entre los simpatizantes de su partido ha bajado del 86 por ciento en enero al 73 por ciento. En una sola semana pasó del 82 al 73 por ciento, según la comparación publicada por Reuters.

El coste de la vida abre una grieta en la base republicana

El sondeo de Reuters/Ipsos, hecho del 17 al 20 de septiembre, muestra dónde se concentra la erosión. Solo el 17 por ciento de los estadounidenses aprueba la actuación del presidente ante el coste de la vida y el 74 por ciento la desaprueba.

Entre los republicanos, la aprobación de esa gestión ha descendido del 70 por ciento en enero al 44 por ciento. Por primera vez en esta serie son más los republicanos que la desaprueban, un 51 por ciento, que quienes la respaldan. La valoración de Trump sobre la economía también ha bajado dentro de su partido, del 80 al 56 por ciento.

La encuesta no permite atribuir ese retroceso a una sola decisión. El encarecimiento de la energía coincide con la guerra contra Irán, el aumento de los precios de los carburantes y un malestar económico anterior. La información de AP situaba el precio medio nacional de la gasolina en 4,48 dólares por galón el 18 de septiembre, 1,27 dólares más que un año antes.

El impacto electoral de la guerra contra Irán ya había aparecido en encuestas anteriores. Trump ha defendido ahora que el encarecimiento del combustible constituye un coste asumible para impedir que Irán obtenga un arma nuclear.

La Casa Blanca, por su parte, presenta como resultados económicos la creación de empleo privado, las rebajas fiscales, el aumento de la producción energética y los compromisos de cadenas de alimentación para reducir precios. La distancia entre ese balance oficial y la percepción ciudadana es ahora uno de los principales problemas electorales de la Administración.

La inmigración conserva el apoyo de los republicanos

El retroceso no equivale a una ruptura general de la base. El 79 por ciento de los republicanos sigue aprobando la política migratoria de Trump. Entre el conjunto de los adultos, sin embargo, esa aprobación baja al 36 por ciento y la desaprobación alcanza el 55 por ciento.

La diferencia ayuda a precisar el problema: el presidente mantiene capacidad de cohesión en uno de los asuntos centrales de su agenda, pero pierde apoyo en la cuestión que afecta de manera más inmediata al presupuesto doméstico. En el mismo sondeo, la economía y el empleo aparecen como el principal problema nacional para el 23 por ciento de los entrevistados.

La promesa de un dividendo de 5000 dólares si los republicanos conservan el Congreso, examinada anteriormente por el Observatorio Trump, tampoco ha desplazado el debate sobre los precios. La nueva medición indica que el electorado continúa juzgando al presidente por su experiencia económica cotidiana.

Opinión pública y elecciones del 3 de noviembre

Entre los votantes registrados, el 43 por ciento afirma que apoyaría a un candidato del Partido Demócrata al Congreso y el 35 por ciento a uno del Partido Republicano. La ventaja demócrata de ocho puntos es la mayor obtenida por este indicador de Reuters/Ipsos en 2026, aunque un 14 por ciento todavía no sabe qué opción elegirá.

Los demócratas también aventajan a los republicanos en entusiasmo: el 53 por ciento de sus votantes se declara muy o algo entusiasmado con acudir a las urnas, frente al 42 por ciento de los republicanos. Esa diferencia no debe confundirse con una ausencia republicana asegurada. Cuando la pregunta se refiere a la probabilidad de votar, las respuestas positivas son casi idénticas: 68 por ciento entre republicanos y 67 por ciento entre demócratas.

Otro dato adverso para el partido gobernante es que el 68 por ciento del país considera que Estados Unidos avanza en la dirección equivocada. Incluso entre los republicanos las opiniones están divididas: un 41 por ciento ve una dirección correcta y un 40 por ciento, la equivocada.

Los resultados favorecen la estrategia demócrata de convertir los comicios en un referéndum sobre los precios y sobre la gestión de Trump. Para los republicanos, el riesgo es que el malestar económico reduzca el respaldo de votantes que continúan de acuerdo con el presidente en inmigración u otros asuntos. Aun así, el sondeo no demuestra que esos electores vayan a cambiar de partido o abstenerse.

Tampoco una ventaja nacional de ocho puntos puede traducirse directamente en escaños. La Cámara de Representantes se decide distrito a distrito y el Senado, estado por estado; influyen el mapa electoral, la calidad de los candidatos, la participación efectiva y las campañas locales. El dato sí confirma que el entorno nacional se ha vuelto más difícil para los republicanos cuando faltan exactamente seis semanas para el 3 de noviembre.

La señal que deberá vigilarse en las próximas encuestas es si el descenso republicano se estabiliza o continúa, especialmente en los estados y distritos competitivos. Si la preocupación por los precios desplaza a la inmigración como criterio de voto dentro de la base conservadora, el daño puede extenderse a los candidatos al Congreso. Si, por el contrario, esos votantes separan su desaprobación económica de su elección partidista, la pérdida de popularidad presidencial tendrá un efecto menor. Por ahora, los datos acreditan el deterioro; su conversión en votos y escaños sigue abierta.

Fuentes y metodología

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