La guerra con Irán se reanuda y golpea la aprobación de Trump ante las midterms

Imagen de Teherán bajo las bombas difundida por una militante anarquista residente en la capital iraní
Imagen de Teherán bajo las bombas difundida por una militante anarquista residente en la capital iraní

El Observatorio Trump registra hoy el giro más brusco de las últimas semanas en el frente exterior: la breve pausa no oficial en los combates con Irán, vigente desde hacía un mes, se rompió el martes cuando fuerzas estadounidenses atacaron objetivos del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) dentro de territorio iraní.

El Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM) dijo haber respondido a intentos de Teherán de atacar el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz y a militares estadounidenses desplegados en la región, después de que el IRGC lanzara drones y misiles contra las bases de Al Hussein y Azraq, en Jordania.

Irán respondió con una ola de ataques contra intereses y bases de EEUU en varios países del golfo Pérsico —Jordania, Baréin, Emiratos Árabes Unidos e Irak— que se ha prolongado hasta esta misma madrugada, cuando Kuwait informó de que sus defensas antiaéreas interceptaban misiles y drones lanzados desde territorio iraní.

El presidente Donald Trump, quien había anunciado el 28 de febrero el inicio de «operaciones de combate a gran escala» contra Irán, advirtió ahora que la escalada actual no durará «demasiado», sin ofrecer un calendario, y llegó a proponer rebautizar el estrecho de Ormuz como «estrecho Trump».

El deshielo diplomático que parecía insinuarse horas antes se desvaneció con la misma rapidez con la que llegó: el presidente iraní, Masud Pezeshkian, se ofreció el martes en la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái, en Biskek, a retomar de inmediato el memorando de entendimiento de junio si Washington cumplía sus compromisos, pero las nuevas operaciones de CENTCOM comenzaron horas después.

El secretario del Tesoro, Scott Bessent, insistió en la cumbre del G20 de ministros de Finanzas en que la presión «cinética» y las sanciones seguirán intensificándose, y auguró que el estrecho de Ormuz perderá relevancia como corredor energético mundial en dos años.

El episodio llega en un momento especialmente sensible para la opinión pública estadounidense. Según la última encuesta de Reuters/Ipsos, solo un 37 por ciento de los estadounidenses respalda nuevos ataques contra Irán, y la mitad considera que la guerra no ha merecido su coste; un 79 por ciento cree además que el conflicto se prolongará indefinidamente.

El precio medio de la gasolina, según AAA, ronda ya niveles no vistos desde el estallido del conflicto en febrero, alimentando el malestar económico que domina las encuestas de cara a las midterms del 3 de noviembre.

El seguimiento de Silver Bulletin sitúa la aprobación neta de Trump en -19,5 puntos —cerca de su mínimo histórico del mandato— y la ventaja demócrata en el voto genérico al Congreso en 6,6 puntos. El propio agregador de Silver sobre el apoyo a la guerra con Irán marca un rechazo neto de -19,6, con un 56,7 por ciento en contra y solo un 37,1 por ciento a favor.

La reanudación de las hostilidades, sumada al desgaste económico y a la falta de un final visible, refuerza un patrón que ya venía perfilándose: cada nuevo episodio bélico erosiona algo más la posición del presidente entre unos votantes cada vez más impacientes, a solo 61 días de unas elecciones que decidirán el control del Congreso.

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