
Reacciones institucionales, respuestas políticas y propuestas legislativas
El auto judicial del 20 de mayo, sumado a la presión de Bruselas, generó una onda de choque en la política local y regional que forzó a todos los actores a reposicionar sus estrategias.
El enroque del gobierno municipal
La primera reacción oficial del consistorio, encarnada en la figura del delegado de Urbanismo, Medio Ambiente y Movilidad, Borja Carabante, estuvo marcada por un intento de mantener el tipo político y defender la corrección de las actuaciones previas.
En la rueda de prensa posterior a la Junta de Gobierno celebrada el mismo día 21 de mayo de 2026, Carabante aseveró de manera taxativa que el cantón de limpieza de Montecarmelo «se ajusta a la normativa» vigente y reiteró la premisa de que su ejecución es «absolutamente imprescindible» para salvaguardar el nivel de limpieza del distrito.
El delegado municipal adoptó una estrategia de minimización del alcance del fallo, subrayando repetidamente que la resolución del Juzgado nº 23 afectaba exclusivamente a las medidas «cautelares» y no abordaba el fondo del procedimiento o «la pieza nuclear», cuya resolución final, según su criterio, daría la razón al ayuntamiento.
Amparado en esta interpretación, Carabante anunció que los servicios jurídicos municipales ya se encontraban estudiando la formulación del pertinente recurso judicial contra el auto de suspensión, con el objetivo de levantarlo y reanudar los trabajos antes de que se agote la legislatura.
Paradójicamente, y en estricto acatamiento formal del mandato judicial imperativo, el Ayuntamiento trasladó de manera inmediata a la empresa concesionaria la orden de suspensión material. No obstante, Carabante deslizó una excepcionalidad temporal, indicando que «hoy [21 de mayo] estarán trabajando y a lo mejor también mañana para garantizar esas condiciones de seguridad» en el perímetro de la obra, una concesión operativa que fue vigilada de cerca por los vecinos para evitar que se utilizara como subterfugio para avanzar fases constructivas.
Para los colectivos vecinales, este discurso institucional representa la continuación de una estrategia basada en la negación de la realidad. Miguel Ángel Carretero, portavoz de la Plataforma ‘No al Cantón’, celebró el auto como un «nuevo varapalo judicial a Almeida» tras «tres años de lucha», acusando directamente al ejecutivo local de haber pasado todo ese tiempo «diciendo mentiras», intentando descalificar a los vecinos y tratando de fracturar la unidad de acción del barrio. Carretero concluyó que las acciones del consistorio ratifican las palabras del juez sobre su actitud errática, afirmando que «lo que están diciendo no se corresponde con lo que hacen».
La activación de la oposición y la iniciativa legislativa popular
El arco político de la oposición aprovechó el desmoronamiento judicial del proyecto para lanzar una ofensiva institucional en bloque, demostrando un consenso inusual frente a la gestión de Almeida.
El Grupo Municipal Socialista materializó este consenso presentando una contundente proposición normativa en el Pleno del Ayuntamiento. Esta iniciativa, fundamentada en la admisión a trámite del caso en el Parlamento Europeo (fechada a 25 de febrero de 2026) y en la reciente paralización judicial, instaba a dos acciones imperativas: primero, paralizar de manera definitiva y no cautelar la construcción del parque de maquinaria en la parcela 26.2b; y segundo, apoyar explícitamente desde el Consistorio el envío de una «Misión» oficial de eurodiputados sobre el terreno para fiscalizar los hechos denunciados.
Pero la iniciativa más trascendental en términos de política pública surgió nuevamente desde la sociedad civil. Comprendiendo que la batalla judicial y local podría dilatarse o revertirse, la Plataforma No al Cantón y la Asociación Vecinal de Montecarmelo decidieron escalar su reivindicación a la asamblea legislativa autonómica.
El 14 de mayo de 2026, escasos días antes del auto de paralización, ambas entidades registraron formalmente una Propuesta Ciudadana (equivalente a una Iniciativa Legislativa Popular, ILP) en el registro de la Asamblea de Madrid.
El objetivo de esta ambiciosa maniobra parlamentaria es forzar al legislador regional a redactar y aprobar modificaciones normativas que prohíban de forma sistemática y vinculante la instalación de infraestructuras logísticas, cantones industriales y centros de transferencia de residuos urbanos en las proximidades de los centros escolares y educativos de toda la Comunidad de Madrid. De prosperar, esta iniciativa cristalizaría en el derecho positivo madrileño un «principio de precaución» y unas distancias de amortiguación (buffer zones) que impedirían definitivamente la repetición del escenario de Montecarmelo en cualquier otro municipio o PAU periférico de la región.
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