El domingo

El tercer día, nuestros compañeros de viaje hicieron una nueva intentona de visitar la Basílica de San Pedro en el Vaticano, pero fue un intento infructuoso, la información recibida no fue muy buena y no pudieron acceder al templo.
Al margen de ese intento, la mañana del domingo la habíamos reservado para visitar el Coliseo y el Foro Romano, y eso hicimos. Entramos al Foro por el arco que está más cercano al Coliseo, por el Arco de Tito, y nos dirigimos a la inmensidad de los restos de la Basílica de Massenzio, originalmente con tres naves colosales, de las que solo queda una con el interior de las bóvedas de cañón decoradas con casetones octogonales que aligeran el peso (como en el Panteón). Fue un edificio civil y debió ser imponente, sirvió de modelo para las futuras basílicas cristianas.
Nos dimos cuenta de que quizás estábamos haciendo el recorrido al revés, así que tomamos la Via della Salara Vecchia y nos dirigimos a la zona noroeste. No me voy a detener en ir contando todo lo que se encuentra en el foro, cada visitante debe descubrirlo. Pero es recomendable subir a la terraza del Palatino para tener un buena visión del conjunto y desde ahí hacer una visita al conjunto de estatuas de la Vestales.
Salimos del recito por donde habíamos entrado, nos acercamos al Arco di Costantino y entramos el Coliseo. Poco que añadir. Su exterior, las fachadas, los arcos, interior, pasillos, deambulatorios, caveas, arena, foso, hipogeo, en fin, sólo hay que estar allí, y si los congéneres turistas permiten disfrutarlo.
Desde allí buscamos un restaurante presentable, que lo encontramos, comimos y nos permitimos una pequeña siesta que nos repusiera del calor que pasamos en el Foro y Coliseo.
Una vez recuperados volvimos a la marcha buscando la Basilica de San Pietro in Vincoli, donde se encuentra el Moisés de Miguel Ángel. Tuvimos que aligerar el paso ya que cerraban a las 18,00, o eso decían, y nos habíamos demorado un poco. Llegamos con el tiempo justo de visitarla y admirar este conjunto escultórico que se construyó para la tumba del papa Julio II y donde destaca sobre manera la escultura de Miguel Ángel.
Estuvo trabajando en esta obra desde 1505 hasta 1545, cuarenta años, el papa murió en 1513, es decir, el hombre tardó en encontrar su reposo. Esta escultura está adosada en la parte sur del transepto, la escultura está dividida en en dos partes horizontales y tres verticales, separadas las escenas por cuatro columnas.
En la parte superior se encuentra la Virgen con el Niño en un hornacina y a su pies el sepulcro de Julio II con una escultura que le representa y en una posición que recuerda a las tumbas etruscas, tumbado con el torso levantado y la cabeza girada hacia el espectador, a los lados separados por columnas se encuentra una Sibila a la izquierda y un Profeta a la derecha.
En la parte inferior la figura central es la de Moisés, una figura imponente, de una fuerza y vigor que resultan extrañas para un hombre supuestamente de edad avanzada. Pero el detalle de su musculatura, la tensión que se aprecia en manos y brazos, la barba tan poblada y la expresión de dureza en su rostro y mirada, hacen que nos quedemos petrificados.
En la hornacina de la izquierda hay una escultura que es una alegoría de la vida contemplativa representada por Raquel. A la derecha otra que con la vida activa representada por Lía. Miguel Ángel diseño la tumba y esculpió el Moisés y las esculturas de Raquel y Lía. Mientras que la Virgen fue tallada por Eusebio de San Giorgio, la tumba por Tommaso Boscoli y el Profeta y la Sibila por Raffaello da Montelupo.
Dejamos la Basílica de San Pietro in Vincoli y por Vía Cavour hacia el Foro, después pasamos por delante, otra vez, del monumento a Vittorio Emanuelle II, que en nuestra opinión desentona con todo el entorno, pero para gustos, colores.
La idea era bajar hasta la Bocca della Verità pero cuando llegamos al primer tramo de la Vía del Teatro di Marcello vimos que la puerta de la Basílica de Santa Maria de Aracoeli estaba abierta y si está abierta hay que subir la escalera que arranca junto a la que da acceso a la plaza del Campidoglio.
Desde abajo se debe retirar profundamente y afrontar los 124 escalones que nos llevarán hasta la entrada, mientras recuperamos el aliento podemos disfrutar de las vistas que se nos presentan, entre ellas de nuevo las de la plaza del Campidoglio y podremos observar el óvalo con más detalle que a ras de suelo.
Recomendamos su visita que a cualquier amante del arte no defraudará, tiene un aspecto románico-gótica (aunque la ventana de la fachada es el único elemento realmente gótico), los arcos de la nave central están sustentado por columnas procedentes de las ruinas romanas, todas diferentes. Es muy interesante también su artesonado.
Bajamos la escalera y nos dirigimos hacia la Bocca della Verità, por aquello de cumplir con los ritos turísticos. Es un medallón de piedra, una máscara que se encuentra en la pared izquierda del pronaos, la galería de siete arcos que da acceso a la Iglesia de Santa Maria in Cosmedin. Pero tanto la galería como la iglesia las encontramos cerradas así que no pudimos más que contemplarlas por fuera y admirar su campanario.
Continuamos paseando por la Vía del Circo Máximo, caminando por la acera donde se encuentra este circo en el que se estaba celebrando un evento para un estreno de una serie de una plataforma de televisión.
Como queríamos ver la Fontana di Trevi de noche cogimos el metro que lleva el nombre del circo y nos bajamos después de un trasbordo en Barberine para caminar por la Vía del Tritone, callejear un poco y llegar a la famosa fuente. Tanta gente queriendo estar en un lugar tan reducido hace que apenas se pueda disfrutar.
Fuimos callejeando hasta llegar a la columna y foro de Trajano que pudimos contemplar de noche, que tampoco está nada mal. A la estación de metro de Coliseo llegamos tan cansados que no pudimos ver el museo que han hecho en su interior. Otro motivo para volver. En un bar cercano al alojamiento nos tomamos unos sándwiches y nos recogimos hasta el siguiente y último día.






