
Jornada sabatina
La mañana del sábado la dedicamos primero a intentar ver la Piazza de San Pietro y la Basílica del mismo nombre. Fuimos caminando por toda la vía del Fori Imperiali, que recorrimos varias veces durante estos días, de día y de noche, no te cansas nunca de mirar a ambos lados a pesar de que ya estaban montando las gradas para el final del Giro 2026, y eso complicaba la visión de esta avenida imperial.
Creemos que la mejor manera de acceder a la Piazza de San Pietro es por la Via de la Conciliazone, la experiencia nos ha enseñado que quien no conoce la plaza, al llegar a ella por esta vía queda aún más sorprendido. A medida que que te vas acercando vas descubriendo el espacio, al fondo la imponente fachada con la grandiosa cúpula. En la base de la basílica vas apreciando las escaleras, y las columnas.
Pero cuando acaba la avenida, la plaza se abre en un óvalo perfecto flanqueado por una increíble galería de columnas que delimitan el espacio oval.
No es casualidad la disposición de estas galerías, la sensación que se pretendía y se consigue es de recibir un gran abrazo. La plaza que vemos en la actualidad fue proyectada por Gian Lorenzo Bernini y su construcción tardó unos once años finalizando allá por 1667.
Hay en total 284 columnas de 16 metros de alto dispuestas en cuatro filas coronadas por un friso con balaustrada y 140 estatuas de unos tres metros de altura cada una.
Admiramos la plaza, estuvimos un rato en la cola para intentar acceder a la Basílica pero era imposible, había que esperar al menos dos horas en la fila a pleno sol y sin garantías de poder acceder. Nuestros compañeros de viaje hicieron varios intentos hasta que el último día a primera hora, él, pudo acceder y cumplir su deseo de conocer tan hermosa y significativa Basílica.
Teníamos reservada entrada para visitar el Castel de Sant´Angelo, una impresionante fortaleza mandada construir por Adriano para que le sirviera de mausoleo. En la parte norte de la ciudad al otro lado del Tiber, unido por un nuevo puente, en 139 quedó terminada la construcción inicial. Sobre una base cuadrada se construyó un cilindro de 64 metros de ancho por 20 de altura, que se cubría con un túmulo donde se instaló una estatua del emperador Adriano. Con el paso del tiempo se construyeron las cuatro torres de las esquinas.
El cambio de nombre se produjo al finalizar una epidemia que sufrió Roma y el papa de turno, en una muestra de fe y agradecimiento, mandó renombrarlo como Castel de Sant´Angelo. Las cuatro torres se renombraron con los cuatro evangelistas y desde la de San Marcos arranca el Passeto di Borgo que une el castillo con el Vaticano.
Este edificio lleva en pie dos mil años y ha sido mausoleo, residencia papal, palacio (las construcciones rectangulares sobre el cilindro fueron muy posteriores para dar ese uso de palacio), y actualmente lugar para exposiciones y reclamo turístico. El edificio ya no lo corona la estatua de Adriano sino la del ángel que le da nombre. Sin duda merece la visita.
Desde el castillo comenzamos el regreso a nuestro alojamiento para descansar un poco antes de continuar, pero antes una parada para comer en uno de los miles restaurantes, osterías, trattorias y pizzerías de la ciudad.
Por la tarde fuimos al Trastevere, paseando desde el centro hacia Campo di Fiori, aunque a esas horas apenas quedaban un par de puestos de flores.
Pasamos por la Piazza Farnese con su palacio del mismo nombre, la iglesia de Santa Brigida, sus dos fuentes y el Palazzo Mandosi frente a la iglesia.
Cruzamos el río por el Ponte Sisto hasta la Piazza Trilussa para, tomando la calle de la izquierda, llegar a Piazza di Santa Maria, donde se encuentra el Pallazo San Calisto, la fuente correspondiente en el centro y, sobre todo, la Basílica di Santa Maria in Trastevere, una construcción premedieval impresionante.
La Basílica se reconstruyó, en la forma que ahora la vemos, hacia el año 1138, con materiales de las Termas de Caracalla. Cuando contemplamos la fachada, lo primero que llama la atención es su torre campanario románica con un mosaico en el último tramo de la Virgen con el Niño. Cuando bajamos la vista nos encontramos con un pórtico añadido en 1702, coronado con un friso y una balaustrada con las esculturas de cuatro papas relacionados con esta basílica, entre ellos San Calisto y San Julio.
Sin embargo lo más importante de la fachada, junto con la torre, son los mosaicos del siglo trece que se encuentran en la parte superior, justo debajo del tímpano decorado con frescos que han perdido gran parte de su colorido. Los mosaicos representan a la Virgen amamantando a su hijo acompañada dos mujeres a cada lado, a las que se añadieron otras tres a cada lado posteriormente.
El interior de la basílica resulta impresionante, tres naves con un techo artesonado del siglo diecisiete, sostenida toda la cubierta por veintidós columnas con bases y capiteles jónicos y corintios, con capillas auxiliares adosadas a las naves laterales.
Pero sin duda, al menos para mí, su verdadero tesoro son los mosaicos del ábside y arco del altar. Se pueden dividir en tres zonas bien diferenciadas, la parte superior con mosaicos elaborados entre 1140 y 1143 claramente de influencia bizantina, los mosaicos inmediatamente inferiores entre las ventanas y el ábside corresponden a finales del siglo trece por Pietro Cavalini, y las pinturas de la parte inferior del siglo diecisiete.
En el ábside bajo el semicírculo lleno de color que simboliza el paraíso, donde se aprecia la mano de Dios coronando a Jesús, que está sentado en el trono de gloria compartido con su madre; a la derecha de ésta se encuentra el papa Calixto, el mártir san Lorenzo y el papa Inocencio, con una imagen del proyecto de la propia basílica. A la izquierda de Jesús está San Pedro, y junto a él los papas Cornelio, Julio y Calepodio, todos estos papas relacionados con esta iglesia.
Debajo de la escena principal y bajo una cenefa con un texto en latín, nos encontramos una procesión de doce corderos, los apóstoles, seis a cada lado que se dirigen desde Belén y Jerusalem para encontrarse con el Cordero místico, Cristo. Estas figuras son hieráticas, muy formales, y con poca expresividad.
Los mosaicos de la parte superior del arco triunfal a derecha e izquierda del ábside también fueron elaborados entre 1140 y 1143, y representan en su parte superior a los cuatro evangelistas, Marcos, Mateo, Juan y Lucas y debajo de éstos los los profetas Isaias, a la izquierda según observamos; y Jeremías a la derecha. Toda esta parte superior esta elaborada sobre un fondo dorado.
Los mosaicos de Pietro Cavalini de finales del siglo trece situado en el friso justo debajo de los anteriores, representan seis escenas de la vida de la Virgen y en ellos se puede apreciar la evolución del arte musivario, de la propia pintura de finales de la Edad Media, la transformación del arte medieval en el renacentista.
En la seis escenas, dos en el arco triunfal y cuatro en el ábside bajo los corderos podemos apreciar dicha evolución, ya no son imágenes tan hieráticas, hay más movimientos, más expresividad en todos los mosaicos, cierta profundidad y escenas más elaboradas en su contexto, paisajes, mobiliario, vestimentas. Ya no se encuentran con un fondo tan profundamente dorado, sino que con las miles de teselas se intenta reproducir las pinceladas de las pinturas y matizar mucho los colores. Las influencias bizantinas van desapareciendo.
Las pinturas al fresco en la parte baja de principios del siglo diecisiete, representan ángeles con los símbolos de los misterios de María. También hay que elevar la vista y recrearse en el magnifico artesonado.
Salimos de Santa Maria in Trastevere abrumados por la contemplación de estos mosaicos, nos encontramos en la plaza y decidimos callejear por este barrio de Roma tan característico y particular. Conserva su entramado medieval y, si no fuéramos tantos deambulando por estas calles, lo mismo nos podríamos parar a contemplar, y fisgonear, una de las partidas de cartas que todavía los vecinos del lugar se atreven a echar en las plazas.
Continuamos nuestro paseo hacia la parte baja del barrio pasando por la Piazza di San Francesco d´Assisi, buscando la Basílica di Santa Cecilia in Trastevere, que pensábamos que estaba cerrada, pero para nuestra sorpresa la verja central del arco que da acceso al patio estaba abierta, así como la basílica.
Entramos un momento y pudimos contemplar el ábside que es menos profuso que el de Santa María, y en algunos aspectos muy parecido, pero estos son bastante anteriores, así que es posible que éstos influyeran en aquellos.
También la Torre es parecida. En su interior se encuentra la escultura barroca del martirio de Santa Cecilia, una pieza muy buena. No pudimos ver la cripta que queda para otra ocasión.
Salimos del Trastevere por el Ponte Cestio, que nos llevó a la Isla Tiberina y de ahí por el Ponte Fabricio de nuevo al centro de Roma. Pasamos por el Teatro Marcello con sus increíbles viviendas en la parte superior; subimos la cuesta hasta la Piazza Venezia para, de nuevo por el Foro Imperial, llegar hasta la Vía Cavour (Camilo Benso, el intelectual detrás de la unificación italiana, en todas los pueblos y ciudades hay una avenida, calle, parque con este nombre), para llegar sin apenas fuerzas a un restaurante relativamente cerca de nuestro alojamiento, cenar algo y dar por concluido el día.






