San Sebastián de los Reyes, gemela de Alcobendas y separada de ella por una sola calle, tiene las cuentas saneadas y un método propio para crecer: pone su suelo en el escaparate. Se ha adherido al Portal del Suelo de la Comunidad, ha montado una oficina para atraer inversión y oferta un macrocampus de centros de datos de 856 megavatios —ocho veces el de su gemela— sobre la misma red y la misma agua que las dos comparten, ya al límite. Mientras tanto, sus escuelas infantiles están en huelga. El escaparate luce; la cuenta del conjunto no la lleva nadie.
1. Una calle de distancia
Entre San Sebastián de los Reyes y Alcobendas hay una calle: la avenida de España. Separa dos ciudades que son, en realidad, una sola trama urbana —la misma malla eléctrica, el mismo sistema de agua, las mismas depuradoras, el mismo hospital—, gobernadas ambas por el Partido Popular y ambas con las cuentas saneadas.
Alcobendas, su gemela, reconvierte su suelo de oficinas en megavatios. Sanse —«la Pamplona chica» de los encierros, con un presupuesto de 110 millones que el gobierno llama «el más ambicioso de su historia reciente»— hace algo distinto: no reconvierte lo que tiene; abre suelo nuevo y lo pone en venta.
2. La ciudad en el escaparate
El verbo de Sanse es ofertar. En junio de 2026 el Ayuntamiento se adhirió al Portal del Suelo de la Comunidad de Madrid, el escaparate digital donde los fondos de inversión y las grandes industrias buscan dónde poner sus centros tecnológicos y logísticos; y montó una Oficina de Atracción Empresarial para salir a captarlos. A la vez, revisa su plan urbanístico —el vigente era de 2001— con 8765 viviendas y nuevos sectores. Es el acelerador en su forma más literal, y además municipal: Sanse no espera a que la Comunidad agilice el proyecto; es la propia ciudad la que cuelga su suelo en la vitrina y sale a buscar comprador.
3. Ochocientos cincuenta y seis megavatios
Y el comprador que asoma es descomunal. Sobre el suelo de Sanse se proyecta Digital Valley Spain: un ámbito de 563 hectáreas y una capacidad aproximada de 856 megavatios de centros de datos, con una inversión que PwC estima en 12.499 millones. Para hacerse una idea: es ocho veces la potencia del campus que Ferrovial levanta al otro lado de la avenida de España. No es una pieza de urbanismo; es una central de consumo del tamaño de una comarca.
Conviene, eso sí, decir lo que es y lo que no es. El proyecto lo promueve Sales For You Consulting, una consultora de desarrollo de negocio —no un operador de centros de datos ni un hiperescalar con contrato firmado—; está en fase de consultas de su evaluación ambiental, sin obras; y arrastra la pregunta que ningún papel responde todavía: con qué subestación y qué línea se conectan 856 megavatios.
Los megavatios y los millones son, por ahora, una cifra anunciada, no una inversión ejecutada. Porque la lógica del acelerador —crecer primero, acreditar la potencia después— aquí llega al extremo: se oferta el suelo y se dibuja el macrocampus mucho antes de saber de dónde saldrá la electricidad, y quién la pagará.
4. La misma red, la misma agua
Aquí es donde la calle que separa a las dos ciudades deja de importar. Porque los 856 megavatios de Sanse y los más de cien de Alcobendas colgarían de la misma malla del norte, que ya está al límite; y beberían del mismo sistema del Canal de Isabel II, que necesitó un convenio de ochenta y seis millones —firmado por las dos gemelas y Colmenar Viejo— solo para interconectar sus depuradoras y que pudieran con lo que viene. Sumados, los dos gemelos apilarían cerca de mil megavatios de centros de datos sobre un corredor que nadie mira entero.
Cada ciudad autoriza su pieza; la cuenta del conjunto —la del agua, la de la luz, la del tráfico de la A-1— no la lleva ningún órgano. Y por encima, la misma figura se repite a lo grande: igual que Sanse consumiría una potencia que no genera, la Comunidad de Madrid importa más del 95 por ciento de la electricidad que consume, producida en el suelo de Extremadura, Castilla-La Mancha y Castilla y León. Sanse es Madrid en pequeño; Madrid, Sanse en grande.
5. Las cuentas que lucen, los déficits que se callan
Como su gemela, Sanse exhibe unos números que deslumbran —110 millones de presupuesto, superávit, suelo que se vende solo—. Pero debajo va la lista de lo que llega tarde, y el contraste más elocuente lo pone su propio calendario: mientras el Ayuntamiento oferta 856 megavatios, sus escuelas infantiles están en huelga indefinida, y la oposición ha tenido que pedir por escrito casi un millón de euros para dignificarlas.
En sanidad, la Plataforma por la Sanidad Pública Zona Norte lleva meses movilizándose; y eso que Sanse alberga en su término el Hospital Universitario Infanta Sofía, referencia de toda la comarca —un activo real, pero que atiende a más de trescientas mil personas de medio norte de la región, no solo a sus vecinos—.
Y de las 8765 viviendas que promete el plan, buena parte serán protegidas; pero Sanse es Zona A, la más cara, donde la vivienda protegida ronda los tres mil euros el metro y no la alcanza la clase trabajadora. Protegida, aquí también, no es asequible. La ciudad que se pone en el escaparate tiene, de puertas adentro, las guarderías paradas.
6. Ofertar no es sumar
Y esa es la lección de Sanse, que amplía la de su gemela. Poner el suelo en la vitrina y salir a atraer inversión no es un delito ni un disparate: es lo que hace una ciudad que quiere crecer. El problema es que ofertar no es sumar. Se cuelga una parcela, se dibuja un campus de 856 megavatios, se aprueban 8765 viviendas —cada cosa por su expediente—, pero nadie comprueba si el corredor entero, con la gemela al lado, puede con la electricidad, el agua, los colegios y los servicios que todo eso exigiría a la vez.
En un sistema de recursos finitos —una malla, un sistema de agua, un territorio—, cada megavatio que Sanse comprometa y no genere es un megavatio que sale de la red común, del suelo de otra comunidad; y cada garantía que capte es una que no queda para otro. El escaparate luce; la cuenta no la lleva nadie.
La salida no es dejar de ofertar: es que, antes de colgar el suelo en la vitrina, alguien sume lo que ya está colgado —los mil megavatios de las dos gemelas, la vivienda, el tráfico— y diga en voz alta si el corredor aguanta. Mientras nadie haga esa suma, San Sebastián de los Reyes seguirá ofreciendo un suelo espléndido para alimentar una central que no produce, con las guarderías en huelga. El escaparate más brillante del norte, y detrás nadie contando.
- Acceso a la Ficha extendida de San Sebastián de los Reyes
Investigación pendiente
La investigación pendiente. Quedan por confirmar, y no se publican como hechos hasta entonces: con qué subestación y qué línea se conectarían los 856 megavatios de Digital Valley y en qué plazo; el desenlace de su evaluación ambiental; el régimen y el porcentaje realmente asequible de las 8765 viviendas del nuevo plan; la deuda viva oficial del municipio; y la resolución de la huelga de las escuelas infantiles. San Sebastián de los Reyes es, con Alcobendas, uno de los dos gemelos del Clúster 4 · Norte-A-1.
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