En solo dos semanas, Save The Children tuvo que digitalizar su atención a tres mil niños en riesgo de pobreza y exclusión social de toda España, que se prestaba de forma presencial desde hace veinticinco años.

A causa del confinamiento y la urgencia de una respuesta ante la imparable pobreza infantil, la organización se adaptó a la situación digital en las dos últimas semanas de marzo, de cara a asistir a un colectivo que ha visto incrementadas sus necesidades de ayuda. 

Para ello, ha sido necesario que los profesionales adapten sus metodologías en tiempo récord: «Han hecho un esfuerzo y una labor de adaptación asombroso. En apenas dos semanas doscientos cincuenta profesionales adaptaron innovadoramente su intervención. Pusieron en marcha cosas que nunca se habían hecho», nos explica, orgulloso de su equipo, Diego González, responsable de los programas de ayuda contra la pobreza de Save The Children.

Emergencia social infantil

La emergencia así lo demandaba: «Nos llegan mails muy duros, con situaciones muy dramáticas y muy frecuentes. Desde gente que no tiene una tableta o conexión a internet a personas que no tienen para dar de comer a sus hijos e hijas», explica González, quien indica que «desgraciadamente nos vamos a encontrar inminentemente con un panorama donde la pobreza infantil va a crecer exponencialmente»

Ante esta situación, van a ser necesarias medidas de asistencia, además de seguimiento y apoyo económico, social y pedagógico: «Es sumamente importante que garanticemos espacios que extraigan a niños y niñas de esta situación. Los espacios digitales suponen una vuelta a la rutina, a la normalidad, con todo el beneficio que tiene para niños y niñas». 

Además, estos espacios permiten que se diviertan, lo que es beneficioso para su psicología. En estos momentos: «se observan claros deterioros, síntomas de depresión y ansiedad», nos explica Diego. Cuatrocientos niños y niñas están recibiendo asistencia psicológica de Save The Children.

 Y agrega que «gracias al ámbito online hemos podido hacer actividades de ocio los fines de semana. Allí han podido ver a sus compis. Llevaban a lo mejor un mes sin poder ver a nadie fuera del ámbito familiar. Es muy positivo para ellos»

Las familias

Save The Children trabaja con familias en grave riesgo de exclusión social. Muchas de ellas reciben la Renta Mínima de Inserción o están directamente sin ingresos. Trabajan con cuatro perfiles.

  • Familias «monomarentales», es decir, aquellas compuestas por una madre y sus hijos. Son familias muy precarias y con pocos ingresos. 
  • Familias extensas. Son típicas sobre todo de núcleos urbanos pequeños y del ámbito rural. En ellas varias generaciones viven bajo un mismo techo. Tienen muchos estómagos que llenar, y muchas veces bajos ingresos y personas dependientes.
  • Familias de cuatro miembros, normalmente con un hombre y una mujer como figuras parentales. «Es habitual que ella sola lleve la responsabilidad económica de toda la familia». Estas familias se encuentran siempre en el umbral de la pobreza, y les afecta cualquier situación cambiante. Muchas de estas mujeres han perdido el trabajo con la COVID-19. Muchas trabajan en el servicio doméstico o la hostelería, por ejemplo, y no solo han perdido sus ingresos sino las opciones de tener empleo.
  • Familias extranjeras con niveles socioculturales medios. Su precariedad se debe muchas veces a su situación administrativa. Algunos no tienen papeles, y la mayoría no pueden tener buenos trabajos, pese a tener estudios, por los problemas de convalidación de sus títulos. Trabajan adaptándose a puestos de menor cualificación. 

Muchas veces, los profesionales de Save The Children se encuentran con las mismas caras año tras año, en su lucha contra la pobreza infantil: «Eso tiene el lado emocional, pues ves crecer a estos niños y niñas. El lado amargo es que su situación no cambia», nos explica Diego.

Renta mínima por hijos

«Las familias tienen muchos problemas para pagar bienes de primera necesidad: alimentación, higiene, material escolar, alquileres…», explica González. 

La difícil situación en que estas personas quedan por la COVID-19 ha llevado a que Save The Children estipule una renta mínima por hijo para sus usuarios. Es una demanda histórica que la entidad hace a las instituciones: cien euros mensuales por hijo a cargo.

«Las prestaciones que tenemos ahora son muy menores», explica Diego: «muchas familias cobran veinticinco euros al mes por cada niño. Es la prestación media que da la administración por hijo a cargo. Es una cantidad que desgraciadamente no da para cubrir nada».

Desde Save The Children consideran que esta ayuda de cien euros debería ser dada por la administración. Para ser coherentes con esta demanda, y gracias a la inestimable ayuda de sus socios, «que están respondiendo de manera admirable a la situación», Save The Children está ofreciendo esta ayuda a mil ochocientos niños.

Han movilizado por eso estos recursos económicos de modo incondicional: «la pueden dirigir a alimentación, alquiler, material escolar, pago de facturas». Es un modo de ayudar a las familias, adaptándose a  las necesidades específicas de cada una.

Digitalización

Por otro lado, para prestar su asistencia, se ha requerido un gigantesco esfuerzo de despliegue técnico: «muchas de las familias no tienen dispositivos, o los tienen desactualizado, o no tienen acceso a red», explica Diego.

Desde hace un par de años Save The Children viene trabajando las competencias digitales con niños, niñas y familias en riesgo de exclusión social. La lucha contra la pobreza infantil es una lucha por la subsistencia y la integración. En nuestros tiempos, las competencias digitales son imprescindibles: «las ONG e instituciones deberían marcarse como prioridad este tema, por urgencia y probable necesidad de que se repita la situación».

En este marco es donde entra de lleno el programa «A tu lado». El programa pretende que ningún niño quede atrás por falta de medios digitales y permite la asistencia digital a los tres mil niños en riesgo de exclusión social con los que Save The Children viene trabajando. La lucha contra la pobreza infantil no solo se materializa en ayudas directas: también en asistencia psicológica, pedagógica y familiar.

Con ayuda de la fundación Vodafone, Save The Children ha cedido dispositivos electrónicos a las familias que carecen de ellos. También les está asegurando el acceso a internet. El objetivo es que los niños no se queden atrás. Que puedan recibir el apoyo escolar y las actividades de ocio que necesitan para su salud mental y social.

En quince días, doscientos cincuenta profesionales improvisaron un marco de trabajo nunca antes planteado. Desde Save The Children les facilitaron materiales, y ellos desarrollaron metodología y materiales propios.

Intervención digital

Las actividades de apoyo académico se han mantenido en su horario, de forma digital. entre tres y cinco niños y niñas se conectan con sus educadores y reciben clases. 

Lo positivo de esta intervención es que el intercambio de estrategias y la colaboración entre padres, madres y educadores está siendo mucho mayor: «Nos está permitiendo conocer a las familias, que nos sentemos junto a ellas para marcar estrategias. Eso está siendo muy positivo», explica Diego.

En ocasiones, esta mejora se debe a que las familias pueden dedicar más tiempo a sus hijos, a la mayor presencia de los padres en las actividades: «Ya no se van durante la actividad, sino que están siendo accesibles», explica González. «Así se aporta herramientas a madres y padres y ellos dan más información sobre sus hijos».

Así mismo, el ocio es un gran reto profesional. «Es complicado». Tiene una parte de educación en valores, pero siempre son actividades divertidas, mucho más dinámicas. «Hemos tenido que recurrir a talleres con materiales que haya en las casas. Además, hemos aprendido a desconectar. Hacer actividades en que los niños pueden salir de la pantalla unos minutos para hacer un dibujo. Luego adquieren la responsabilidad de volver a conectarse. Se potencia así la autonomía, y que no estén hora y media delante de la pantalla», valora González.

Con los más peques, suelen trabajar haciendo que los niños experimenten y manipulen. Esto ha sido un reto, que han superado con ayuda de padres y madres: «Las familias se encargan de hacerlo en las casas, y eso está fortaleciendo que pasen ratos de ocio y desconexión con sus hijos y que se impliquen en las actividades».

Un futuro contra la pobreza infantil

De cara al verano, están trabajando en dos equipos: uno destinado a hacerlas digitales y otro a hacerlas presenciales. Así estarán preparados para ambos posibles contextos, dado que en estos momentos prima la incertidumbre.

«Estamos en un punto de inflexión, donde tanto organizaciones como la administración pública tienen que hacer una reflexión. Ver qué ha salido bien, que mal, para saber cómo apoyar a los más vulnerables», opina González. Es necesaria una apuesta firme contra la pobreza infantil.

Habito entre la información y el arte, como el niño que baila entre la filosofía y la poesía. Creo en el compromiso, pero no en los dogmas, y más que la verdad, busco las perspectivas, aunque siempre trato de recopilarlas de forma fiel y rigurosa. Dicen que hay un tal Zule que publica con mi voz, pero yo creo que simplemente somos dos jugadores de un mismo juego: el que cree en la palabra y su poder transformador, así como en la responsabilidad de usarla honradamente.

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