Doce asociaciones de Carabanchel Alto (vecinales, AMPA, culturales, de mujeres y sociales) protestan por que el Presidente de la Junta Municipal de Carabanchel, Álvaro González, desatiende todas sus propuestas y peticiones.

El pasado 14 de mayo mantuvieron una reunión con González, con la coordinadora del distrito y con la jefa de servicios sociales. El objetivo era atender la emergencia social que vive el distrito. Cuando la delegación de algunas de las entidades presenta sus propuestas, la respuesta gubernamental es tirar balones fuera.

Los representantes del Ayuntamiento descartan por supuestamente imposibles todas las propuestas. Ello pese a que algunas de estas medidas, como la apertura de comedores escolares, ya están puestas en marcha por otras juntas de distrito.

«Nosotros hablamos de que los servicios sociales del distrito no daban a basto. Creo que se lo tomaron a mal», sugiere una madre, del AMPA del IES Francisco Ayala

«Creo que se confundió lo que nosotros proponíamos. No llevábamos un plan cerrado. Señalábamos unas necesidades y posibles soluciones en manos de la junta. Además, nosotros nos préstamos a arrimar el hombro con la situación. Por ejemplo, podíamos ayudar aportando alimentos», explica Pedro Casas de la Asociación de Vecinos de Carabanchel Alto.

Las medidas propuestas por la vecindad

Estas son las medidas que la delegación de entidades propuso para afrontar la crisis social que nace de la pandemia de la COVID-19:

  • Poner en funcionamiento las cocinas de los colegios públicos. El objetivo era aumentar la capacidad de asistencia alimentaria en más  de mil menús diarios. El servicio podría prestarse con el personal habitual, que se encuentra afectado por ERTE.
  • Habilitar un espacio que permita a las personas donar electrodomésticos. El objetivo es crear una especie de «banco de electrodomésticos» destinados a que los usen familias con necesidades. A este respecto, se propuso el punto limpio municipal de Aguacate como lugar idóneo para albergarlo.
  • Recogida y distribución de equipos informáticos, que fuesen donados para que los usasen alumnos que no dispongan de ellos para seguir las clases online.
  • Necesidad de mantener los campamentos urbanos para las familias vulnerables, por conciliación familiar, en polideportivos y de entidades sociales. Son imprescindibles para ,  el bienestar de las niñas y niños, además de que permiten a los padres trabajar o buscar empleo. 

Algunos descartes ágiles

La Junta se desentendió rápidamente a la iniciativa del «banco de electrodomésticos». Derivaron a las entidades al área de Medio Ambiente, que es la encargada de tales cuestiones. 

Por otro lado, con los dispositivos electrónicos, alegaron que la Institución ya estaba repartiendo tablets. Según nos cuentan desde el AMPA, este reparto no lo está haciendo el ayuntamiento, sino los institutos, por delegación de la Consejería de Educación.

En cualquier caso, según parece, la respuesta a la crisis de la COVID-19 está siendo tan sobresaliente en todas partes que no es necesario reforzar un poco más las redes asistenciales.

A la cuestión de los campamentos, «nos respondieron que todo se haría según estaba previamente planificado», explican desde el AMPA. Parece que no tienen en cuenta la posibilidad de hacer campamentos en más centros, a fin de reducir el aforo manteniendo la incidencia del servicio. Tampoco parece que se aspire a soluciones digitales como las que están programando Save The Children, o municipios como Moraleja de Enmedio.

Los campamentos son muy importantes para poder volver a la normalidad, dado que ayudan emocionalmente a niños y niñas. Además, son necesarios para padres y madres que están trabajando o buscando empleo.

Lo que parece más conflictivo como prescindieron de la iniciativa de abrir los comedores escolares. El argumentario requeriría, como mínimo, de una manita de pintura. Para quienes estamos siguiendo la emergencia alimentaria de la Comunidad de Madrid resulta, como mínimo, chapucero.

La situación de partida

Lo primero es decir que esta medida no supone un gran sobrecoste para la administración. Los espacios solicitados son municipales, y apenas requerirían de adaptación. 

Además, el personal que se necesitaría ya está contratado, si bien en este caso por la Comunidad. El personal de cocina de los centros escolares se encuentra mayoritariamente en ERTE, pero su salario estaba previamente acogido en los presupuestos autonómicos. Retomar los contratos permitiría asistir a un gran número de familias, si bien es cierto que esto no depende directamente de la junta ni del Ayuntamiento.

¿Problemas de cifras?

Pero sobre la mesa salió un argumento poco razonable. Según las entidades, los representantes de la administración argumentaron que no les aportaban cifras concretas de familias necesitadas. Es en este sentido en el que Pedro nos explica que cree que confundieron lo que querían.

La carencia de cifras fue el argumento estrella en la reunión. Sin embargo, estas son difíciles de aportar para las entidades, más allá de en su asistencia directa. En el caso de la Asociación de Vecinos de Carabanchel Alto, atienden semanalmente a unas 140 familias: más de 500 personas.

Sin embargo, las cifras que buscan tienen que ser conocidas, o al menos accesibles, para la jefa de servicios sociales del distrito, que estaba en la mesa. Es cierto que es difícil a día de hoy saber datos exactos de necesidad real, sobre todo por los problemas burocráticos.

«Desde que se llama al 010 hasta que se resuelve la situación en servicios sociales se tardan unos quince días. En ese tiempo, la gente tiene que comer», explica Pedro. El mayor problema, como siempre, lo sufren sin papeles y quienes trabajan en negro.

Sin embargo, las cifras aportadas por las diversas entidades, dan a entender que existe una necesidad importante. El propio Ayuntamiento de Madrid reconoció que este año esperaba un crecimiento notable de la demanda asistencial. Según fuentes municipales, el veintidós por ciento de los madrileños podría pedir esta asistencia en 2020. Poner en duda la situación de emergencia alimentaria de la región madrileña es una broma de mal gusto. 

¿No hay soluciones?

Si lo que encontramos no es una puesta en duda, sino con una falta de cálculo logístico, la omisión de ayuda no es menos grave. No parece descabellado partir de las necesidades que expresen las entidades que reparten alimentos en el barrio. Las propias asociaciones han ido incrementando su respuesta conforme ha crecido la necesidad. La Junta de Carabanchel podría hacer lo mismo: partir de lo que le demanden, e ir incrementando. Pueden estarse tranquilos, que las colas no dejan de crecer.

Y sí el problema es la mano de obra, no solo es que haya numerosas entidades ofreciéndose. Se puedan proponer programas de ayuda en las cocinas para algunas de las  propias usuarias. Y además, se puede exigir a la Comunidad que vuelva a contratar a sus trabajadores.

Otros problemas para abrir los colegios

Según las asociaciones, el ayuntamiento también puso en cuestión que las familias quisiesen alimentarse con menús cocinados. Es cierto que la mayoría de familias prefiere la autonomía de cocinar, pero no nos engañemos: la gente lo que quiere es comer. Además, las cestas de comida son principalmente de productos no perecederos. En muchas de ellas escasean los alimentos frescos, como frutas, verduras, y sobre todo carnes y pescados. 

Cualquiera que esté trabajando contra la emergencia alimentaria sabe que ni los menús ni los alimentos no perecederos que están entregando sacan de la necesidad a las familias. Diversas Redes y Despensas solidarias (Villa de Vallekas, Latina-Carabanchel, La Elipa) nos dicen que la comida no llega. Las raciones son pequeñas, porque deben llegar para muchas bocas.

El último argumento de la Junta de Carabanchel es que la competencia de los colegios es de la Comunidad de Madrid. Y si bien esto es cierto en cuanto a currículos, el vecino colegio de Lucero (Distrito de Latina) ha abierto sus puertas y ofrece menús. No es por magia ni por piratería. Las entidades recuerdan que que las instalaciones de los colegios públicos de infantil y primaria pertenecen a las Juntas Municipales. Ellas están capacitadas para abrir sus instalaciones.

Una demanda justa

Las entidades no piden nada extraordinario. Solo quieren que las infraestructuras que se han desplegado en otros distritos se apliquen en Carabanchel, que tiene una gran necesidad. Y cuando el concejal de distrito dice que ellos ya están satisfaciendo estas necesidades a través de servicios sociales, el comentario es cínico. 

Sin desestimar para nada la tremenda labor de las trabajadoras sociales, que están viviendo una situación desbordante con una infraestructura que ya de por sí era normalmente insuficiente, no están pudiendo con la situación ellas solas. 

Es evidente que en buena parte de la ciudad y del conjunto de la Comunidad de Madrid, son las entidades sociales las que están cargando con la inasistencia de las tres administraciones. Ni el Ayuntamiento, ni la Comunidad, ni el Gobierno están haciéndose cargo de manera efectiva, de la emergencia alimentaria. 

Las ayudas son mínimas, y en muchos casos son superadas por las trabas. Pero eso sí: para ponerse galones diciendo que la situación está controlada todo el mundo tiene manos que alzar, porque todo el mundo es muy solidario delante de la cámara. Ni está la situación está controlada, ni lo controlado  lo gestiona la administración. Es la solidaridad vecinal la que está sacando adelante a muchas de las personas necesitadas que habitan en nuestros barrios. Y aún así, con trabas.

Habito entre la información y el arte, como el niño que baila entre la filosofía y la poesía. Creo en el compromiso, pero no en los dogmas, y más que la verdad, busco las perspectivas, aunque siempre trato de recopilarlas de forma fiel y rigurosa. Dicen que hay un tal Zule que publica con mi voz, pero yo creo que simplemente somos dos jugadores de un mismo juego: el que cree en la palabra y su poder transformador, así como en la responsabilidad de usarla honradamente.

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