Desde el pasado sábado 14 de marzo de 2020, y a petición de la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid, Cruz Roja está desarrollando un nuevo servicio de Transporte Sanitario No Urgente (TSNU).

Este transporte facilita el traslado de aquellas personas que, a pesar de haber dado positivo en Covid-19, no tienen síntomas como para estar ingresadas, por lo que son derivadas a sus domicilios a fin de continuar con la cuarentena.

La función de este servicio es diferir a «pacientes que puedan tener Covid-19 o que sean portadores asintomáticos. Pero para ello tienen que ser movilizados bajo unas condiciones imprescindibles: el aislamiento. Ahí entra la labor de Cruz Roja» explica Octavio Morales, voluntario referente del dispositivo.

Para ello se han puesto a disposición de la Administración Pública cinco recursos de soporte vital básico y más de 70 voluntarios, lo que significa «una respuesta espectacular por parte del voluntariado», asegura.

Además, los hospitales actualmente están desbordados, por lo que el trato personal muchas veces pasa a un segundo plano. «Es lógico y normal, por eso creo que nuestra labor también es darles importancia a esos pacientes que vuelven a sus casas. Sentir que alguien se preocupa por ellos les da la vida» confiesa Morales.

Una ayuda extra a los hospitales

El funcionamiento interno de esta operativa es muy parecido a otro tipo de acciones. Desde Cruz Roja trabajan siempre en un contexto de la emergencia, por lo que tienen que estar prevenidos.

Al llegar a la base de Cruz Roja «lo primero que hacemos es comprobar que tenemos todos los EPI: mascarillas, gafas, sábanas para el paciente, productos para limpiar y desinfectar… Una vez que tenemos todo el material, nos organizamos para comprobar que todo en la ambulancia esté desinfectado y esperamos a que nos llamen», cuenta Diego Ramos, voluntario de Cruz Roja.

Tanto Diego como su compañero Jorge Alberto son dos jóvenes altruistas que trabajan juntos para Cruz Roja. Jamás tuvieron dudas de si querían ser voluntarios o no, pues creen que «aquellos que tenemos formación y capacidad de hacer algo, es necesario que ayudemos a los que trabajan en hospitales que están saturados».

Cuando reciben la primera llamada del día, «lo que hacemos es preguntar de qué hospital nos llaman, el nombre del paciente, el número de cama en el que está y a dónde tenemos que llevarle. Y ahí ya nos ponemos en marcha», explican.

«Muchos pacientes salen emocionados»

La carga emocional para estos dos jóvenes es alta. «Hay que tener en cuenta lo mal que lo han pasado los pacientes. Por suerte, los que llevamos a sus casas es porque han mejorado, pero muchos llegan allí conmocionados», dice Jorge.

«El otro día trasladamos a un señor de 79 años que había mejorado y podía volver a su domicilio, donde le esperaban con alegría y aplausos, imagínate la emoción», asegura.

Participar disminuyendo la carga de trabajo a enfermeros, médicos y personal de los hospitales es una de las funciones principales de todos ellos. Esta labor es muy importante ya que «si en un día podemos trasladar a diez pacientes a sus casas, son diez camas libres que quedan en el hospital», explica Diego. Así mismo, el tener unas ambulancias específicas para llevar a los enfermos, permite que todas las demás (SUMA, SAMUR) queden libres para otras situaciones.

Además, haciendo esta labor consiguen ponerle cara a las personas. «En la televisión cada día vemos cifras, y más cifras, pero se olvidan del aspecto personal. Aquí logramos desglobalizar el problema y lo centramos en personas específicas. Las conocemos, conocemos sus historias… ponemos cara a las cifras», cuenta Diego.

Y es que la mayoría de quienes que salen de los centros lo hacen emocionados, pues «muchos entraron en el hospital pensando que probablemente no iban a volver a salir». «Además, como en el hospital no aceptan visitas, algunos han estado una semana encerrados pensando que quizás ni siquiera se iban a poder despedir», sentencian.

«Algunos pacientes incluso nos ofrecen dinero»

«Lo que tenemos que hacer es transmitirles calma, tranquilidad. Los pacientes están nerviosos, salen desorientados, y el sentir que una persona les acompaña y les lleva a su casa les tranquiliza», cuenta Isabel, otra voluntaria de Cruz Roja.

Isabel Miel comenzó a colaborar porque en su momento, desde Cruz Roja, ayudaron a su madre, y cree que esta es una forma de devolver el favor ayudando a alguien más.

Isabel Miel, voluntaria de Cruz Roja

«Tenemos que aportar todos un granito de arena. Actualmente no trabajo, así que esta es mi forma de hacer algo útil para que esas personas que salen del hospital puedan volver ya a su domicilio», confiesa.

En estos días, «hay gente que incluso ha llegado a ofrecernos dinero. Y cuando les decimos que es una labor humanitaria se emocionan todavía más». Nos cuenta que incluso, a veces, hay enfermos que siente el impulso de darles un abrazo, «pero no pueden. Tienen que entender que hay que seguir luchando y respetando las medidas».

La conclusión a la que llegan todos estos voluntarios es que «en estos momentos, tenemos que ser más solidarios que nunca. Se puede ayudar de muchas maneras: cosiendo mascarillas, apoyando a través de llamadas telefónicas… y seguro que cada uno puede encontrar la suya».

Mi madre nunca me lo ha confesado, pero yo estoy segura de que la primera palabra que pronuncié siendo bebé fue « ¿Por qué? » Años más tarde, en el colegio, los profesores me apodaron la niña de las tres preguntas y, desde entonces, tuve bastante claro que lo mío era la comunicación.

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