Fueron sólo tres días, y tres noches, pero la oportunidad de volver a Roma no se puede desaprovechar. Como ya habíamos estado otras veces sabíamos lo que podría dar de sí un viaje tan corto, pero a la vez tan aprovechable. He procurado dejar los nombre de calles y plazas en italiano, son fácilmente comprensibles.
Llegamos un viernes a eso de las 15,30 después de un vuelo de dos horas y media, otra media hora de tren desde Fiumicino, el aeropuerto de Roma, hasta Termini, la estación del centro de la ciudad.
Nuestro hotel estaba en Via Emanuele Filiberto a la salida de la estación de Manzoni, nos vino bien para no darnos la paliza con las maletas y para tener el metro a mano y poder movernos por la ciudad, sobre todo cuando flaqueaban las fuerzas.
A las cinco de la tarde ya estábamos cogiendo de nuevo el metro para iniciar nuestro paseo por la ciudad. Fuimos en la línea A dese Manzoni hasta Flaminio, Piazza del Popolo, que creemos que es una buena manera de empezar a conocer esta ciudad. Contábamos con el conocimiento y la memoria de Pilar y con la preparación del viaje que había hecho Miguel Ángel, un lujo, Mercedes y yo podíamos ir tranquilos.
Se accede desde la puerta insertada en lo que era la muralla desde la Piazza Flaminio, a la izquierda la Basílica de Santa Maria del Popolo, que da nombre a la plaza, construida en 1099 para celebrar la victoria en Jerusalén de la Primera Cruzada.
Desde ese punto podemos contemplar toda la plaza en forma de elipse, en el centro el obelisco encontrado en el subsuelo del Circo Máximo, de frente las dos iglesias mellizas, que no gemelas, la de Santa Maria dei Miracli y Santa Maria in Montesanto, que enmarcan la plaza dándole aún más grandiosidad y que dan paso a las tres vías antiguas de acceso a la ciudad desde el norte, la Vía del Corso, la de Ripetta y la más reciente del Babuino.
Recorrimos la vía del Corso zigzagueando con la del Babuino, contemplando las fachadas de los edificios, palacios, palacetes, iglesias, templos que se encuentran a ambos lados de esas calles, hasta llegar a la Piazza di Spagna con la gran Scalinata de la Trinità dei Monti.
Hay que subir todos los escalones hasta llegar al obelisco y la iglesia renacentista de la Trinidad, y contemplar no solo la plaza sino toda la ciudad hacia el oeste, el espectáculo de las vistas no defrauda en absoluto.

Paseamos por la Via della Croce, la Via Condotti, la Via Borgogna, en fin, callejeamos hasta encontrarnos con la Fontana di Trevi, maravillosa e imposible dada la cantidad de turistas que nos encontramos allí, hacemos que pierda todo su encanto. A pesar de ello hay que verla, y ahora obligatoriamente, casi, desde las escaleras de la iglesia de los Santos Vicenzo y Anastasio porque si no sólo se verán cabezas.
Cruzamos la Vía del Corso para después de pasar por la Chiesa di Sant´Ignazio di Loyola, con su fachada en obras, llegar a Piazza Navona, antiguo circo de Domiciano, de ahí su forma ovalada, con sus tres monumentales fuentes, de Nettuno, de los Quatro Fiumi y del Moro, siendo la del centro del gran Bernini. No lo repetiré más salvo en caso muy concretos, pero también en esta plaza se debe contemplar no solo lo evidente sino todo el entorno, todos los detalles.
Palazzo de Cupis, Chiesa di Sant´Agnese in Agone, Palazzo Pmaphil, Palazzo Torres, ….
Continuamos nuestro deambular por el centro de Roma por el corso Vittorio Emanuelle II, hasta la Pliazza Venezia. Ya estaba cayendo la tarde, el mejor momento para subir a la Piazza del Campidoglio, diseñada por Miguel Ángel, y para nuestro gusto una de las más bonitas de Roma.
La gran escalera, el suelo con sus figuras geométricas irregulares contrastando los interiores grises del área con las lineas claras de los lados de esos polígonos. En el centro la estatua ecuestre de Marco Aurelio, el Palazzo Nuovo a la izquierda según se entra, a la derecha el Palazzo dei Conservatori y de frente la Fontana della Dea Roma con las escalera a ambos lados que dan acceso al Palazzo Senatorio.
Pero la plaza aún guarda más tesoros, llegando al final, a la derecha se encuentra una pequeña calle, la Via del Campidoglio con una terraza sobre el Foro romano que no se puede dejar de visitar, a cualquier hora, pero al caer la tarde las vistas son sencillamente encantadoras.
Por el lado izquierdo, por la vía de San Pietro in Carcere, también merece la pena ver sus vistas, pero desde el otro lado quizás son aún más sobrecogedoras.
La jornada llegó a su final. Fuimos volviendo por la Via dei Fori Imperiali, para ir tomando contacto con dicho foro y con las vistas nocturnas del Colosseo, hasta nuestro residencia, haciendo una parada técnica para reponer energías tomando típica comida italiana para turistas.






