
Geopolítica del tecnofeudalismo: La nueva guerra fría
La tesis de Varoufakis también ofrece una explicación para la creciente rivalidad entre Estados Unidos y China. Este conflicto no es una disputa ideológica tradicional, sino una lucha por la hegemonía sobre el capital de la nube y sus infraestructuras financieras.
Los imperios de la nube
Estados Unidos y China son los únicos países que han logrado desarrollar imperios de la nube significativos. Europa, por el contrario, se ha convertido en un territorio de vasallos, incapaz de producir sus propios gigantes tecnológicos y totalmente dependiente del capital de la nube estadounidense o chino.
La «Nueva Guerra Fría» se manifiesta en el intento de cada superpotencia por excluir a la otra de sus ecosistemas digitales, como se vio en el veto a Huawei o las restricciones a las aplicaciones chinas en Occidente.
La quiebra del «Pacto oscuro» (Dark deal)
Durante décadas, la economía global se sostuvo mediante un pacto en el que China exportaba bienes baratos a Estados Unidos y luego reciclaba sus excedentes de dólares comprando deuda del Tesoro estadounidense, manteniendo así la hegemonía del dólar.
Sin embargo, la aparición de las «finanzas de la nube» y los sistemas de pago digitales controlados por nubealistas está socavando este acuerdo.
A medida que China desarrolla sistemas de pago internacionales que no dependen de la infraestructura bancaria controlada por EEUU, la capacidad de este último para proyectar poder financiero se debilita, lo que aumenta la volatilidad y el riesgo de conflicto global.
La crisis antropológica: La muerte del individuo liberal
El tecnofeudalismo no solo afecta a la economía y la geopolítica, sino que está transformando la psique humana. Varoufakis argumenta que el «individuo liberal», caracterizado por su autonomía y la propiedad de sí mismo, está desapareciendo bajo el peso del capital de la nube.
La captura de la atención y el deseo
El capital de la nube ha derribado la frontera que protegía la vida privada del mercado.
Antes, el individuo tenía momentos del día en los que no estaba «en venta»; hoy, la presión de mantener una identidad digital para las redes sociales significa que estamos constantemente trabajando en nuestra propia marca personal.
Los algoritmos no solo capturan nuestra atención; roban nuestro enfoque y nos fuerzan a filtrar nuestras opiniones a través del lente de lo que será recompensado algorítmicamente.
Además, dado que los algoritmos de la nube optimizan para la renta, y la renta fluye más fácilmente cuando hay descontento y conflicto, el sistema tiene un incentivo estructural para amplificar el odio, el fanatismo y la polarización.
El resultado es una sociedad de individuos «poseídos» por el algoritmo, incapaces de autogobernarse y vulnerables a la manipulación masiva.
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