«Las amistades peligrosas» convierte el deseo en un juego de dominio

Pilar Castro y Roberto Enríquez encabezan en el Teatro Marquina la nueva versión del clásico de Christopher Hampton basado en la novela de Choderlos de Laclos. David Serrano dirige un montaje sobre la seducción, el abuso de poder y la impunidad que puede verse en Madrid hasta el dieciocho de octubre.

«Las amistades peligrosas» ha llegado al Teatro Marquina de Madrid con un reparto encabezado por Pilar Castro, Roberto Enríquez y Ángela Cremonte.

La función, dirigida por David Serrano, adapta para la escena española el texto del dramaturgo británico Christopher Hampton, inspirado a su vez en la novela epistolar que Pierre Choderlos de Laclos publicó en 1782.

La versión de Curro Novallas y David Serrano prescinde de la reconstrucción histórica y acerca al presente un juego de poder, deseo, sexo e impunidad. Porque de eso trata «Las amistades peligrosas»: de utilizar los sentimientos ajenos como piezas sobre un tablero en el que nadie juega limpio.

Un clásico que sigue resultando familiar

La obra nos adentra en un mundo de intrigas y seducción donde las clases privilegiadas se divierten con las personas más vulnerables. El deseo de dominar, la necesidad de poseer y la manipulación emocional impulsan una trama cuyas consecuencias alcanzan a todos los personajes.

En el centro aparecen la marquesa de Merteuil, interpretada por Pilar Castro, y el vizconde de Valmont, al que da vida Roberto Enríquez. Antiguos amantes, cómplices y rivales, ambos conciben las relaciones como un territorio de conquista. La seducción es su estrategia; el sexo, una forma de poder, y la posesión, el verdadero objetivo.

A medida que avanza la historia, el amor deja de ser un sentimiento para convertirse en herramienta de control. La pasión se mezcla con el cálculo y cada confidencia puede esconder una maniobra.

Aunque la acción procede de la Francia aristocrática del siglo dieciocho, los comportamientos que muestra resultan inquietantemente familiares. La obra plantea cuestiones muy actuales sobre el consentimiento, la desigualdad y la facilidad con que quienes ocupan posiciones de poder pueden actuar sin asumir las consecuencias.

Valmont y la herencia de Don Juan

Uno de los grandes atractivos del personaje de Valmont es su evidente parentesco con Don Juan. Ambos necesitan seducir, vencer y exhibir sus conquistas. No buscan tanto el amor como la confirmación de su propio poder.

Sin embargo, la parte final introduce una contradicción que humaniza al libertino: amar precisamente a quien ya ha «perdido», en todos los sentidos de la palabra. Valmont se enfrenta demasiado tarde al valor de la inocencia que ha contribuido a destruir.

Merteuil, por su parte, no acepta el lugar reservado a las mujeres en su época. Su inteligencia y su voluntad de independencia podrían convertirla en una figura emancipadora, pero las ejerce mediante los mismos mecanismos de dominación que denuncia. Esa contradicción impide reducirla a una villana convencional.

Como señaló Hampton tras el estreno de su adaptación, «lo que fascina de esta historia es su vigencia». Siglos después, seguimos reconociendo en ella comportamientos eternos, inherentes a la condición humana, por mucho que contemplarlos sobre un escenario llegue a asustarnos.

Una puesta en escena sin refugios

David Serrano plantea una puesta en escena minimalista, contemporánea y alejada de pelucas, corsés y grandes decorados. Los cambios de personaje se producen a la vista del público y la interpretación ocupa el centro de un espacio limpio y dinámico.

Esa desnudez escénica reduce la distancia histórica. Ya no podemos refugiarnos en la idea de que las intrigas pertenecen exclusivamente a una aristocracia desaparecida. Lo que sucede sobre las tablas podría ocurrir aquí y ahora, con otros códigos sociales y bajo apariencias distintas.

El reparto se completa con Carmen Balagué, Lucía Caraballo e Iván Lapadula. Seis intérpretes dan vida a este laberinto de pasiones en una producción de Producciones Come y Calla que mantiene la tensión durante ciento cuarenta minutos, más un descanso de diez.

Por qué ver «Las amistades peligrosas»

Porque pocas historias hablan con tanta precisión de la manipulación y el deseo. Porque muestra cómo el privilegio puede convertir a los demás en objetos de entretenimiento. Y porque obliga a preguntarse dónde termina la libertad y dónde comienza el abuso.

También porque Valmont y Merteuil resultan fascinantes incluso cuando conocemos la crueldad de sus actos. Son inteligentes, brillantes y seductores. El espectador sabe que debería alejarse de ellos, pero continúa observando la partida.

«Las amistades peligrosas» funciona como un espejo incómodo de nuestras contradicciones. Y deja flotando una pregunta nada tranquilizadora: ¿hasta dónde seríamos capaces de llegar para ganar una apuesta?

Ficha artística y datos prácticos

Título: «Las amistades peligrosas».
Autoría teatral: Christopher Hampton.
Obra original: novela de Pierre Choderlos de Laclos.
Versión: Curro Novallas y David Serrano.
Dirección: David Serrano.
Reparto: Pilar Castro, Roberto Enríquez, Ángela Cremonte, Carmen Balagué, Lucía Caraballo e Iván Lapadula.
Escenografía: Ricardo Sánchez-Cuerda.
Iluminación: Juan Gómez-Cornejo.
Vestuario: Elisa Sanz.
Música original: Luis Miguel Cobo.
Producción: Producciones Come y Calla.
Duración: ciento cuarenta minutos, más diez minutos de descanso.
Edad recomendada: a partir de doce años.
Lugar: Teatro Marquina, calle Prim, 11, Madrid.
Funciones: de martes a sábado, a las 19:30 horas; domingos, a las 18:00 horas.
Fechas: hasta el dieciocho de octubre de 2026.
Precio: entradas desde veintiséis euros.

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