
Prólogo: una tesis publicada, un borrador que no llegó a tiempo
El 3 de febrero de 2026 escribí en Aquí Madrid que los 18.000 puntos del Ibex no eran un techo de euforia, sino un suelo estructural. La idea era simple: España había decidido ser el «casero» de las redes —quedarse con la energía, la infraestructura y las reglas del juego— en vez de sentarse a la mesa del casino tecnológico estadounidense.
Tres semanas después, el 2 de marzo, tenía listo un segundo texto —«La venganza de los activos pesados»— que ponía nombre y marco a esa misma intuición bajo la lógica HALO (Heavy Assets, Low Obsolescence) y mostraba que los mercados globales empezaban a premiarla.
Ese borrador no llegó a publicarse: la guerra de EE. UU. e Israel contra Irán, iniciada el 28 de febrero, lo convirtió en material en observación antes de ver la luz.
Lo que sigue es la fusión de aquellas dos piezas con el calendario de lo que terminó ocurriendo: la confirmación de los fundamentos, el batacazo, la resistencia del 18.000, el vuelo a los 19.000 puntos y el nuevo horizonte que se abre con las mayores IPOs de la historia.
El cronograma
Enero 2026 — El Ibex en máximos: el mercado ya habla
El Ibex 35 inaugura 2026 en máximos históricos, cerca de los 17.500 puntos, encadenando su sexta semana consecutiva al alza. La narrativa dominante atribuye el movimiento a los buenos resultados de la banca. Pero hay algo más profundo: los flujos institucionales globales empiezan a rotar fuera del Nasdaq y hacia índices europeos de «vieja economía». Es el principio de la rotación HALO, todavía sin nombre formal.
3 de febrero — «18.000 como suelo» (publicado en Aquí Madrid)
Publiqué el artículo en Aquí Madrid con una tesis deliberadamente incómoda: los 18.000 puntos no eran un máximo histórico que celebrar, sino un suelo que no iba a romperse fácilmente. La razón no era técnica, sino estructural. El Ibex tiene una composición que lo protege frente a los ciclos de obsolescencia del software: energía, banca, infraestructuras, gestión pública. España eligió ser el «casero» que cobra el alquiler a los centros de datos en lugar de apostar al siguiente chip. En RISC-V identifiqué, además, el símbolo de una estrategia europea de autonomía silenciosa. La conclusión era esta: «En un mundo obsesionado con correr más rápido, el mercado empieza a premiar al que no se cae.»
Tres semanas después, el 24 de febrero, Goldman Sachs publicó «The HALO Effect: Heavy Assets, Low Obsolescence in the AI Era». Mi tesis tenía ya nombre oficial.
27 de febrero — Máximo histórico: 18.573 puntos
El Ibex alcanza su récord histórico en 18.573 puntos. Es la validación de mercado de la tesis del suelo. Lo que nadie sabe ese día es que al día siguiente comienza la guerra.
28 de febrero — El mundo cambia de eje
EEUU e Israel lanzan bombardeos aéreos sorpresa sobre varias ciudades de Irán. El Estrecho de Ormuz, por el que transita el 20 por ciento del suministro mundial de petróleo y gas natural, queda bloqueado. Es la mayor interrupción del suministro en la historia del mercado petrolero mundial, según la Agencia Internacional de la Energía.
2 de marzo — La tesis HALO: el borrador que explicaba todo
Dos días después del comienzo de la guerra cerré el borrador «La venganza de los activos pesados». La tesis central —que no llegó a publicarse, pero que este cronograma rescata— era esta:
La arquitectura del mercado de capitales global había experimentado una transformación tectónica en el primer trimestre de 2026: el fin de la hegemonía de los activos intangibles. El fenómeno quedó formalizado bajo el acrónimo HALO —Heavy Assets, Low Obsolescence («activos pesados, baja obsolescencia»)—, propuesto oficialmente por Goldman Sachs el 24 de febrero.
La lógica es directa: cuando el coste marginal de generar información, software y procesos cognitivos tiende a cero gracias a la IA, el valor económico se desplaza hacia los activos que no pueden ser replicados digitalmente ni construidos de la noche a la mañana —redes eléctricas, oleoductos, infraestructuras de transporte, capacidad industrial pesada—. Son activos cuya barrera de entrada no es el algoritmo sino el capital, la regulación, el tiempo y la complejidad de ingeniería.
Mi borrador documentaba cómo el Ibex 35 había emergido como uno de los escenarios más dinámicos para esta estrategia: Acciona subiendo un 12 por ciento en una sesión, Telefónica un 5,5 por ciento, Cellnex y Merlin Properties beneficiándose como «caseros» de la infraestructura real. En paralelo, el FTSE 100 y el Stoxx 600 alcanzaban máximos históricos, superando al Nasdaq. La cartera HALO de Goldman Sachs había superado a la cartera de activos ligeros en un 35 por ciento desde el inicio de 2025.
El texto identificaba también el catalizador del pánico en el lado opuesto: el informe de Citrini Research «The 2028 Global Intelligence Crisis», que describía un escenario de colapso sistémico del modelo SaaS cuando los agentes de IA autónomos destruyeran el valor del software como servicio. Su impacto fue inmediato —Zscaler cayó un 9 por ciento, Asana un 6 por ciento, e IBM sufrió su peor sesión desde el año 2000—, consolidando el éxodo hacia lo físico.
La conclusión era la misma que en el artículo publicado, pero ya a escala global: «Cuando el cerebro se vuelve abundante y barato, el cuerpo —la infraestructura, la energía, los materiales y el transporte— se vuelve caro y valioso». La guerra, aunque el texto aún no podía saberlo, iba a demostrarlo con una velocidad y una dureza que ningún análisis de mercado había anticipado.
Marzo 2026 — El batacazo
El precio del petróleo supera los 100 dólares el 8 de marzo —primera vez en tres años y medio—, con una subida del 45 por ciento desde el inicio de la guerra. Los precios de la gasolina en EEUU se disparan un 50 por ciento. La Guardia Revolucionaria iraní amenaza la infraestructura digital global, apuntando explícitamente a AWS, Azure y Google Cloud, que concentran el 65 por ciento del mercado mundial de nube.
El Ibex 35 sufre el batacazo. Desde su máximo de 18.573, el índice cae aproximadamente un 8,3 por ciento, hasta tocar mínimos en el entorno de los 16.962 puntos. Es el único momento en el que la tesis del suelo en 18.000 parece cuestionada.
Pero dentro del índice ocurre algo revelador. El sector energético —Repsol, Iberdrola, Naturgy, Endesa— no se hunde: se beneficia del crudo a 100 dólares. Lo que arrastra al conjunto es el miedo sistémico, el repricing del riesgo geopolítico, no un deterioro de los fundamentales de las compañías que forman la base del Ibex. Es una corrección táctica impuesta desde fuera, no una rotura estructural.
8 de abril — El alto el fuego
Mediado por Pakistán, EEUU e Irán acuerdan un primer alto el fuego de dos semanas. El 11 de abril, J. D. Vance, Witkoff y Kushner vuelan a Islamabad para negociaciones directas. El 21 de abril, Trump extiende la tregua indefinidamente. Los mercados reaccionan con un rally de alivio, aunque el conflicto no está resuelto: los asuntos sobre la mesa son el Estrecho de Ormuz, el programa nuclear iraní y la reconstrucción.
El Ibex inicia su recuperación. El 18.000 vuelve a actuar como soporte.
Mayo 2026 — La tesis se consolida en la crisis
El 28 de mayo, negociadores estadounidenses e iraníes firman un memorando preliminar para extender el alto el fuego sesenta días e iniciar negociaciones nucleares. El petróleo empieza a ceder desde sus máximos. Este movimiento actúa como un doble catalizador positivo: alivia la inflación y reduce los costes energéticos de la industria española, mientras las empresas del sector ya habían registrado sus ganancias en márgenes durante el pico del crudo.
Paralelamente, la guerra deja expuesta la vulnerabilidad de la dependencia digital: Europa acelera sus programas de soberanía tecnológica. Francia firma un acuerdo con Mistral AI para desplegar sus modelos en infraestructura exclusivamente controlada por el Estado francés en toda la estructura militar. La plataforma Arcadia —construida por Mistral, Thales y Airbus— se convierte en la alternativa soberana al Maven Smart System de Palantir. Arthur Mensch, CEO de Mistral, advierte al Parlamento francés que Europa tiene dos años para evitar convertirse en «estado vasallo» tecnológico.
Mi tesis del 3 de febrero sobre soberanía digital —que el mercado entendió como una apuesta de largo plazo— había pasado a ser una urgencia de defensa nacional.
9 de junio — El 18.000 resiste: el suelo era real
El Ibex 35 cierra en 18.174,70 puntos, apenas un 1,6 por ciento por debajo de sus máximos históricos. El petróleo ha bajado a la zona de los 90 dólares y ha pasado de amenaza a catalizador para la renta variable al aliviar las presiones inflacionistas. La bolsa española es, según Bankinter, la que ofrece mayor potencial de revalorización de Europa —un 18 por ciento— precisamente por el peso de bancos y utilities en el índice.
El 18.000 como suelo no era una fantasía de chartismo. Era el precio mínimo al que el mercado empezó a valorar una economía apoyada en activos que no caducan, reparten dividendos previsibles y siguen siendo necesarios con independencia de quién gane la carrera tecnológica.
15 de junio — El Ibex supera los 19.000: el suelo se convierte en trampolín
Seis días después del cierre de este cronograma, el Ibex 35 supera los 19.000 puntos por primera vez en la historia, tocando los 19.100 puntos intradía. El catalizador es definitivo: Donald Trump anuncia en redes sociales el fin del conflicto. «El acuerdo con la República Islámica de Irán está ya finalizado. ¡Felicidades a todos!», escribe. El Estrecho de Ormuz, cerrado desde el 28 de febrero, recupera su función como arteria del suministro energético global. El petróleo, que durante semanas había actuado como catalizador positivo para el Ibex, se desploma desde los 90 dólares.
La rotación intradía dentro del índice es reveladora. Las compañías que más pierden son las energéticas que habían ganado con el crudo alto: Repsol cede un 3,8 por ciento, Naturgy un 0,5 por ciento. Las que más suben son las que más habían sufrido el efecto indirecto de la guerra: IAG (+4,9 por ciento), Santander (+3,3 por ciento), ArcelorMittal (+3,1 por ciento). Es una rotación dentro de la rotación HALO: los activos pesados vinculados al petróleo ceden terreno a los activos pesados vinculados a la paz —aviación, banca, acero—. El índice sube en conjunto porque el alivio macroeconómico supera la pérdida sectorial energética.
El 18.000 fue el suelo. El 19.000 es la confirmación. En cuatro meses, el Ibex ha resistido el mayor shock geopolítico en décadas, ha mantenido su soporte estructural y ha alcanzado un nivel que ningún análisis de mercado situaba en el horizonte inmediato. El objetivo de 20.000 puntos que señalaba Andbank deja de ser una proyección lejana y se convierte en el siguiente escalón visible. La tesis no ha cambiado: los activos que no caducan, que reparten dividendos y que controlan la infraestructura siguen siendo los que el mercado premia cuando el mundo se reorganiza.
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