La Comisión Europea solicitó a la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) que actualizase su estudio de 2006 sobre la ocratoxina A (OTA) en los alimentos, y aunque se concluyó que la investigación debe aumentar en los próximos años, se dictaminó que en altas dosis podía ser cancerígeno para la salud.

La toxina OTA es producida por dos tipos de hongos: Aspergillus y Penicillium, y ya se ha comprobado que causa toxicidad renal en cerdos y tumores en roedores. 

¿Qué alimentos tienen este cancerígeno?

Está presente en numerosos alimentos, según la EFSA.

Algunos de estos son productos cárnicos, queso y cereales, así como, productos a base de cereales, los cuales son los contribuyentes más importantes a la exposición de la OTA.

Pero otros alimentos como las frutas deshidratadas y frescas (uvas, higos y dátiles), y los zumos y los néctares de frutas también contribuyen, aunque en menor medida a la absorción de la OTA, incluso en los productos de confitería a base de regaliz.

Hasta el año 2006, había niveles de ingesta máximos de esta toxina, y estaban regulados por el Reglamento 1881/2006, de 19 de Diciembre de 2006, de la Comisión Europea, pero tras este reciente estudio, se ha concluido que los límites de hace catorce años ya no son válidos en la actualidad.

¿Y ahora qué?

Este cambio de opinión se debe a que en la última evaluación es «más conservadora», según la EFSA, e incluso han variado en su metodología para la medición de los niveles de ocratoxina A en los alimentos y en los órganos y la sangre de los animales.

La EFSA ha concluido que estos niveles deben ser actualizados y pasarán a estudio en los próximos meses, ya que dicha toxina es genotóxica, puede llegar a alterar la cadena del ADN y cancerígena, y ser altamente perjudicial para la salud.

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