
En Tres Cantos la protesta tiene dos pisos. En la calle, la Asociación Vecinal y la plataforma Stop Biogás mueven a miles contra la macroplanta del norte y por la prevención de incendios. En el Pleno, una oposición muy activa —Por Tres Cantos y el PSOE— pelea en todos los frentes: el cementerio, las ayudas del incendio, el deporte, la basura, los medios municipales. Y ambas denuncian lo mismo de fondo: un gobierno que invierte 52 millones en obra vista de cara a 2027 —un bulevar de seis kilómetros, un pádel indoor, un teatro— mientras incumple servicios obligatorios, como el cementerio que la ciudad no tiene desde hace 35. No es que las obras sobren; es que las prioridades están del revés.
1. La calle y el Pleno
Tres Cantos rompe el patrón de los gemelos del A-1 por partida doble: aquí la protesta no solo existe, sino que llega organizada por dos vías a la vez. Por abajo, unos vecinos cultos y con estructura —la Asociación Vecinal, la plataforma Stop Biogás, la Mancomunidad de Soto de Viñuelas— que no protestan un síntoma, sino las decisiones de fondo. Y por arriba, una oposición municipal —Por Tres Cantos y el PSOE— que trabaja cada Pleno todos los frentes. Rara vez coinciden en una ciudad tanta energía cívica y tanta actividad de la oposición; conviene mirar las dos.
2. La calle: Stop Biogás y el fuego
El frente más numeroso está al otro lado del término, en Colmenar Viejo, pero es de Tres Cantos: la plataforma Stop Biogás Colmenar-Tres Cantos, con la Asociación Vecinal, se opone a una macroplanta de biometano y ha reunido a miles de personas bajo el lema «ni tan grande ni tan cerca», con recursos administrativos y un juicio en octubre —mientras la promotora ya empezó las obras sin esperar a que se resolviera la suspensión cautelar—.
El segundo frente es el fuego: tras el incendio de 2025 —el más grave de su historia—, la Mancomunidad de Soto de Viñuelas, con la Asociación Vecinal y la de Empresarios, denunció «abandono institucional» y exigió planes de prevención, señalando que los fuegos nacen precisamente en la fase de crecimiento del norte.
3. El Pleno: una oposición en todos los frentes
Y en paralelo, el Pleno arde. Por Tres Cantos —el partido local— ha llevado moción tras moción: para auditar los costes del reciclaje y renegociar el convenio de ECOEMBES, contra la tasa de basuras, por «el uso no partidista de los medios de comunicación municipales», y ha denunciado que el aumento de ingresos del presupuesto se sostiene con la enajenación de parcelas —vender suelo público para cuadrar las cuentas—. El PSOE por su parte, apuesta por un cementerio de gestión pública y recuerda el incumplimiento legal; presentó una moción de «mejora del deporte en la ciudad»; y ha calificado de «insuficientes» las ayudas a los afectados por el incendio. Vox oscila —a veces con el gobierno, a veces en la abstención—. No es una oposición testimonial: es una que pelea el modelo entero, semana a semana.
4. Las prioridades del revés
Aquí es donde las dos vías se juntan, y donde está el nervio del asunto. El gobierno del PP presentó en septiembre de 2026 su balance con un titular revelador: «el 97 por ciento del programa electoral cumplido», y un plan inversor de más de 52 millones para 2026-2027. ¿En qué? En obra vista: un «Salón Urbano», bulevar de más de seis kilómetros; la remodelación de avenidas y calles; un pádel indoor; un gran teatro; una biblioteca. Nada de eso sobra. El problema es la comparación. Porque esa misma ciudad, con ese mismo dinero, sigue sin cumplir un servicio que la ley marca como OBLIGATORIO: no tiene cementerio, y llega 35 años tarde —solo en 2025 aprobó la ordenanza, aún sin construir nada—; le faltan el tercer centro de salud y el décimo colegio; y financia parte de ese brillo vendiendo su propio suelo. Se invierte en lo que se ve —y se inaugura— antes que en lo que se debe. Las prioridades, del revés, con el calendario electoral de fondo.
5. El punto ciego: la vivienda y El Tagarral
Con todo, queda un hueco que ni la calle ni el Pleno han ocupado del todo. La causa más honda —la que el propio plan confiesa: la vivienda asequible agotada, los jóvenes expulsados— aún no es la bandera unificada de nadie; y la pieza más delicada del nuevo plan —la reapertura, bajo el nombre neutro de «Zona 7», de la finca de El Tagarral, la que costó sesenta millones y donde nacen los incendios— todavía no ha saltado del expediente al debate público. La oposición pelea el gasto, la basura, el cementerio; los vecinos pelean el biogás y el fuego; pero el suelo que se reabre para vivienda donde arde sigue esperando a que alguien lo ponga en el centro. Es el punto ciego de una ciudad, por lo demás, muy despierta.
6. Las palancas que quedan
La primera palanca es de prioridades, y es política: exigir que lo obligatorio vaya antes que lo inaugurable. Un municipio puede construir un bulevar, pero no en lugar del cementerio, del centro de salud o del colegio que la ley y la demanda reclaman primero; y menos financiándolo con la venta de su patrimonio. Es una exigencia que la oposición ya formula y que conviene sostener con números, partida a partida.
La segunda es documental. Las leyes de transparencia —la estatal 19/2013 y la madrileña 10/2019— obligan a la publicidad activa: cabe reclamar por escrito el detalle del plan inversor frente a los servicios pendientes, la autorización ambiental íntegra de la planta de biogás y la cuenta agregada de lo que el nuevo Plan General compromete. Y, sobre todo, aprovechar el periodo de información pública de ese plan para exigir, mediante la acción pública urbanística, dos cosas concretas: que la vivienda realmente asequible sea un objetivo vinculante, y que la reapertura de El Tagarral se nombre, se justifique y se contraste con el riesgo de incendio antes de aprobarse.
Queda la vía penal, con el rigor de costumbre: no toda irritación vecinal es un delito, y hoy la batalla —del biogás, del plan— es administrativa y judicial, que es donde debe estar. La Fiscalía de Medio Ambiente y Urbanismo sería la puerta correcta solo ante dos umbrales, ambos vigilables: que las obras de la planta, ya iniciadas, consumen de hecho lo que un tribunal aún puede anular, o que llegue a operar por encima de los límites de su autorización ambiental (artículo 325 del Código Penal). Son hipótesis; pero, con las obras en marcha antes de resolverse los recursos, no son hipótesis lejanas.
Investigación pendiente
Quedan por confirmar: la resolución de los recursos y del juicio de octubre sobre la planta de biogás; el desglose completo del plan inversor de 52 M€ frente al coste del cementerio, el tercer centro de salud y el décimo colegio; el volumen y destino de las parcelas públicas enajenadas para financiar el presupuesto; y si el periodo de información pública del nuevo Plan General recoge la vivienda asequible y nombra El Tagarral. Tres Cantos es el miembro tecnológico del Clúster 4 · Norte-A-1.



