El 18 de agosto 2026 la Comunidad de Madrid presentó en el Ayuntamiento de Alcalá de Henares la instalación de su Nube Soberana de Inteligencia Artificial, con la previsión de hasta 600 empleos. La noticia se recibió como un logro. En la cuenta que este proyecto viene haciendo, es sobre todo una pieza más: la tercera infraestructura digital que aterriza sobre la misma ciudad sin que nadie sume lo que consume.

La primera parte de este trabajo preguntaba quién suma los recursos de Alcalá; la segunda, quién suma las demandas ciudadanas que ya están sobre la mesa. Esta tercera parte se detiene en algo que ocurrió esta misma semana: un anuncio. Y le hace la misma pregunta.

El 18 de agosto, el consejero de Digitalización de la Comunidad de Madrid, Miguel López-Valverde, presentó junto a la alcaldesa, Judith Piquet, la instalación en Alcalá de la Nube Soberana de Inteligencia Artificial de la Administración regional. La alcaldesa saludó la iniciativa como una muy buena noticia y cerró su intervención con una frase que fija el tono: todo lo que suponga empleo y dinamización económica solo puede recibirse «con agradecimiento y orgullo».

Nada hay de reprochable en celebrar inversión y empleo cualificado. El problema que este proyecto viene encontrando es otro: el anuncio mide la iniciativa en una sola magnitud —el empleo— y omite justamente las que deciden si el corredor puede sostenerla.

1. Lo que dice la nota y lo que no dice

La nota de la concejalía de comunicación del ayuntamiento de Alcalá describe un proyecto estratégico, sitúa a Alcalá en el mapa tecnológico de la región, reivindica el papel de la Universidad de Alcalá y avanza una previsión de hasta 600 empleos. Es, en su registro, una buena noticia institucional.

Lo que no dice es igual de relevante: cuánta potencia consumirá —en megavatios—, en qué emplazamiento exacto se instalará, si empleará agua para su refrigeración y en qué cantidad, si es obra nueva o se aloja en capacidad ya existente, y con qué calendario. En una nota de prensa corriente, esos silencios serían intrascendentes. En un corredor cuyo problema central es que nadie suma la carga acumulada, son la noticia: un dato sin magnitud no se puede sumar.

2. El tercer nodo

Alcalá concentraba ya dos grandes proyectos digitales: Nabiax, que opera 22,3 MW IT y declara escalabilidad hasta 100 MW, y un campus de Microsoft en tramitación urbanística. La Nube Soberana es el tercero.

Los centros de datos no piden, sobre todo, demanda a escala residencial: piden potencia en bloques grandes y, según la tecnología de refrigeración, agua. Por eso la misma ciudad que reconvierte una fábrica en miles de viviendas se consolida como el mayor polo digital del Henares. La red lo sabe: Red Eléctrica inició en junio la línea Anchuelo-Complutum de 220 kV precisamente para atender nuevas demandas residenciales y empresariales del corredor. Cada nodo nuevo tensa ese calendario; si la Nube Soberana encaja en el acceso ya solicitado es, hoy, un dato pendiente de verificar.

3. Cuando quien autoriza también instala

Hasta ahora, en el frente digital de Alcalá los promotores eran privados —Nabiax, Microsoft— y la Comunidad aparecía como autoridad sectorial en energía y medio ambiente. La Nube Soberana cambia ese papel: la Administración regional deja de ser solo árbitro y pasa a ser titular de la infraestructura que instala. Forma parte de una estrategia regional de IA anunciada en mayo que incluye además un Centro de Excelencia y un futuro ordenador cuántico, ligada a la futura Ley de Administración Digital e Inteligencia Artificial.

La consecuencia no es siniestra; es estructural. La misma administración que debe acreditar que hay red y agua para el corredor es ahora, también, demandante de esa red y de esa agua. En esta serie, la Comunidad solía aparecer como actor de fondo; en Torrejón decidió por primera vez de forma directa, a través del PAR. Aquí da un paso más: promueve e implanta infraestructura propia en el municipio.

4. El empleo como titular

La cifra que ha recorrido el anuncio es el empleo: hasta 600 puestos. Conviene leerla como lo que es, una previsión trasladada en la presentación, sin desglose entre construcción y operación, directos e indirectos, ni horizonte temporal.

La distinción no es pedante. La propia ficha de este proyecto advertía de que el crecimiento digital pide potencia en bloques muy superiores al residencial, con una relación empleo/MW baja frente a la industria tradicional. Un centro de datos es intensivo en inversión y electricidad y comparativamente modesto en plantilla estable. Anunciarlo en empleos es legítimo; evaluarlo solo en empleos dejaría fuera, precisamente, la magnitud que decide si cabe.

Y hay un contraste que la segunda parte vuelve inevitable. Mientras el discurso institucional celebra una infraestructura digital, la ciudad que ya existe estaba, este mismo año, en huelga en sus escuelas infantiles, movilizada por la educación especial y reclamando plantilla en el hospital. El empleo es bienvenido; pero la capacidad sobre la que caen tanto los nuevos puestos como las nuevas cargas es, justamente, la que está en discusión.

5. La cuenta del corredor

Nada de esto es exclusivo de Alcalá. El Henares se está convirtiendo en un corredor de centros de datos. Mientras la Comunidad instala aquí su Nube Soberana, el centro de proceso de datos de Iron Mountain en San Fernando de Henares figura, según se difundió en mayo, en la candidatura española a una gigafactoría de inteligencia artificial de la Unión Europea.

Cada municipio aprueba su pieza; no consta un instrumento que sume los megavatios, los metros cúbicos y el tráfico del conjunto antes de autorizar el siguiente. Ese es el «nadie suma» concreto de esta serie: el agua, la red y la movilidad no tienen cuentas separadas por proyecto, porque comparten el mismo río, el mismo corredor eléctrico y la misma A-2.

6. Antes del aplauso

Nada aquí sostiene que la Nube Soberana no deba llegar. Tampoco que su tamaño sea excesivo: su potencia y su consumo de agua se desconocen, y no debe presuponerse que tenga la escala de un hiperescalar. Su valor periodístico no está en su tamaño, sino en que es una pieza más sin magnitudes publicadas sobre un corredor que nadie suma.

Antes de celebrar un anuncio bastaría con poder responder a unas pocas preguntas: cuántos megavatios, desde qué subestación, con qué refrigeración y cuánta agua, en qué plazo, y cómo encaja con Nabiax, con Microsoft, con la vivienda prevista y con las demandas que la ciudad existente ya tiene sobre la mesa.

La primera parte de Alcalá preguntaba quién suma los recursos; la segunda, quién suma las demandas ciudadanas; esta tercera añade una cuestión más pequeña y más tozuda: quién pesa la nube. Porque el aplauso, como de costumbre, llega antes que la factura.

Pie de foto: Miguel López-Valverde y Judith Piquet, 18AGO2026 ©aytoalcala

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