En octubre de 2017 estuvimos quince días por la zona oeste de la isla siciliana. Por el norte desde Palermo hasta Cefalú y por el sur desde Mazara del Vallo hasta Agrigento. También nos movimos por el centro oeste de la isla, ya dimos cuenta de ello en otro relato en uno de los Cuadernos de Bitácora de Periodistas en español.

Nos quedaba por conocer toda la parte este, que ha sido el motivo del viaje, aunque, como siempre, nos hemos perdido cosas y lugares, pero eso es inevitable cuando hay tanto que ver.

Salimos en un vuelo directo a Catania desde Madrid. Aterrizamos sobre las once y media de la mañana, recogimos en el aeropuerto el coche de alquiler y nos dirigimos hacia lo que sería nuestro alojamiento durante una semana. Nos vino muy bien el artículo de nuestra compañera Adriana Bianco sobre su reciente viaje a la misma zona publicado en Aquí Madrid, pocos días antes de nuestra llegada.

Llegamos justo para comprar algunas cosas y poder comer, descansar un rato y comenzar a conocer la ciudad. La casa se encontraba en una calle perpendicular a la Vía Plebiscito, que rodea casi todo el centro de la ciudad de Catania. Estábamos en la parte sur, cerca del Castello Ursino y del puerto. La primera impresión del barrio fue como si nos encontráramos a las afueras de la ciudad, edificios muy deteriorados, las calles muy sucias, basura por todas partes, fachadas ennegrecidas y desconchadas, mucho tráfico y todo muy ruidoso. Y mucha vida en la calle.

Tuvimos la sensación, en cierto modo, de estar en La Habana ya que los edificios se parecen bastante , un par de alturas, fachadas ornamentadas, balcones sujetados por ménsulas, barandillas de hierro realizando filigranas, cornisas con molduras, no más de dos o tres alturas. Al menos La Habana tiene una explicación para tanto abandono, aquí resulta incomprensible, o no.

La visita a esta zona de la isla tenía varios objetivos que no nos han defraudado en absoluto. Conocer el barroco siciliano, subir todo lo posible al Etna, y poder visitar las ruinas grecorromanas que abundan por toda la isla, pero sobre todo dos o tres lugares que iremos contando.

Nuestra casa bien pudo ser un antiguo palacete que ha sido dividido en varios apartamentos en sus dos pisos, una reforma que no está mal pero un poco extraña. Un largo pasillo con las habitaciones a la izquierda, y el salón comedor baños y cocina al fondo a la derecha. La fachada es como las que hemos descrito con una gran puerta de doble hoja. La orientación de la calle, noroeste-sureste, nos permitía ver al fondo el volcán Etna. Solo por eso mereció estar allí.

Bajamos toda la Via Plebiscito hasta el Castell Ursino. Fue construido a mediados de siglo trece (1239) por Federico II, es una fortaleza de planta cuadrada con cuatro torres circulares en cada esquina rodeada por un foso. En la actualidad es un museo que no pudimos ver, se encontraba cerrado.

Seguimos bajando hasta llegar al Giardino Pacini. Había un fuerte olor y es que debajo del viaducto por donde circula el tren se encuentra uno de los mercados de pescado más famoso y caótico de la ciudad, en Piazza Pardo. Nos alejamos un poco y por la Porta Uzeda accedimos a la Piazza del Duomo (la plaza donde se encuentra la Catedral de todas las ciudades que la tienen, catedral, digo).

Esta plaza es el centro neurálgico de la ciudad, es un cuadrado delimitado por la Basilica Cattedrale de Sant´Agata, con su grandiosa fachada barroca, el Pallazo degli Elefanti, el Palazzo dei Chierici, unido a la catedral por la puerta por la que accedimos; en el centro la fuente con el elefante, es el emblema de la ciudad, que sustenta sobre su lomo un pequeño obelisco. En el rincón de la plaza que da la Via Garibaldi se encuentra la Fontana dell´Amenano. En el subsuelo de la plaza se encuentran la Terme Achilliane, que no visitamos.

Sicilia Catania Piazza Duomo ©Pilar Ahijado|Luis González
Sicilia, Catania, Piazza Duomo ©Pilar Ahijado|Luis González

De ella salen tres grandes avenidas, Via Etnea, con el volcán al fondo siempre presente, la Vía Garibaldi y la Vía Vittorio Emanuelle, que las recorrimos unas cuantas veces

La Catania que vemos en la actualidad es el fruto de toda su historia acumulada pero sobre todo de su lucha contra los terremotos y erupciones volcánicas. El gran terremoto finales del siglo diecisiete (1693) ha configurado toda la zona, la ciudad que hoy vemos y que dio lugar al estilo barroco siciliano con su característica piedra volcánica.

Decidimos dejar la plaza por la continuación de la Vía Vittorio Emanuele II hasta la Piazza Martiri della Libertà, contemplando todos los edificios que hay a lo largo de la avenida. Continuamos por la Passeggiata alla Marina. En la Piazza Papa Giovanni XXIII subimos por el Corso Martiri della Libertà, todo bastante sucio y deteriorado, callejeamos un poco por zonas donde había mucha presencia de inmigrantes subsaharianos. Continuamos hasta la Piazza de Stesicoro donde se encuentran las ruinas del Anfiteatro romano de Catania. Volvimos al centro por la Via Alessandro Manzoni y Via Etnea, subimos por Vittorio Emanuelle hasta cruzarnos con la vía Plebiscito, que estaba muy animada con la gente en las puertas de bares, tabernas y restaurantes, incluso con parrillas en la puerta de alguno preparando una buena barbacoa. Bajamos toda esta calle hasta encontrarnos con la nuestra para volver a casa donde cenamos algo antes de acostarnos.

Casale

Con el segundo día empezamos las rutas que queríamos hacer por la zona. El primer destino sería la Villa Romana del Casale que se encuentra en las afueras de Piazza Armerina a unos cien kilómetros de Catania. Salimos sobre las nueve y media de nuestro alojamiento, bueno, en realidad del parking donde dejábamos el coche, que estaba en un solar de una calle más arriba.

El tráfico en Sicilia es tremendo, ya lo sufrimos la otra vez, pero esta vez ha sido incluso peor. Como ya dijimos el código de circulación es una mera sugerencia de comportamiento vial, cada cual lo interpreta como considera oportuno en cada situación, los «ceda el paso», los «stop», las rotondas, los pasos de cebra, las líneas continuas de las carreteras, los semáforos, las señales horizontales o verticales están para «tu información» no para que cumplas lo que indican. Conducir por esta tierra requiere de la máxima atención y concentración porque en las ciudades coches y motos te pueden salir por cualquier lado y en carretera tienes que dejar que practiquen su estilo de conducción, si circulas a la velocidad indicada, con una línea continua y un coche avanzando en sentido contrario, si te viene uno por detrás a toda pastilla, lo que tienes que hacer es echarte al arcén, circular por él y agradecer que no te haya llevado por delante. Y por supuesto nada de reproches. Francamente, la conducción por esta zona no ha sido nada divertida.

Salimos como pudimos de la ciudad por la puerta de Garibaldi para tomar la A19 una autovía que dejamos donde se encuentra el Sicilia Oulet Village, como el de las Rozas de Madrid pero de la isla de Sicilia, en ese punto tomamos un tramo de la SP75 para inmediatamente tomar la SP4 y después la SS117bis que nos llevó casi hasta la villa romana.

Esta villa parece que la mandó construir Maximiano, el siguiente en el escalafón tras el emperador Diocleciano, parece que era su residencia de caza en la isla, y hoy está declarado como el mayor y mejor conjunto de mosaicos romanos del mundo, nada menos. Se estuvo construyendo durante cincincuenta años entre los siglos tres y cuatro de nuestra era.

Es un conjunto com más de sesenta estancias, todas, o casi, decoradas con magníficos mosaicos, algunos verdaderamente extraordinarios. Pero la propia Villa debió ser un conjunto de edificaciones impresionantes, públicas y privadas, para el servicio y para huéspedes. Pórticos, termas, fuentes, patios, basílicas, comedores, habitaciones, letrinas privadas y públicas. Todavía se pueden apreciar no sólo los mosaicos también los frescos en algunas paredes o lo que queda de ellas.

Toda la villa está preparada para que el visitante la vaya recorriendo por los pasillos elevados que protegen mosaicos y que estos se puedan a la vez contemplar y nos podamos hacer una idea de como era realmente la villa.

Veamos algunos de los mosaicos más interesantes…

Rodeando el peristilo cuadrangular que se encuentra en la entrada, después del vestíbulo, y en el que se desarrollaba la vida social en la villa, entre las columnas que lo rodean y las estancias encontramos que todo el suelo alrededor es un mosaico de cuadrados decorados con cenefas que se entrelazan y los enmarcan, en el interior círculos vegetales y en el interior de éstos cabezas de animales, todas diferentes.

En el vestuario privado de las termas nos encontramos al emperador y su familia con personal de servicio. Las imágenes corresponden a los suelos que a veces las tomas de las fotos nos pueden confundir.

En la sala de al lado se aprecia una escena de carreras de animales exóticos en un hipódromo con un obelisco en el centro.

A lo largo de todo el corredor que precede a la gran basílica y dependencias privadas nos encontramos con otro extraordinario mosaico que recrea las escenas de caza de los animales salvajes que luego aparecerán en los espectáculos del Coliseo romano, son de una belleza y calidad excepcionales.

Toda la villa está llena de estos tesoros, cualquier explicación se queda corta, de ahí la importancia de la visita de este lugar. Pero para terminar y antes de abandonar la Villa Romana del Casale os dejamos con uno de los mosaicos más exquisitos y posiblemente el más famoso, el llamado «Dieci fanciulle in costume succinto» que viene a ser «Diez muchachas vestidas ligeramente» o … en bikini. También se pueden apreciar los restos de las pinturas en la pared, así como en la parte superior izquierda el mosaico con figuras geométricas que hubo anteriormente.

Piazza Armerina

Dejamos la villa y subimos al pueblo de Piazza Armerina, que pertenece a la provincia de Enna en la Sicilia central, que además de la Villa Romana tiene de interés su Duomo, construida entre el siglo diecisiete y dieciocho así como su castillo aragonés.

Es una ciudad de unos veinte mil habitantes con un centro bastante bonito y aseado. La catedral se encuentra en la zona más alta de la ciudad y nos vino bien subir a ella después de haber comido unos excelentes platos en la Trattoria Del Goloso.

Desde el Palazzo Trigona habían dispuesto una pasarela para ensayar un desfile de modas, suponemos, mientras un paisano nos deleitó con unos cantos sicilianos a capella. Tuvimos que dejarlo con el canto en la boca ya que la hora de recoger el coche llegaba y no nos podíamos exponer a una multa.

Caltagirone

Dejamos Piazza Armerina y nos dirigimos por la SS117bis y SS124 a Caltagirone, que pertenece a la provincia de Catania, tiene unos treinta y seis mil habitante largos. Como Piazza también está en un cerro, en realidad en dos. Pero sólo estuvimos donde se encuentra la Escalinata di Santa Maria del Monte y callejeando por las calles adyacentes.

Este pueblo es muy famoso por la cerámica con orígenes musulmanes y normandos. Son piezas muy coloridas y recargadas. Sin embargo, lo más interesante es la Scalinata de Santa Maria, construida en el s diecisiete para salvar el desnivel de la ciudad baja con la parte alta y más nueva, el centro histórico, tiene unos 140 escalones. La parte vertical de esos escalones están decorados con baldosas cerámicas con motivos geométricos. En nuestra visita nos la encontramos con algunos peldaños llenos de flores con la bandera italiana, el número ochenta y un dibujo con macetas.

Dejamos Caltagirone dando por concluida la jornada, había que volver a Catania y nos quedaba al menos hora y media de vuelta en coche.

Taormina

El tercer día iríamos hacia el norte, a Taormina a medio camino entre Catania y Mesina. Una vez que conseguimos salir de la ciudad que nos llevaría al menos media hora tomamos la autoestrada E45 que te deja a las puertas de la ciudad, son poco más de cincuenta kilómetros desde Catania pero se tarda al menos una hora. Pero sin duda merece la pena.

Taormina fue fundada como colonia de Siracusa en el siglo tercero antes de nuestra era, en el monte Tauro, un emplazamiento privilegiado sobre los acantilados y el mar. Lleva sobre sus cuestas todas las civilizaciones que han pasado por allí, griegos, romanos, árabes, normandos, aragoneses, siempre sicilianos.

Es uno de los enclaves turísticos más importantes de la isla, está bien preparada para ello, pero quizás ya se está llegando a un punto que haga que sea insostenible. A principios de mayo la calle principal, Corso Umberto, que va desde la puerta de Catania hasta la de Mesina, era muy complicado recorrerla debido a la gran cantidad de personas que deambulábamos por allí.

Además de las puertas de entrada, hay que visitar la Piazza del Duomo, la Torre dell´Orologio, la Piazza IX de Aprile y contemplar las vistas desde el Belvedere.

Pero sin duda lo más importante es el Teatro Griego. Esculpido en la ladera en el siglo tres a.C. con unas vistas impresionantes sobre la bahía que permitían perder la vista si el espectáculo representado no era de tu agrado.

Sicilia, Taormina , Vista de la cavea el escenario y bahía ©Pilar Ahijado|Luis González
Sicilia, Taormina , Vista de la cavea el escenario y bahía ©Pilar Ahijado|Luis González

Fue reformado en el siglo uno por los romanos para hacer un foso circular que también pudiera albergar lucha de gladiadores, perdiendo algunas gradas y parte del escenario.

Su acústica es tan buena que se puede escuchar a los bañistas de las playas que se encuentra justo debajo, o eso dicen.

Dejamos la ciudad por la Puerta de Mesina, recogimos el coche del aparcamiento donde le habíamos dejado y nos dirigimos a un espacio natural no muy lejos de allí, hacia el interior, llamado Parco Fluviale dell´Alcantara. Pero antes decidimos parar a comer en un restaurante que había allí.

La trattoria La Porta del Reall Al-Qantarah donde Saro, su dueño, nos atendió amablemente. Al principio estábamos un poco reticentes, el local estaba vacío, salvo dos personas al fondo del salón que estaban comiendo, que inmediatamente pararon al vernos, eran Saro y la cocinera. La música que estaba sonando ya nos invitaba a quedarnos, pop-rock de los años setenta.

El restaurante estaba lleno de fotos con toda la gente grande de la música de los sesenta y setenta. Había recortes de periódico con fotos de nuestro anfitrión atendiendo diversas barras y confraternizando con músicos de pop y jazz. En cuanto supo que éramos españoles nos puso a Triana, que nos acompañó durante toda la comida, detallazo, además se sabía las canciones. Agradecidos y repuestos nos despedimos de este entrañable personaje.

La intentona de acceder a ese parque natural fue un fracaso, había que pagar y no estuvimos dispuestos.

Como nos volvimos pronto a Catania nos dio tiempo para descansar un rato y al caer la tarde pudimos pasear de nuevo por el centro de la ciudad. En esta ocasión dedicamos un buen rato a recorrer la Vía de la Crociferi repleta de Iglesias barrocas. Esta calle comienza en la Piazza de San Francesco d´Assisi, nosotros la recorrimos al revés, desde la parte de arriba.

Accedimos por una escalera poco cuidada y que invitaba a evitarla, sobre todo de noche, no dudamos, subimos. Dejamos detrás la puerta de acceso a la Villa Cerami. A medida que avanzamos nos íbamos encontrado con las típicas casas o palacete barrocos, grandes puertas con arcos o frontones, balcones con ménsulas sujetándolos, barandillas más o menos elaboradas.

La primera iglesia a la derecha la de San Camilo con portada convexa, a continuación la de San Giulano, con fachada cóncava, en frente la fachada del Collegio dei Gesuiti, a continuación la iglesia de San Francesco Borgia con sus escaleras y columnas, y finalmente la iglesia de San Benedetto, antes de llegar al Arco del mismo nombre y que comunica los edificios de derecha e izquierda.

Llegamos a la Piazza de San Francesco d´Assisi con ganas de descansar un rato, nos sentamos en una terraza allí mismo, nos tomamos unas Peroni, escuchamos a un tenor cantar, muy bien, se lo reconocimos y cuando terminamos nuestra consumición volvimos hacia nuestra casa, hora de descansar.

Algún tendero del barrio nos advirtió de que tuviéramos cuidado al volver por la noche a nuestro barrio, callejeamos por toda la zona acortando y ciertamente, las calles estrechas, la poca iluminación, la basura en las calles, los edificios oscuros,… invitaban a tener cuidado pero en ningún momento de nuestros paseos nocturnos tuvimos el más mínimo incidente, a veces nos impone más el miedo que la propia realidad y vemos fantasmas donde solo hay gente intentando llevar su vida.

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Luis González Carrillo
Cordobés de nacimiento y comunero al vivir en estas tierras de Madrid desde mi infancia. Funcionario de la administración local durante más de cuarenta años ya jubilado; redactor de miles de informes y comunicaciones que me han permitido ganar la concreción y claridad necesaria, eliminando todo lo accesorio, para componer poemas con la métrica japonesa del haiku, tres versos de cinco, siete y cinco sílabas, habiendo editado dos libros con estas composiciones, Haikuario y En la frontera; esa misma experiencia, y sus lecturas, me han permitido comentar algunos cientos de libros de novela y ensayo publicados en diversos medios locales. Durante dos años y medio he publicado de manera regular en Periodistas en Español artículos bajo la denominación de Cuaderno de bitácora, en un claro homenaje a la serie Star Trek. Una vez abandonada la nave intento volver a escribir Desde mi ventana.

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