Alzo la vista y veo el Etna. He llegado a Sicilia, tierra de pasiones.

Sicilia es la isla más grande del Mediterráneo y es un palimpsesto histórico. La habitaron en el neolítico, la ocuparon los fenicios, los griegos se enamoraron de ella, pasaron los bizantinos, estuvieron los árabes, hasta que fueron expulsados y Roger II consiguió unificar el sur de Italia y la isla.

Sin embargo, continuaron las invasiones. Estuvo bajo el control de España trescientos años. En 1860, Garibaldi desembarcó en Sicilia y reavivó la llama patriótica uniéndola a Italia.

La pasión no es solo histórica, la pasión es también religiosa, varios santos nacieron en su suelo, tiene más de mil iglesias y sus fiestas patronales y de Pascuas son famosas.

San Ángel de Sicilia, judío converso predicó en Sicilia y murió asesinado por un cátaro. Santa Águeda, nacida en Catania, fue amada por Quintiano, pretor romano, quien despechado, la denunció por cristiana y la torturaron cortándole los senos: Santa Rosalia, patrona de Palermo, la capital de Sicilia, luchó contra las pestes. Santa Lucia, perseguida por ser cristiana, es patrona de Siracusa y de la vista, puesto que tenía muy bellos ojos que le fueron arrancados. La pasión religiosa es parte de la cultura siciliana.

Sicilia apasiona, además, por su geografía: praderas fértiles, puertos estratégicos y archipiélagos de islas encantadoras que son la delicia de los amantes de la náutica. Los volcanes Etna, Stromboli, Vulcano, atraen a los vulcanólogos y se imponen en el paisaje.

Los primitivos cristianos consideraban al volcán la puerta del infierno, contrariamente las laderas del Etna son benéficas para la siembra y los sicilianos lo bendicen como a un Dios, por los vinos, las olivas, su fertilidad. Sigue activo y ha tenido varias erupciones, la más reciente en 2025.

Le comento al joven chófer que Julio Verne escribió su novela Viaje al centro de la tierra, inspirado en el Etna.

– «Ma, piu apassionato e il volcano Stromboli». me dice mientras acomoda mi mochila en el taxi.

Entonces le digo que lo vi en la maravillosa película «Stromboli», filmada en 1950, con la actriz Ingrid Bergman, quien se enamoró locamente del director del filme, Roberto Rosellini.

Arranca el auto y el joven me dice: «Vi la película con mi madre y ella siempre llora cuando la ve».

Para disfrutar Sicilia puedes llegar por tren, mar o avión. El aeropuerto de Catania es menos congestionado que el de Palermo. Sicilia tiene buen transporte, pero preferimos alquilar un auto.

En temporada baja se puede elegir hospedaje, diversos precios y gustos, un hotel con jacuzzi, no está mal, siempre es conveniente cercano al centro de las ciudades, pero para variar son muy recomendables los albergues de agroturismo.

Catania

Visitamos Catania, fundada por los griegos en el siglo octavo antes de Cristo, al pie del volcán Etna. Recorremos el casco antiguo, la ciudadela luce sucia y decadente. La ancha avenida nos conduce a la Catedral de Santa Agueda, estilo barroco siciliano, con una amplia nave. La vendedora de objetos sacros me dice que debía haber venido para las Pascuas cuando sacan a la Santa en procesión y toda la ciudad es una fiesta.

Caminamos hacia la primera Universidad de Sicilia fundada en 1434, por el rey Alfonso V de Aragon, hoy considerada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Veo una cerámica con cabeza de un moro. El dueño del local me cuenta entonces la leyenda: «Era la época de la dominación árabe; en el barrio de Kalsa, allí vivía una bella siciliana que cuidaba las plantas de su balcón, un moro al verla se enamoró locamente de ella y la pasión los envolvió. La joven se entera que es casado con hijos en su tierra, le corta la cabeza y la coloca en el balcón como jarrón. Otros, cuentan que los dos jóvenes se amaban, pero frente al amor imposible, la familia los mata y expone sus cabezas en el balcón. Las dos versiones nos hablan de una fuerte pasión. Nuestros ceramistas realizan estos diseños coloridos y sus talleres pueden visitarse en la región».

Agradezco la leyenda y busco una pizzería, atendida por un argentino de origen siciliano, recordamos la colectividad siciliana en Argentina. Cuando era actriz me invitaron varias veces a su asociación. Me regalaban canastas de frutas y verduras porque los sicilianos manejaban el mercado de estos productos en Buenos Aires.

Cabe destacar que la gastronomía siciliana es famosa con su pasta allá Norma y los arancini, bola empanizada, muy sabrosa y popular.

En nuestro segundo día, visitamos algunas iglesias, casi todas de la época Barroca: San Francisco de Asís, San Benedetto de Norcia y la lista continúa.

Se destaca el Castillo de Ursini, aunque el lugar tiene encanto con sus barcitos y trattorias, revela una decadencia lamentable.

Seguimos nuestro viaje y paramos en un albergue agroturístico, una antigua casona vitivinícola, donde se elaboraban vinos de la región, con vistas al Etna. Y no solo con vistas, a pocos kilómetros se encuentra el centro donde despegan los helicópteros que vuelan sobre la cresta del volcán. Decidimos vivir la aventura y volamos. ¡Una emoción increíble!

Taormina

La ruta se hace cada vez mas empinada, con curvas y miradores espectaculares hasta llegar a un cruce donde hay que estacionar el auto y continuar a pie. El panorama del mediterráneo nos embelesa.

Recorro el «Corso Umberto» donde se agolpan boutique, negocios y restaurantes.

  • «Taormina es historia viva desde Grecia hasta nuestro actual Festival de Cine y Arte-» me dice Máximo, del Palazzo Municipale, quien me atiende y me informa «a la italiana».

Visito la Galería de arte donde Gabriel me reseña los artistas locales, me muestra joyas hechas en lava y oro y me cuenta del mármol de Taormina que se encuentra en los altares de las iglesias.

Me sorprende el muñeco «Pinocho» en una vidriera, su fabricante me dice con orgullo: «Esto es artesanía italiana».

Los artesanos italianos defienden la calidad de sus obras frente a las copias chinescas. La diferencia es evidente.

Busco un restaurant y lo encuentro, en Vico Carameo, con terraza frente al mar y comida típica italiana. «Todo es fresco y hecho aquí, somos una familia dedicada al restaurante desde hace un siglo»- me dice uno de los dueños. Es un placer comer como cocinaban mis abuelos».

Al día siguiente vistamos el famoso teatro greco-romano de Taormina. Un guardián me cuenta: «Este teatro está vivo, grandes cantantes, opera, jazz, el festival de cine, siempre lleno, también se presenta teatro clásico y vale la pena verlo».

Taormina, con excepcionales panorámicas, enamora, como enamoró a Goethe, Nietzsche, Wilde y a todos los que la conocemos.

Siracusa

Vamos a Siracusa, ciudad Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Encontramos por internet un hotel boutique y nos sentimos «en casa». Salimos a recorrer la pequeña isla de Ortigia, conectada al continente por bellos puentes. Recuerdo cuando estudiaba griego como se alababa a Siracusa, fundada en el siglo octavo antes de Cristo y mencionada también en la Biblia. La visitó el poeta Píndaro, Esquilo y San Pablo, y, aquí nació el científico Arquimides.

Hay un aparcamiento costero, en malas condiciones, pero donde se puede dejar el auto. La isla conviene caminarla, pero hay unos carritos que hacen el recorrido hasta el fuerte, (negocie precio), para tener un panorama general.

El fuerte fue construido durante el Reino de Aragón, es una estructura medieval bien conservada. Bajamos por el barrio judío y sus baños, la iglesia de la Colegiatura, la plaza Arquímedes, la iglesia de Santa Lucia patrona de Siracusa, hasta llegar a la plaza del duomo.

Estoy frente a la gran fachada barroca de la catedral (en reparaciones), construida sobre la base del templo de Atenea, remodelada por los romanos, convertida en mezquita, rescatada en templo bizantino, con dos bellos iconos, y, finalmente con altares cristianos dieciochescos. Resume la pasión religiosa de todos los tiempos.

  • Ti ricordo, cara, pela la tua emozione. – me dice el guía de la entrada y me invita a pasar.

Me senté en una banca, ya no había gente, veo las columnas dóricas, las arcadas musulmanas, los altares cristianos, comprendí la pasión por Dios de todas las civilizaciones, oí los rezos, las plegarias en muchas lenguas, llantos y alegrías de distintos pueblos… La pasión del hombre por creer…

Atardece y caminamos junto a la ribera, descansamos, tomando un «gelato», frente al mar bajo árboles añejos. Giramos hacia la plaza Arquímedes, donde vive el mito de Aretusa, ninfa que, asustada por la pasión de Alfeo, se arrojo al mar y llegó a la isla Ortigia donde la diosa Diana la protegió convirtiéndola en una bella fuente. Su amado pidió ser río para mezclarse con las aguas de la fuente. ¿Qué diría Arquímedes de este mito pasional?

Al día siguiente, visitamos al Parque Arqueológico, su origen se remonta al siglo tercero antes de Cristo. Al entrar vemos el gran anfiteatro donde se celebraban los combates de los gladiadores, a un costado, los restos del altar de Zeus que mandó construir Hieron.

Siguiendo el sendero llegamos al monumental teatro que conserva las gradas que alojaron hasta diez mil espectadores y se llenaba para ver las tragedias griegas, en verso

El lugar es extraño porque geológicamente está formado por canteras gigantes, de donde se extraía la piedra para los templos. Siguiendo el sendero se visitan las grutas que sirvieron de prisión, por el eco, se solían escuchar las confesiones de los presos. La cueva más alta y larga es la llamada «Oreja de Dionisio», con una acústica excepcional.

Por otro sendero, se llega a la tumba de Arquímedes, creador del famoso «Principio de Arquímedes» que aún se estudia en las escuelas.

Si no está muy cansado, con auto o caminando diez minutos, lo invito a visitar el Museo Arqueológico Paolo Orsi, arqueólogo que se destacó en estos descubrimientos. Es un edificio moderno con una moderna museología y la colección abarca desde la prehistoria hasta la época griega. Especial para los apasionados de la arqueología.

Noto

Llegamos a Noto, pequeña ciudad, reconstruida después del terremoto de 1693, revalorizando el barroco siciliano. Hay mucha animación, los estanquillos ofrecen artesanías, productos de la región y antigüedades. Nos recibe un gran arco y los recuerdos de Garibaldi y la unificación de Italia. Noto es Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO desde 2002.

Visitamos el Ayuntamiento y la iglesia de San Carlos Borromeo, arzobispo reformista y profundamente devoto.

A solo ocho kilómetros de Noto se encuentra Noto Antica, la primera ciudad griega. Decidimos conocerla, atravesando la campiña siciliana. Nos sorprende una gran muralla y su torre, vestigios medievales, el resto de la ciudad fue destruida por el terremoto; las piedras recuperadas, fueron trasladadas a Noto, que ya visitamos.

Hay un parque arqueológico con una necrópolis neolítica a espaldas de la muralla, con cuevas prehistóricas que se pueden visitar y cuya información pudimos verla en el Museo Arqueológico de Siracusa.

Agrigento

Famosa por el Valle de los templos, Agrigento fue relevante ciudad griega, llegar a ella es completar la visión de la Magna Grecia en tierra siciliana. Guerras y dominaciones no le restaron su esplendor. En 1860 se unió a Garibaldi.

Hoy es un centro turístico por la conservación de sus siete templos monumentales de estilo dórico, construidos en los siglos seis y cinco antes de cristo, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1997.

El templo de la Concordia sobrecoge por su imponencia, dedicado a Castor y Polux, fue convertido en iglesia cristiana, tal vez por eso lo heredamos en buen estado, cumpliendo su destino de «casa de Dios».

Un rápido recorrido por la ciudad nos muestra edificios medievales y barrocos en el marco de la modernidad.

No pasaremos por Palermo, capital de Sicilia. La novela «El Gato Pardo» de Lampedusa y el extraordinario filme de Visconti nos han revelado el lado oscuro, corrupción, mafia que aterrorizó en los 80/90. «Vivíamos con miedo. Fue muy duro»- me confiesa una anciana.

Preferimos quedarnos con la Sicilia del amor de Ingrid y Rosellini, las Santas Agatha y Lucia, los templos y teatros griegos, el gran Duomo de Siracusa, las vistas de Taormina y el volcán Etna, que nos despide entre las nubes, con su imponente majestuosidad.

Chau, Sicilia. ¡Tierra de pasiones!

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