Los candidatos demócratas y sus aliados han gastado más de 163 millones de dólares desde el 1 de septiembre en anuncios televisivos que mencionan a Donald Trump. La inversión convierte las elecciones legislativas del 3 de noviembre en un referéndum sobre el presidente, precisamente cuando una nueva encuesta sitúa su aprobación en el 36 por ciento entre los votantes registrados.

Los anuncios demócratas que nombran al presidente se han emitido cerca de 180.000 veces en televisión abierta, cable, plataformas de transmisión y otros soportes audiovisuales. En el mismo periodo, los republicanos han dedicado unos 11 millones de dólares a piezas que hablan de Trump y las han difundido alrededor de 16.000 veces.

Las cifras proceden de un análisis de Associated Press basado en datos de AdImpact, la firma que sigue la contratación de publicidad política. La comparación no incluye toda la comunicación digital de las campañas, pero revela una diferencia de quince a uno en el gasto televisivo destinado a relacionar las contiendas con el presidente.

Trump pide que los votantes imaginen su nombre en la papeleta

La nacionalización de la campaña no ha sido impuesta únicamente por la oposición. Trump ha pedido a sus seguidores que actúen como si él figurara en la papeleta y ha recorrido estados favorables a los republicanos para movilizar a una base que muestra menos entusiasmo que la demócrata.

La estrategia presidencial pretende transferir a los candidatos conservadores la lealtad personal que mantiene una parte del electorado republicano. Como informó este Observatorio al comenzar octubre, la Casa Blanca programó una gira por estados y distritos donde la participación de la base podía resultar decisiva.

Los demócratas han aceptado el planteamiento, pero le han dado la vuelta. Sus anuncios asocian a los aspirantes republicanos con los aranceles, la guerra con Irán, el encarecimiento de los seguros sanitarios y el coste de alimentos y combustibles. Trump aparece como el vínculo común entre decisiones nacionales y problemas económicos que los votantes perciben en su vida cotidiana.

El presidente es el cuarto asunto más mencionado en la publicidad demócrata para la Cámara y el Senado, por detrás de la sanidad, los impuestos y las acusaciones de que un candidato responde a intereses especiales. En los anuncios republicanos, Trump ocupa el puesto 33 entre las categorías clasificadas por AdImpact; los temas principales son los impuestos y la delincuencia.

Georgia muestra cómo funciona el mensaje

El senador demócrata Jon Ossoff ha destinado cerca de tres millones de dólares a un anuncio que presenta a su rival republicano, el representante Mike Collins, como aliado del presidente. La pieza vincula sus votos con la guerra en Irán, los aranceles y la subida de las primas sanitarias.

Trump viaja este viernes a Dalton, en el noroeste de Georgia, para respaldar a Collins y al candidato republicano a gobernador, Rick Jackson. La visita convierte en acto de campaña la misma identificación que explota la publicidad demócrata: el presidente quiere movilizar a sus seguidores, mientras Ossoff y la candidata a gobernadora Keisha Lance Bottoms confían en que su presencia recuerde a los votantes el coste de sus políticas.

Georgia también expone las divisiones republicanas. Collins ha tratado de presentarse a la vez como partidario de Trump y como un legislador dispuesto a trabajar con ambos partidos. Jackson, quien comparó durante las primarias su trayectoria empresarial con la del presidente, menciona ahora con mayor frecuencia al gobernador Brian Kemp. Kemp no tenía previsto participar en el acto de Dalton.

La última encuesta localizada sobre el Senado de Georgia, elaborada por Trafalgar Group del 7 al 9 de octubre, sitúa a Ossoff en el 51 por ciento y a Collins en el 43 por ciento. La firma, identificada como republicana, entrevistó a 1101 votantes probables y comunicó un margen de error de 2,9 puntos. El sondeo muestra una ventaja demócrata, pero no mide el efecto específico de la visita presidencial ni de una pieza publicitaria.

El mensaje uniforme puede borrar diferencias entre candidatos

Presentar cada elección como un voto sobre Trump simplifica la campaña, pero también tiene riesgos. En el primer distrito de Pensilvania, por ejemplo, todos los anuncios demócratas emitidos desde el 1 de septiembre mencionan al presidente para atacar al representante republicano Brian Fitzpatrick.

Fitzpatrick, sin embargo, votó contra los aranceles de Trump y contra su facultad para mantener la guerra con Irán sin autorización del Congreso. Su rival demócrata, Bob Harvie, trata de convencer a los electores de que esas discrepancias no compensan otros votos alineados con la Casa Blanca. El caso muestra por qué la publicidad debe distinguir entre la pertenencia al partido presidencial y el historial concreto de cada congresista.

El Comité Nacional Republicano sostiene que el gasto demuestra que los demócratas carecen de una agenda propia y centran su propuesta en investigar, obstruir o destituir al presidente. Los estrategas demócratas responden que la publicidad refleja la principal preocupación de los votantes: la capacidad para pagar los gastos cotidianos y la responsabilidad política por las decisiones que han encarecido esos costes.

La eficacia de ambos argumentos dependerá de si la campaña se interpreta como un juicio sobre Trump, como una elección entre candidatos locales o como una combinación de las dos cosas. Ningún dato de gasto publicitario permite concluir por sí solo que un mensaje persuasivo sea más efectivo por repetirse más veces.

Ocho de cada diez votantes reclaman un cambio profundo

La decisión demócrata de personalizar la campaña coincide con un nuevo estudio de AP-NORC. Ocho de cada diez votantes registrados quieren cambios sustanciales o una transformación completa en la manera de gobernar el país. Incluso entre los republicanos, un 45 por ciento reclama cambios sustanciales y un 13 por ciento una ruptura completa.

La economía es una prioridad para el 85 por ciento de los votantes y el coste de la vida para el 84 por ciento. La sanidad alcanza el 69 por ciento y la guerra con Irán el 64 por ciento. La inmigración y la delincuencia, asuntos más favorables para Trump, son prioritarios para el 45 por ciento.

El 36 por ciento aprueba la gestión general del presidente y el 64 por ciento la desaprueba. En los asuntos que dominan la campaña, su posición es más débil: el 79 por ciento desaprueba su respuesta al coste de la vida y el 74 por ciento su gestión económica. Entre los republicanos, la aprobación baja al 44 por ciento en coste de la vida y al 54 por ciento en economía.

AP-NORC efectuó la encuesta del 8 al 12 de octubre mediante AmeriSpeak, el panel probabilístico de NORC en la Universidad de Chicago. Entrevistó por internet y teléfono a 1119 adultos, incluidos 925 votantes registrados. El margen de error es de 3,9 puntos para la muestra completa y de 4,2 puntos para los votantes registrados.

La ventaja demócrata no equivale a una mayoría de escaños

El mismo estudio encuentra que el 47 por ciento de los votantes prefiere el control demócrata de la Cámara y el 46 por ciento el del Senado, frente al 38 por ciento que desea mantener a los republicanos al frente de cada cámara. Un 15 por ciento continúa indeciso.

La diferencia también aparece en la movilización: cerca de tres cuartas partes de los demócratas consideran extremadamente importante votar, frente a seis de cada diez republicanos. La mayor intensidad no garantiza que todos ellos acudan a las urnas, pero constituye el tipo de desequilibrio que Trump intenta corregir con su gira.

El promedio nacional de Track the Vote del 16 de octubre mantiene a los demócratas 8,7 puntos por delante en el voto genérico al Congreso. Es una agregación nacional y no una proyección de escaños; la distribución territorial y la participación efectiva pueden modificar el resultado.

En los 37 distritos de la Cámara clasificados como competitivos por el Battleground District Project de Cook Political Report, los demócratas alcanzaban el 49 por ciento y los republicanos el 47 por ciento. El sondeo entrevistó del 8 al 11 de septiembre a 1052 votantes probables y tiene un margen de error de 3,02 puntos, de modo que la diferencia queda dentro del intervalo.

Los 163 millones de dólares muestran que los demócratas quieren que Trump sea el protagonista de la elección, y la escasa publicidad republicana que lo menciona revela que muchos candidatos prefieren hablar de otros asuntos. La votación del 3 de noviembre decidirá si el presidente consigue movilizar a su base o si termina convirtiéndose en el argumento más costoso de la oposición.

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