El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, rechazó el sábado una propuesta iraní para reabrir el estrecho de Ormuz y reanudar las negociaciones nucleares. Sin embargo, un día después aseguró que espera nuevos contactos diplomáticos durante esta semana, en un giro que mantiene abierta una posible salida negociada sin detener la presión militar y económica sobre Teherán.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, rechazó el sábado una propuesta iraní para reabrir el estrecho de Ormuz y reanudar las negociaciones nucleares. Sin embargo, un día después aseguró que espera nuevos contactos diplomáticos durante esta semana, en un giro que mantiene abierta una posible salida negociada sin detener la presión militar y económica sobre Teherán.

La oferta, transmitida mediante intermediarios, planteaba la reapertura del paso marítimo y la vuelta a las conversaciones en el plazo de una semana. A cambio, Irán reclamaba que Estados Unidos levantara el bloqueo naval de sus puertos, retirara las sanciones aplicadas a las exportaciones de petróleo y restableciera el alto el fuego regional, incluido el frente libanés.

Trump confirmó públicamente que había rechazado las condiciones. «Rechazo su propuesta», declaró el sábado, antes de afirmar que Irán busca ahora un acuerdo porque está perdiendo la guerra. La negativa no supuso, no obstante, una ruptura definitiva: el domingo, el presidente adelantó que los negociadores estadounidenses volverían a mantener conversaciones con representantes iraníes.

Dos negociaciones diferentes dentro de una misma crisis

La discrepancia fundamental reside en el objeto de la negociación. Teherán pretende concentrar las conversaciones en la reapertura de Ormuz, el bloqueo de sus puertos y la venta de petróleo. La Administración Trump exige, además, concesiones sobre el programa nuclear iraní antes de modificar la presión militar o económica.

La posición estadounidense combina así dos mensajes: rechazo a aceptar el paquete presentado por Irán y disposición a continuar negociando. Este margen permite a Trump sostener que no ha cedido ante las exigencias iraníes, al tiempo que evita declarar agotada la vía diplomática.

La conversación tampoco equivale todavía a un acuerdo, un alto el fuego o una suspensión del bloqueo. No se han anunciado fechas, representantes ni un marco formal para la nueva ronda. Tampoco existe confirmación de que Washington esté dispuesto a revisar las sanciones petroleras o las operaciones navales antes de obtener compromisos nucleares.

Ormuz continúa siendo la principal palanca iraní

El estrecho de Ormuz conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán y constituye una de las rutas energéticas más importantes del mundo. Según la EIA, antes de la guerra atravesaba este paso más de una cuarta parte del comercio marítimo mundial de petróleo y alrededor de una quinta parte del consumo global de crudo y productos derivados.

Las estimaciones más recientes de la agencia energética estadounidense sitúan el tránsito en unos 4,9 millones de barriles diarios durante el segundo trimestre de 2026. La cifra queda muy por debajo de los 21,6 millones diarios registrados en el último trimestre de 2025, antes del conflicto.

Esta reducción convierte la reapertura del estrecho en una cuestión que supera la relación bilateral. Afecta a los países productores del Golfo, a las rutas de suministro hacia Asia y Europa y al precio internacional de la energía. También tiene consecuencias internas para Trump, porque la prolongación de la crisis puede trasladarse al coste del combustible y reforzar la preocupación de los votantes por el coste de la vida.

Presión política sobre la estrategia de Trump

El presidente defendió la semana pasada ante las Naciones Unidas su actuación contra Irán y acusó al Gobierno iraní de intentar aplazar cualquier acuerdo hasta después de las elecciones legislativas estadounidenses. Con ello vinculó públicamente la negociación nuclear con los comicios del 3 de noviembre.

La oposición a una guerra prolongada tampoco se limita al Partido Demócrata. El Congreso ya ha registrado un respaldo republicano sin precedentes a una iniciativa destinada a poner fin a la intervención en Irán, aunque sus promotores todavía no disponen de una mayoría suficiente para imponer un cambio de estrategia a la Casa Blanca.

Para Trump, mantener abiertas las conversaciones ofrece una respuesta parcial a ese frente interno. Puede presentar la negociación como resultado de la presión militar, mientras conserva la posibilidad de rechazar cualquier acuerdo que no incluya restricciones nucleares. El riesgo consiste en que ambas partes utilicen el diálogo para ganar tiempo sin aproximar realmente sus posiciones.

Una negociación sin garantías de acuerdo

La propuesta iraní representa una señal concreta de disposición a negociar, pero sus condiciones afectan a los principales instrumentos de presión de Estados Unidos. Levantar simultáneamente el bloqueo y las sanciones petroleras reduciría la capacidad de Washington para exigir concesiones posteriores.

Teherán, por su parte, considera que no puede reabrir Ormuz sin obtener garantías económicas y militares. Una apertura unilateral devolvería parte de la normalidad al mercado energético, pero dejaría intactas las sanciones sobre sus exportaciones y la presencia naval estadounidense.

Por ahora, la secuencia de rechazo y nuevo diálogo muestra una negociación todavía activa, aunque sin una zona de acuerdo claramente identificable. La prueba decisiva será si las próximas conversaciones consiguen separar la reapertura de Ormuz del expediente nuclear o construir un calendario que permita abordar ambas cuestiones de forma gradual.

Elecciones del 3 de noviembre

No se ha publicado una encuesta específica sobre la propuesta iraní rechazada por Trump. El sondeo nacional más reciente de Reuters/Ipsos, hecho entre el 17 y el 20 de septiembre, sitúa la aprobación general del presidente en el 32 por ciento, el nivel más bajo de sus dos mandatos. La economía sigue siendo la principal preocupación de los estadounidenses.

La evolución de Ormuz puede influir indirectamente en las elecciones legislativas del 3 de noviembre si afecta a los precios energéticos o prolonga una guerra que una parte del electorado considera insuficientemente explicada. A falta de un sondeo directo sobre esta negociación, su coste político dependerá menos del anuncio de nuevas conversaciones que de sus resultados concretos.

DEJA UNA RESPUESTA

Escribe un comentario
Escribe aquí tu nombre