Ver cómo se morían los que estaban al lado, ha sido lo más duro

María Luisa cuenta a Aquí Madrid su terrible experiencia. Ha estado cinco días ingresada en urgencias de un hospital madrileño

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Relato de una paciente que ha visto como se morían los que estaban a su lado,
Relato de una paciente que ha visto como se morían los que estaban a su lado,

Tiene que respirar hondo en varias ocasiones a lo largo de la entrevista, al otro lado del teléfono. Es fuerte, positiva, pero no es fácil recordar esos cinco días sin que se le quiebre la voz. Sentir la soledad, ver la tristeza de la gente, desorientada, la muerte a su alrededor. Ha sido horroroso, relata.

Aún con la experiencia que ha padecido, su forma de afrontar la vida le permite asegurar que ha sido una privilegiada durante su estancia.

Llegó al servicio de urgencias del hospital, por recomendación del médico que la controlaba cada tarde por teléfono, desde hacía dos semanas. Llevaba un año de peregrinaje médico, con un retraso en su diagnóstico que le provocó que le tuvieran que extirpar un pulmón, hace apenas dos meses. Tenía claro que su caso es de los considerados de «alto riesgo».

Acudía con dificultades para respirar y con mucho miedo, pero pensando que ya había salido de otras situaciones complicadas. Tras una radiografía, le confirmaron sus peores temores. Tenía que quedarse ingresada. Desde casa iba con lo puesto, y muy asustada.

María Luisa dice que tuvo suerte, le tocó cama, una de las doce que, junto a un buen número de sillones, todos llenos de pacientes positivos por COVID-19, colapsaban la urgencia. Más suerte aún cuando vio que la conducían a un «rinconcito con luz». Desde allí ha vivido el drama y el horror a su alrededor, día a día. Con un aseo para todos, lo que ha supuesto, lógicamente, una higiene limitada. Pero no se queja.

En estos cinco días ha pensado que con solo un pulmón y afectado se «iba para el cielo», pero su actitud positiva, le ha servido, dice, para mantener la idea en su cabeza de que tenía que salir adelante. La medicación para la malaria, contra el COVID-19, y un cóctel de antibióticos que le han administrado para una infección bacteriana añadida, le han salvado la vida.

Sin nadie

No ha tenido tanta suerte una pareja de ancianos que llegaron tan desorientados que no sabían responder si tenían algún familiar al que avisar, y que, como otras personas que ha visto estos días, «iban asfixiándose, hasta morir, solos, sin nadie a su lado».

Ha sido muy duro, cuenta. Ver cómo, día a día, algunos enfermos «se convertían en nada» hasta que los sanitarios corrían una cortina y sabías que otra vida se había apagado.

Uno de esos días, no recuerda cuál, porque perdía la noción del tiempo, entró un hombre con discapacidad intelectual. Tal como le dejaron en la cama, así se quedó, inmóvil, solo. Fue horroroso. Solo pensaba en mejorar para que poder salir de allí.

Lo positivo

Entre tanto drama y desesperación, lo más positivo ha sido notar, sentir el cariño y la amabilidad de todos los sanitarios a la hora de prestar su ayuda y atención, recuerda María Luisa, tras otra pausa, para contener la emoción que vuelve a su garganta. Aún se nota la dificultad en su respiración.

«Han sido el único contacto humano» en estos cinco días, continúa relatando. Agradables, trabajando incansablemente, y sufriendo por los que no se podía hacer nada más que dejarles ir. Desde su rincón veía cómo se preparaban. «Vendados hasta las rodillas» recuerda, y protegiéndose con lo que tenían a su alcance para atenderles y evitar contagios, en turnos de cuatro horas extenuantes. «Chapó por todos y por su trabajo», repite.

Cuando por fin abandonó el hospital, después de pasar el confinamiento necesario en la habitación de una planta, coincidió con otro paciente en la puerta del centro hospitalario. Compartían la alegría por volver a casa, pero también la tristeza, el silencio y la angustia de saber que nunca olvidarán la terrible experiencia por la que acaban de pasar.

Periodista para quien es tan importante lo que se cuenta como la manera de hacerlo. No todo vale en esta profesión, cada día más denostada. Empeñado en recuperar la credibilidad y contar las historias que interesan y afectan de verdad a la vida diaria, porque el periodismo es de todos y para todos. El propietario de la información eres tú. Es lo que siento desde que comencé en la emisora de radio Onda2000, como director de informativos, la Agencia EFE, EL PAIS, Onda Madrid y los servicios informativos de Telemadrid. Pionero del programa Madrid Directo y redactor jefe de Córdoba TV. Irak, Emiratos Árabes, Marruecos, Argelia, Australia, Nueva Zelanda, Francia, Bosnia o Ecuador han sido destinos internacionales de mis informaciones, pero creo firmemente en la información local. Por eso, ahora, del mundo a Aquí Madrid.

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