Para el 2050 se prevé que la miopía afecte a casi cinco mil millones de personas en todo el mundo. Un hecho que tendrá importantes consecuencias sociales, educativas y económicas muy importantes en la salud pública. Detectar a tiempo la miopía infantil es esencial para evitar problemas durante el desarrollo y aprendizaje de los más pequeños.  A largo plazo, diagnosticarla en edades tempranas evita problemas más graves que pueden volverse irreversibles.  

Según varios estudios epidemiológicos, el inicio de la miopía comienza cada vez a menor edad y, más allá de los factores genéticos, también existen otros factores medioambientales que afectan directamente a la progresión de este defecto visual en niños y adolescentes: poco tiempo al aire libre, abuso de los dispositivos móviles, vamping… Pero, ¿podemos hacer algo para evitarlo? 

¿Qué es el vamping?

Es un fenómeno cada vez más en auge entre los adolescentes que consiste en el uso de tablets, móvil, ordenador o cualquier otro dispositivo electrónico durante la noche. Se trata de un neologismo que proviene del término en inglés vampire y texting (la acción de enviar mensajes a través de aparatos electrónicos). De esta manera, las horas de sueño y descanso se reducen, produciéndose efectos negativos tanto en la salud visual como en la salud mental. 

A diario, nuestros ojos están sometidos a la luz azul y, aunque no existe evidencia científica para afirmar que ésta sea nociva para la retina, diversos estudios han puesto de manifiesto que la luz azul de estos dispositivos altera los ciclos circadianos, influyendo directamente sobre la inhibición de la melatonina, la hormona responsable de regular nuestro sueño. 

Por otro lado, los expertos alertan de que el uso que muchos adolescentes hacen del móvil «roza lo adictivo» y que «puede llegar a enganchar tanto como la cocaína u otras drogas», afirma José Luis Carrasco, psiquiatra del Hospital Clínico San Carlos de Madrid. Desde la Fundación ANAR (Ayuda a Niños y Adolescentes en Riesgo) afirman que es una problemática a la que se enfrentan cada vez con mayor asiduidad.  

Otros efectos secundarios del vamping

  • Fatiga Visual: se estima que la mayoría de los usuarios acercan el móvil a una distancia igual o inferior a 30 cm desde los ojos. El uso excesivo de los dispositivos móviles a poca distancia de los ojos, contribuye a un aumento de la fatiga visual. Esta corta distancia, sumada a la intensa luz que emiten estos dispositivos en la habitación a oscuras, no solo puede fomentar problemas relacionados con la visión, sino también disminuye el descanso durante el sueño.
  • Obesidad: la luz azul de las pantallas aumenta el apetito, provocando un incremento en la producción de neuropéptidos, responsables de modular distintas funciones del sistema nervioso central como la alimentación. Al producirse un aumento de estas pequeñas moléculas, también aumenta la apetencia por los alimentos más grasos y dulces.  Dormir entre tres y cinco horas menos al día lleva a ingerir una media de 385 calorías más. 
  • Rendimiento escolar: el insomnio que produce el vamping provoca falta de concentración y otros problemas que derivan en un bajo rendimiento escolar. 
  • Ansiedad y depresión: según un estudio llevado a cabo por las universidades de Salamanca y León, publicado en European Journal of Investigation in Health, Psychology and Education, un porcentaje significativo de estudiantes que abusan del teléfono móvil muestran síntomas de depresión, ansiedad y baja autoestima.

Consejos para evitar el vamping y prevenir la miopía

El uso de los dispositivos electrónicos forma parte del estilo de vida de los adolescentes. Más que prohibir su uso o retrasar la edad con la que tienen su primer móvil, lo realmente importante es trasladarles la responsabilidad que conlleva tener uno para que sepan utilizarlo adecuadamente. Algunos tips para evitar el vamping y prevenir los problemas de visión son:

  • Evitar el uso del móvil tumbados, ya sea boca-arriba o boca- abajo. Los niños y adolescentes no deberían utilizar el móvil en la cama ya que la distancia a la que lo colocan es inferior a los 40 cm recomendados. 
  • No utilizar los dispositivos electrónicos tumbados boca-abajo.
  • Limitar las horas de uso  y, en ningún caso, utilizar los aparatos electrónicos antes de ir a dormir ni durante la noche.  
  • Actuar de ejemplo. Aunque el uso adictivo de los móviles está más extendido entre los adolescentes, muchos adultos también siguen unos hábitos incorrectos. Es importante actuar de ejemplo con los menores y que los adolescentes vean un consumo responsable. 

Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), el 66 por ciento de la población de 10 a 15 años dispone de un teléfono móvil. Aunque los expertos recomiendan su uso a partir de los 15-16 años, la realidad es que hoy en día los niños tienen su primer móvil entre los 10 y 12 años y muchos padres recurren a él como «chupete», a pesar de que la American Academy of Pediatrics (AAP) no recomienda el uso de pantallas en niños menores de tres años por el impacto negativo que producen en el desarrollo de las estructuras cerebrales del bebé.

«Yo no soy partidaria de establecer una edad ideal para el uso del móvil, igual que tampoco se puede generalizar con la edad idónea para que los niños vayan solos al colegio o empiecen a conducir, porque depende de la madurez y las circunstancias personales de cada uno, pero mi recomendación es: cuánto más tarde, mejor», asegura la pediatra Lucía Galán.

Lo que está claro es que cuanto antes aparezca la miopía y los problemas de visión derivados del uso indebido de los aparatos electrónicos como es el caso del vamping, más probable es que su progresión hacia altos valores refractivos sea también más rápida, aumentando el riesgo de desarrollar maculopatía miópica, glaucoma, cataratas o desprendimiento de retina en la edad adulta. 

Si bien es cierto que tener a ambos progenitores miopes multiplica por seis el riesgo de desarrollar miopía en la edad infantil, existen otros factores ambientales que sí dependen de nosotros,  como el tiempo al aire libre o la reducción de las horas expuestas a las pantallas digitales y que influyen en el desarrollo de los defectos visuales. 

Establecer rutinas saludables, igual que llevar una alimentación sana y equilibrada, son fundamentales para tener una buena salud visual. Eliminar hábitos como el vamping es clave para frenar el incremento de la miopía entre los adolescentes y evitar otras patologías que pueden derivar en problemas de salud más graves.  

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