Seiscientos doce vecinos, un término metido en una zona de protección para las aves y un colegio que ha necesitado más de cinco años de trámite para obtener su suelo: Valdepiélagos es el contraejemplo de la serie, un municipio al que nadie empuja a crecer y que, sin embargo, se pone a sí mismo un límite de entre novecientos y novecientos cincuenta habitantes.
1. Un pueblo que duplicó su población y ya no crece
Valdepiélagos es un pueblo del valle del Jarama, en el nordeste de la Comunidad de Madrid, con 612 habitantes empadronados en 2025 según la serie del INE. En el año 2000 eran 305: la población más que se duplicó hasta los 623 de 2023, con un salto entre 2002 y 2012, de 308 a 571 vecinos, y desde entonces se ha movido en una banda estrecha, entre los 563 y los 623, con un ligero descenso en los dos últimos años (619 en 2024 y 612 en 2025). Los datos municipales del Instituto de Estadística de la Comunidad de Madrid recogen 615 vecinos ese mismo año; la diferencia, de tres personas, no altera lo que sigue.
La serie desmiente el relato más sencillo, el del pueblo que se vacía, y encaja mejor con otro: el de un pueblo pequeño que creció a empujones y ha llegado a un tope. El propio Ayuntamiento lo formula en su bolsa de vivienda municipal: el municipio «tiene necesidad de incrementar su población para garantizar la viabilidad de actividades y servicios básicos», pero está «ubicado en una ZEPA integrada en la Red Natura 2000», y de ahí derivan, entre otras razones, sus limitaciones urbanísticas y medioambientales. Por eso fija un techo: no sería deseable crecer «sino hasta los 900-950 habitantes aproximadamente». Sobre los 612 actuales, entre un 47 % y un 55 % más de población.
Ese techo es una estimación del Ayuntamiento, como indica su propio «aproximadamente», y no un límite normativo. Conviene tenerlo presente, porque el resto de la historia consiste en comprobar qué hay detrás de una cifra que suena a decisión y que es, por ahora, una declaración de intenciones.
2. Cinco años para el suelo de un colegio
La pieza urbanística de Valdepiélagos es una modificación puntual de sus normas subsidiarias que ordena el sector de suelo apto para urbanizar número uno, el SAU-1. Su cronología cabe en un párrafo y ocupa más de cinco años. El 19 de abril de 2021 se sometió a información pública, tras una aprobación inicial del Pleno que VisualUrb sitúa el 8 de abril. Según recoge la Orden que cierra el expediente, el Canal de Isabel II informó el 13 de octubre de 2021 y el 21 de marzo de 2022. La declaración ambiental estratégica lleva fecha del 27 de enero de 2023, se publicó el 14 de febrero (Uría) y fue ratificada el 28 de mayo de 2024. El documento tuvo que subsanarse y volvió a información pública el 25 de febrero de 2025 (Uría). La Comisión de Urbanismo lo informó favorablemente en su sesión del 26 de febrero de 2026, por el Acuerdo 8/2026 (Uría), y la Orden 1897/2026, del 13 de mayo, publicada en el BOCM del 26 de mayo, lo aprobó definitivamente.
¿Y qué aprueba tanto papel? No aprueba casas. La Orden rebautiza el sector como «Nuevo SAU 1 “Colegio”» y lo destina a un equipamiento educativo «en suelos de titularidad municipal», que pasarán a formar parte de la red general de equipamiento social educativo. El sector no genera aprovechamiento lucrativo: su edificabilidad máxima, no lucrativa, es de 17.728 m² construidos, con un coeficiente de edificabilidad bruta de 1,48 m² construidos por metro cuadrado de suelo. La Orden no expresa la superficie del sector; de ese cociente salen unos doce mil metros cuadrados, un cálculo propio que conviene tomar como orden de magnitud. Un camino incluido en el ámbito estaba clasificado como suelo no urbanizable especialmente protegido por formar parte de la ZEPA.
Quien busque aquí al promotor inmobiliario no lo encontrará: el suelo es del Ayuntamiento y la edificabilidad no es negocio. Lo que sí encontrará es el precio de la lentitud. El colegio no es una ocurrencia reciente: en febrero de 2024 el alcalde, Pedro José Cabrera, declaraba a El Resurgir de Madrid que su mayor esperanza era ver terminado el nuevo colegio, en una parcela de unos catorce mil metros cuadrados. Entre aquella entrevista y la orden de 2026 han pasado más de dos años; entre la primera información pública y la orden, más de cinco. Un municipio de seiscientos vecinos ha necesitado una subsanación y media década para convertir en colegio un suelo que ya era suyo. El expediente, eso sí, ha seguido la vía ordinaria de principio a fin: aprobación municipal, evaluación ambiental, informe de la Comisión de Urbanismo y orden de aprobación definitiva.
3. Lo que el pueblo hace por su cuenta
A falta de suelo residencial nuevo, Valdepiélagos actúa donde puede. Ha puesto en marcha una bolsa de vivienda municipal y un plan de vivienda que prevé un estudio de necesidades, un registro municipal de demandantes, la identificación de comunidades de propietarios interesadas en rehabilitar edificios de más de veinte años y un estudio de adquisición municipal de inmuebles cerrados para convertirlos en vivienda. El 15 de junio de 2026 celebró un encuentro vecinal sobre el plan, con demandantes y propietarios.
La misma lógica de autoabastecimiento se ve en la energía. En 2020 el Ayuntamiento instaló, con Ecooo, autoconsumo fotovoltaico en cinco edificios municipales —15,84 kWp en 48 módulos—, con un ahorro de entre el 30 y el 50 por ciento en la factura de la luz según la empresa (eSEficiencia); tiene además todos sus contratos eléctricos con Som Energia. Desde 2021 el Ayuntamiento impulsa también una comunidad energética local, que presentó a los vecinos el 24 de abril de 2021 con técnicos de Ecooo, y un sistema de compostaje en el que, según un cable de EFE de marzo de 2023, participa la mitad de los vecinos. Nada de esto resuelve el techo de población, pero dibuja el camino elegido: el del patrimonio municipal, el parque de viviendas existente y los vecinos que ya hay, más que el de la recalificación.
4. La voz del pueblo: un médico dos días por semana y una lista que dejó de ser única
La movilización que sí ha dejado rastro en Valdepiélagos no es urbanística, sino sanitaria. El Ayuntamiento remitió a la consejera de Sanidad una carta firmada por el alcalde, con copia a la dirección asistencial médica Norte, y le adjuntó 56 quejas escaneadas de vecinos, recibidas «en las últimas semanas». El motivo era la baja del médico del consultorio «desde el pasado 11 de noviembre», sin que se nombrase un suplente que lo sustituyera durante más de seis meses. Desde entonces, un único médico atiende a unos 630 vecinos solo dos días a la semana, durante tres horas, y los mayores tienen que desplazarse a Talamanca de Jarama, Fuente el Saz de Jarama o Algete para recibir atención primaria.
La atención primaria es competencia de la Comunidad de Madrid y no del Ayuntamiento, de modo que lo que el pueblo hace con esas quejas es lo único que está en su mano: documentarlas y elevarlas. Es una movilización institucional con base vecinal: los vecinos reclaman y el Ayuntamiento canaliza. Y retrata una paradoja: un municipio que dice necesitar más habitantes para sostener sus servicios básicos ve cómo uno de esos servicios, el médico, funciona a media jornada y con sustituto ausente.
La otra voz es la de las urnas. Hasta 2023 Valdepiélagos votaba una única candidatura: en 2019, la Candidatura Independiente de Valdepiélagos (CIV) sumó 262 votos, el 94,58 por ciento. El 28 de mayo de 2023 se presentaron cuatro, según La Plaza. La CIV, encabezada por el alcalde, obtuvo 259 votos (el 70,57 %); Vecinos por Valdepiélagos (VPV), con Arturo Uribe a la cabeza, 71 votos (el 19,34 %) y un concejal, que pasó a ser la oposición; la candidatura local de Vox, 27 votos; y Escaños en Blanco, 5, sin representación ni una ni otra. La participación subió del 67,35 al 76,92 por ciento. Un detalle que la prensa recogió ese mismo año: el alcalde y los seis concejales no cobran por el cargo.
Setenta y un votos son poco volumen y mucho significado. En un pueblo donde la política institucional había sido durante años una sola lista, hay ahora una oposición con voz en el pleno y un electorado que acudió a las urnas casi diez puntos más que en la cita anterior. Qué opina esa oposición del colegio, del sector o del techo de novecientos cincuenta habitantes es una de las preguntas que el expediente deja abiertas.
5. Un techo sin sumador
Con el expediente del colegio cerrado, queda la pregunta de fondo: qué soporta ese techo. Un municipio de menos de cinco mil habitantes solo está obligado a prestar los servicios mínimos que enumera el artículo 26 de la Ley de Bases del Régimen Local —alumbrado, cementerio, recogida de residuos, abastecimiento de agua, alcantarillado, acceso a los núcleos de población y pavimentación, entre otros—; la protección civil y la extinción de incendios no son obligatorias hasta los veinte mil. La depuración corre a cargo del sistema del Canal: el listado autonómico de infraestructuras de saneamiento recoge que la depuradora de Valdepiélagos entró en funcionamiento en 1988, sin consignar su capacidad ni su carga actuales.
Cabe objetar que unos trescientos vecinos más no suponen una presión comparable a la de los grandes desarrollos del corredor, y es el mejor argumento a favor del Ayuntamiento: a esa escala el riesgo es modesto. La objeción es razonable. Pero la escala pequeña es también la de menor capacidad para pedir cuentas, y la pregunta de cuánta agua, cuánta depuración y cuánta energía soporta ese techo de novecientos cincuenta habitantes está todavía por contestar.
Si hubiera que condensar el expediente en un verbo, sería acotar: acota el uso del sector, que es un colegio y no un barrio; acota el crecimiento, con un techo de 900-950 habitantes; y acota, en suma, el papel del suelo en el futuro del pueblo. Ni el empuje promotor ni la urgencia inversora que explican otros expedientes de la serie aparecen aquí: la fuerza que mueve a Valdepiélagos es la necesidad de seguir siendo un pueblo con servicios. Lo que queda por saber es lo que el techo no resuelve: cuánta agua, cuánta depuración y cuánta energía soporta un pueblo de novecientos cincuenta vecinos, quién paga la obra del colegio y quién vela para que el consultorio vuelva a atender con normalidad.
Acceso a la ficha extendida de Valdepiélagos
La investigación pendiente
Fecha de la carta a Sanidad y estado actual del consultorio; posición de Vecinos por Valdepiélagos sobre el sector, el colegio y el techo; capacidad y carga de la depuradora y balance de agua y energía para un pueblo de 900-950 habitantes; quién financia la obra del colegio y cuándo se prevé; superficie exacta del sector (la Orden permite calcular unos doce mil metros cuadrados; el alcalde habló de catorce mil para la parcela del colegio); qué otros suelos aptos para urbanizar quedan movilizables tras convertir el SAU-1 en el colegio; fecha de aprobación provisional del Pleno; cotejo de la población con la tabla original del INE.




