La representante demócrata Chellie Pingree ha reclamado que el Congreso y el Gabinete examinen si Donald Trump está en condiciones de ejercer el cargo, después de que el presidente difundiera sesenta mensajes en diez horas y 41 minutos. La sucesión de montajes con inteligencia artificial también provocó una protesta diplomática de Islandia.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, publicó sesenta mensajes en su red social durante diez horas y 41 minutos el domingo seis de septiembre. Buena parte del contenido consistía en imágenes manipuladas o generadas mediante inteligencia artificial que lo presentaban como guerrero, conquistador o vencedor de sus adversarios políticos.
El dato procede de un análisis de The New York Times, firmado por su corresponsal jefe en la Casa Blanca, Peter Baker. El periódico situó el inicio de la sucesión de mensajes a las 11.54 horas y el último a las 22.35, hora de la costa este estadounidense.
El American Presidency Project, archivo documental de la Universidad de California en Santa Bárbara, conserva las publicaciones y sus horarios. Entre ellas aparecen representaciones ficticias de Trump junto a George Washington, sobre el cuerpo del luchador Hulk Hogan o contemplando ataques militares.
Las publicaciones de Trump con IA mezclan propaganda y ficción
Algunas imágenes difundidas durante ese fin de semana situaban al presidente al frente de ejércitos, robots y operaciones militares. Otras modificaban mapas y acontecimientos reales para reforzar una representación de Trump como vencedor político y militar.
Una de las ilustraciones mostraba al primer ministro canadiense, Mark Carney, derribado sobre una pista de hockey mientras Trump lo increpaba. La publicación coincidió con una disputa comercial abierta entre Washington y Ottawa.
El Gobierno de Canadá había anunciado contramedidas sobre productos estadounidenses valorados en 27.600 millones de dólares, después de que Estados Unidos impusiera aranceles del cincuenta por ciento a una cantidad equivalente de bienes canadienses. Los nuevos gravámenes de Ottawa entraron en vigor el ocho de septiembre.
Trump difundió además, el lunes siete, un mapa en el que la bandera estadounidense cubría Canadá, México, Groenlandia, Islandia, Centroamérica y varias islas del Caribe. La imagen llevaba la denominación «Estados Unidos de América», aunque el presidente no añadió ninguna explicación ni formuló una propuesta política concreta.
La publicación provocó una reacción oficial de Islandia. La ministra de Asuntos Exteriores, Þorgerður Katrín Gunnarsdóttir, convocó al embajador estadounidense para transmitirle que la imagen resultaba «completamente inaceptable».
La primera ministra islandesa, Kristrún Frostadóttir, declaró a la prensa de su país que «no hay nada divertido ni normal en burlarse de la soberanía de los Estados», según informó The Reykjavík Grapevine.
Críticas políticas sin un diagnóstico médico
Sarah Matthews, exsecretaria de prensa adjunta de la Casa Blanca durante el primer mandato de Trump, sostuvo que la cantidad de publicaciones ha terminado por insensibilizar a la opinión pública ante «lo extraño que resulta» su contenido. Matthews interpretó la sucesión de montajes como una señal de deterioro, una valoración política y personal que no constituye un diagnóstico clínico.
La congresista demócrata por Maine Chellie Pingree fue más allá y reclamó una respuesta institucional. Pingree calificó el comportamiento de «desquiciado» y afirmó que «nada de esto es normal ni aceptable». También instó a los republicanos, al Congreso y al Gabinete presidencial a preguntarse si Trump está capacitado para continuar en el cargo.
La Casa Blanca rechazó las críticas. Su portavoz Davis Ingle defendió Truth Social como la voz directa y auténtica del presidente y acusó a los medios de presentar sus mensajes fuera de contexto.
Las publicaciones permiten analizar el uso presidencial de la inteligencia artificial y sus consecuencias políticas, pero no establecer el estado de salud de Trump. La Asociación Estadounidense de Psiquiatría considera contrario a la ética profesional emitir opiniones psiquiátricas sobre una persona sin haberla examinado y sin disponer de su autorización.
Tampoco consta que las declaraciones de Pingree hayan abierto un procedimiento formal. La sección cuarta de la Vigesimoquinta Enmienda de la Constitución estadounidense exige que el vicepresidente y una mayoría del Gabinete declaren que el presidente no puede ejercer sus funciones. El Congreso solo intervendría después si el presidente impugnara esa decisión.
El debate llega en plena campaña para las legislativas
La controversia se produce a menos de dos meses de las elecciones legislativas del tres de noviembre. La Casa Blanca ha decidido situar al presidente en el centro de la campaña republicana, como explicó Aquí Madrid al analizar la estrategia de Trump para movilizar el voto en las elecciones de mitad de mandato.
Las críticas de Pingree se incorporan así a una disputa política más amplia sobre los límites del poder presidencial, el control del Congreso y la capacidad de las instituciones para fiscalizar a la Casa Blanca. Una cuestión ya abordada por este periódico al examinar los contrapesos institucionales frente a Donald Trump.
El episodio plantea además un problema de comunicación pública: Trump utiliza su cuenta personal como uno de sus principales canales presidenciales, pero mezcla en ella mensajes políticos, imágenes ficticias, provocaciones y representaciones de conflictos internacionales reales. La reacción de Islandia muestra que esa combinación puede superar el debate interno estadounidense y producir consecuencias diplomáticas.




