Esta entrega del Observatorio Trump recoge el nuevo giro que el presidente Donald Trump ha impreso a su estrategia frente a Irán, justo cuando una encuesta reciente confirma el desgaste de la guerra ante la opinión pública estadounidense a las puertas de las midterms del 3 de noviembre.

Trump anunció el miércoles por la noche, en un mensaje en Truth Social, lo que llamó un «Día D económico»: «la operación económica más aplastante jamás emprendida contra ningún país», con la advertencia de que cualquier nación que ofrezca «cualquier tipo de salvavidas» a Teherán —desde contrabando de petróleo hasta transferencias de efectivo o registros navales— sufrirá también «tremendas consecuencias económicas».

El anuncio llega tras el vencimiento, sin acuerdo, del plazo de sesenta días que Washington y Teherán se habían dado para negociar, y coincide con la suspensión, confirmada ayer , de todo contacto directo entre los negociadores estadounidenses e iraníes.

El secretario del Tesoro, Scott Bessent, amplió el mensaje presidencial: prometió «las sanciones más duras de la historia» y advirtió a los aliados de Washington que deberán elegir entre seguir haciendo negocios con Irán o con Estados Unidos. En paralelo, el Departamento del Tesoro impuso nuevas sanciones contra una red de diez personas acusadas de trasladar efectivo a Hezbolá, cuya designación como organización terrorista fue actualizada para vincularla formalmente con la Guardia Revolucionaria iraní.

El contexto económico añade presión al propio Trump: la deuda pública estadounidense superó esta semana el umbral de los cuarenta billones de dólares, un dato que el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, utilizó de inmediato para calificar el «Día D económico» de «distracción» frente a la propia crisis fiscal de Washington, según recogió NBC News.

El dato de opinión pública más relevante, sin embargo, llega de una encuesta de la Universidad de Marquette recogida por The Hill: el 75 por ciento de los estadounidenses considera que el coste de la guerra con Irán «no ha merecido la pena», frente a solo el 25 por ciento que la respalda. Es la cifra más clara hasta ahora de que el desgaste del conflicto —que se acerca a su sexto mes— ha calado en el electorado, más allá de las divisiones partidistas habituales entre la oposición demócrata formal y el malestar más difuso dentro del propio electorado republicano.

De cara al 3 de noviembre, este Observatorio seguirá si la Casa Blanca logra presentar la presión económica como una vía de salida creíble antes de las urnas, o si la combinación de una guerra sin desenlace y una deuda récord termina pesando más en el ánimo de los votantes que las cifras concretas de sanciones.

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