Mientras en la Sala de Prensa de la Cumbre, se comenta la victoria demócrata sobre el «trumpismo» en las «midterms», lo que en un próximo futuro influirá en Iberoamérica, los empresarios iberoamericanos se reúnen, en el marco de la Treinta Cumbre Iberoamericana, en el dieciséis Encuentro Empresarial Iberoamericano, que se inauguró ayer, 3 de noviembre, con las intervenciones de Antonio Garamendi, presidente de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) y del Consejo de Empresarios Iberoamericanos (CEIB); José Manuel Albares, ministro español de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación (MAEC); Amparo López Senovilla, presidenta del Instituto de Comercio Exterior (ICEX) y secretaria de estado de Comercio del gobierno español y Andrés Allamand, secretario general iberoamericano (SEGIB).

A continuación, tomó la palabra Sergio Díaz-Granados, presidente ejecutivo de CAF. Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe y comenzaron varias mesas redondas sobre «Cómo ve el mundo a Iberoamérica» y sobre «Cómo se posiciona Iberoamérica en el mundo».

Hoy miércoles, día 4, están teniendo lugar sesiones sobre «Activos estratégicos y cooperación público-privada», «Estado y empresas: una agenda compartida de diálogo público-privado», «Innovación, economía del conocimiento y ecosistemas emprendedores», «Inclusión, igualdad y condiciones habilitantes del desarrollo productivo».

El cierre institucional y la clausura tendrán lugar esta tarde con la presencia de Felipe VI, poco tiempo antes del comienzo de la Cumbre, cuya ceremonia inaugural tendrá lugar en el Teatro Real y la cena de inauguración, en el Palacio Real.

Los empresarios han elevado una declaración a los jefes de Estado y de Gobierno reunidos en la Cumbre, un texto que parte de una premisa: no hay sociedades fuertes sin empresas fuertes, ni seguridad jurídica y desarrollo sostenible sin instituciones confiables, empleo formal y diálogo social efectivo. En once puntos, piden a los gobiernos fortalecer las instituciones y la seguridad jurídica; garantizar la autonomía de las organizaciones empresariales; impulsar una agenda de competitividad medible, con un tablero regional de indicadores; concertar pactos nacionales de formalización; simplificar y digitalizar los trámites, en especial para las mipymes; adaptar la formación profesional a las necesidades del tejido productivo; profundizar la integración productiva iberoamericana; avanzar en una transición sostenible compatible con el empleo, y crear espacios permanentes de diálogo social.

Las reuniones se celebran, con cierta sorpresa de los propios asistentes, en una carpa situada en el coso de la Plaza de toros de Las Ventas de Madrid, pero lo importante es que se está poniendo el acento en la necesidad de que esta Cumbre sirva para producir alianzas estratégicas y resultados tangibles para los ciudadanos iberoamericanos, lo que se conseguirá con la puesta en marcha de proyectos público-privados soltando los lastres ideológicos.

Por eso, desde estas páginas hemos defendido que el mayor valor de esta Cumbre es poner en marcha proyectos que sirvan a los ciudadanos de todos los países independientemente de quien los gobierne.

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