
La pareja de actores franceses Camille Cottin (La biblioteca de los libros rechazados) y Louis Garrel (Soñadores) interpreta, con inteligencia y humor, en la película Tiempos de ilusión (Juste une illusion) a los Dayan, unos padres muy parisinos de una generación que en la década de 1980 asistió a profundo cambios sociales.
Otra pareja, la de los realizadores Olivier Nakache y Eric Toledano (autores de éxitos inolvidables como Intocable, Samba, C’est la vie o Especiales), ha mezclado ficción y recuerdos personales de una adolescencia –la última antes de que las continuadas novedades tecnológicas invadieran completamente nuestras vidas, obligándonos a depender del algoritmo incluso cuando estamos durmiendo-para la película que hace pocas fechas clausuró la sección Perlas del Festival de San Sebastián y que ambos han dedicado a sus respectivos padres..
En Tiempos de ilusión, que es un cuento de iniciación, una historia del paso –la zancada, diría yo- de la infancia a la edad adulta encontramos también a Pierre Lottin (El Extranjero), otro de los actores que forman parte del cine de nuestra vida, y al joven Simon Boublil en el papel de Vincent, el chico que vive encantando una época de descubrimientos, dudas y primeras experiencias, compartidas con más de una generación sentada en los patios de butacas europeos.
En forma de comedia a la italiana y con la ternura y la nostalgia reconocibles en quienes tuvieron una infancia feliz, Nakache y Toledano –que saben lo que es crecer en una de esas cités de las afueras de París, albergues de extranjeros y pieds-noirs– firman con humor la comedia agridulce de una familia de la banlieue de clase media y origen judío y árabe que, a mediados de la década de los años ochenta, intenta encontrar su sitio en un mundo que se está transformando.
Mientras el adolescente Vincent, tímido y un poco patoso, que está dejando de ser un niño pero todavía no es un adulto, se enfrenta a las incertidumbres propias de sus trece años sobre la familia, la amistad, la religión o la identidad, sus padres descubren que tampoco ser adulto es ninguna garantía de encontrar respuestas.
De hecho, exactamente igual que el alumno que no se atreve a enseñar la prueba de sus malos resultados escolares, el padre de esta familia oculta a su mujer y a sus hijos que hace meses que le han despedido del trabajo, por lo que cada mañana se pone la gabardina, coge la cartera y abandona el hogar de camino hacia ninguna parte.
En cuanto a Vincent, al tiempo que reclama a su hermano mayor Arnaud (Alexis Rosenstiehl) espacio en la habitación que comparten, se prepara para la ceremonia iniciática de su Bar Mitzvá y vive su primera experiencia amorosa con Anne-Karine (Jeanne Lamartine), compañera de clase que tiene un padre racista.
«A los trece años –explicó el realizador Eric Toledano en una entrevista- todavía se piensa en cambiar el mundo. Estamos atrapados entre la infancia y la edad adulta. Luego llega un día en el que uno pierde su inocencia (…) Todos nuestros recuerdos reaparecieron fácilmente: las primeras sensaciones amorosas, el olor de la casa, las ilusiones de la infancia (…) Al principio pensamos llamar a la película ‘la nostalgia del futuro’. Porque es el período de la existencia en que empezamos a perder nuestras ilusiones. Y también porque la película rinde homenaje a la mayor de todas las ilusiones, la magia del cine». El cine –dice- es sin duda la más bella de las máquinas para viajar en el tiempo.
Con una «mezcla de benevolencia y crítica social, de ingenuidad y lucidez», Tiempos de ilusión[1] reflexiona -al ritmo de música de la época y con el apoyo de decorados y objetos emblemáticos, como cintas de vídeo, cassettes de audio, viejos ordenadores y modelos familiares de Renault y Citroen- sobre temas políticos y algunos de los retos de aquellos años ochenta que hoy están recobrando actualidad, como los avances de la ultraderecha, los problemas de la droga, el futuro incierto o la preocupación por el Sida.
Tiempos de ilusión se estrena en los cines de Madrid el viernes 30 de octubre 2026.



