«The Beatles y la India», de cuando éramos muy jóvenes y muy guapos

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Ha transcurrido más de medio siglo desde que, en los comienzos de los años sesenta del siglo pasado, cuatro amigos procedentes  de los barrios obreros de Liverpool irrumpieron en la música y revolucionaran las costumbres de la primera generación que había nacido en la Segunda Guerra Mundial. 

Los Beatles y sus maravillosas canciones que fueron mucho más que un salto cualitativo, sus maneras, sus «melenas» (parece increíble, pero entonces llamaban melena a lo que apenas era un infantil «corte tazón»), y la inagotable  sensación de libertad que parecía sobrarles se instalaron, para no abandonarlo nunca, en lo más recóndito del espíritu de una generación, dolida por la guerra de Vietnam, que ya no volvería a tragarse más ruedas de molino. Los Beatles pertenecen por derecho al escaparate de las prioridades de esa generación, junto a la píldora anticonceptiva o el viaje a la luna, por citar dos momentos trascendentales. Más de medio siglo después, los Beatles siguen cómodamente formando parte de nosotros mismos.

Todo esto para hablar de un documental, «The Beatles y la India» (‘The Beatles and India’), dirigido por el periodista Ajoy Bose y el investigador cultural Peter Compton, basado en el libro «Across the Universe: The Beatles in India» del propio Bose, que revive el viaje que los «fabulosos» cuatro de Liverpool hicieron a Rishikesh, en India, iniciando un corto pero muy intenso y creativo romance veraniego  «de amor y paz» con un país al que acudieron en busca de la felicidad y donde vivieron experiencias insospechadas: aprendieron a meditar, a tocar el sitar y las tablas, se «colgaron» –con distintos  grados de intensidad- de las enseñanzas del gurú Maharishi y consiguieron que la juventud de medio mundo volviera sus ojos hacia la India, transformada en algo parecido al paraíso de los sueños.

En todo caso, no está de más recordar que estamos hablando de cuatro jóvenes músicos británicos, que andaban por los veinte años y que, con una influencia colosal que en aquel momento superaba con mucho la que pudieran tener cualquier político o predicador de cualquier religión, consiguieron atraer la atención de toda una generación sobre la India, país del que hasta entonces apenas sabíamos gran cosa. 

Con imágenes inéditas de archivo, fotografías, testimonios de protagonistas y comentarios de expertos, los autores han conseguido hilvanar los recuerdos de un período realmente importante en la historia de la música del siglo veinte, cuyas repercusiones siguen sintiéndose en nuestros días. Parece que los autores sostienen la teoría de que, tras la muerte por sobredosis de barbitúricos del manager del grupo, Brian Epstein, los Beatles necesitaban alguien que les ayudara en las decisiones importantes, el «gurú» que encontraron en el Maharishi Mahesh Yogi.

Primero fue George Harrison. En 1965, el grupo necesitaba reemplazar una cuerda de sitar en un instrumento utilizado en el rodaje de la película Help!, y la búsqueda les llevó a conocer y admirar la maestría de Ravi Shankar. En 1966 George viajó a India con intención de aprender a tocar instrumentos tradicionales. Dos años más tarde, en el verano de 1968, los cuatro –John, Paul, Ringo y George- se instalaron en el ashram que el  Maharishi regentaba en una de las estribaciones del Himalaya, para iniciarse en la meditación trascendental. La anécdota del viaje la protagonizó la maleta adicional que el batería Ringo Star había llenado de botes de judías con tomate.  

En el documental hay evocadoras secuencias de los Beatles en el asrham confundidos con otros seguidores del Maharishi, así como imágenes actuales de las instalaciones, abandonadas y convertidas en una parada del programa de visitas turísticas. Imágenes que también nos reenvían a un sueño roto, a la desilusión de aquellos jóvenes que buscaban con sinceridad algo que tuviera sentido, más allá de la fama y la riqueza. No solo los Beatles, por aquel simulacro de paraíso también pasaron otras celebridades del momento como la actriz Mia Farrow, el cantante folk Donovan, el productor Paul Saltzam o el músico Mike Love (de los Beach Boys).

Aquel primer intercambio cultural hizo que a partir de entonces muchos sonidos indios se incorporaran al vocabulario utilizado en sus textos por innumerables compositores de pop y rock, y se convirtieran en el primer escalón de la expansión en todo el mundo de ideas y conceptos hasta entonces exclusivamente indios. La meditación y el yoga, que hoy se encuentran plenamente integrados en la cultura occidental, es probable que no lo fueran tanto  si los Beatles no los hubieran promocionado en cierto modo, cuando encabezaban todas las listas de éxitos a los dos lados del Atlántico. 

El compromiso de George con India y su música duraría hasta el final (Falleció en 2001). En la canción «Norwegian Wood», primera mezcla de sonidos indios en el pop y el rock, suena un sitar. Fue en India donde los Beatles  acabaron por componer la mayor parte de las canciones del «Album Blanco». Tiempo después se desilusionarían, obligados a aceptar que su iluminado Maharishi también era un personaje manipulador y codicioso, que andaba por las televisiones consiguiendo adelantos a cuenta de supuestas exclusivas con sus «alumnos».

¿Qué le falta a este documental? Música, mucha música, más música. No tengo ninguna certeza pero es posible que sea un problema de índole puramente crematística, los derechos de autor han podido pesar de manera decisoria en su presupuesto.

«The Beatles y la India» se estrena en los cines españoles el viernes 1 de abril de 2022, al mismo tiempo que se repone «Get Back», el documental del neozelandés Peter Jackson (‘Qué noche la de aquel día’, ‘El señor de los anillos’). Inmersión en la historia tantas veces contada (una mini serie de tres capítulos puede verse en algunas plataformas de pago); las canciones convertidas en clásicos de la música popular, las  tensiones en el cuarteto más famoso de su tiempo, un momento de una hermosa historia que tuvo sus comienzos y su recorrido, y que terminó con la inolvidable fotografía del último concierto en la terraza londinense del inmueble donde se encontraba la oficina de  Apple.

Periodista, libertaria, atea y sentimental. Llevo más de medio siglo trabajando en prensa escrita, RNE y TVE; ahora en publicaciones digitales. He sido redactora, corresponsal, enviada especial, guionista, presentadora y hasta ahora, la única mujer que había dirigido un diario de ámbito nacional (Liberación). En lo que se está dando en llamar “los otros protagonistas de la transición” (que se materializará en un congreso en febrero de 2017), es un honor haber participado en el equipo de la revista B.I.C.I.C.L.E.T.A (Boletín informativo del colectivo internacionalista de comunicaciones libertarias y ecologistas de trabajadores anarcosindicalistas). Cenetista, Socia fundadora de la Unió de Periodistes del País Valencià, que presidí hasta 1984, y Socia Honoraria de Reporteros sin Fronteras.

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