Raymond Carver (1938 – 1983), fue uno de esos raros casos en los que un escritor traspasa los confines de la literatura para convertirse en una figura social, cuya vida personal trascendió a los demás, lo que hoy se llama mediático.

Lo curioso del caso es que Carver logró esa popularidad sin aflojar su calidad y, además,  con obra fundada en cuentos y poemas (dos géneros que rehúyen el listado de ventas. Sus relatos son sobrios y lacónicos, su mundo es el de las clases medias agotadas por la rutina, el alcohol y la soledad , derrotados, en suma, por la mediocridad y la frustración; su manera de narrar es hemingwayana; es decir, sigue la teoría del iceberg del  lacónica y bocazas (si, se puede ser las dos cosas a la vez) barbudo : que solo se vea un octavo del cuento, el resto que quede bajo el agua.

¿Y qué se puede hacer con ese tipo de material?

¿Y qué se puede hacer con ese tipo de vida?

Carlos Be lo ha tenido claro desde el principio: lo que no se puede hacer es lo obvio o lo que se espera de uno. 

Y, así, ha empezado a dar golpes, uno a uno hasta llegar a nueve, y ha convocado, nada más y nada menos, que a nueve que han cerrado filas a su alrededor , cual guardia pretoriana, para tomar al asalto a una Gloria de la Literatura Mundial , apearle las minúsculas y llevarlo hasta las tablas.

Así, tomado la esencia del teatro griego clásico y envolviéndolo en una estética setentera entre Valerio Lazarov y el “Un, dos, tres”, arropado con una saludable capa de metateatro Carver participa en un último guateque que se celebra en los Teatros Luchana, convertidos, para la ocasión en Studio 54 .

Nada queda fuera de la fea y vulgar vida de adicto de Carver: ni su egoísmo, ni su desvalimiento; ni sus polémicas ( la virulenta  relación con Gordon Lish, las edificas relaciones con sus fuertes mujeres); ni sus soledades; ni su culpa; ni su redención; ni sus dependencias psicológicas o emocionales y todo mientras se narran las dos versiones (la publicada en vida con “creativas” correcciones de su editor, ni las publicadas póstumamente por su segunda mujer)  de tres de sus sinceros y descarnados cuentos.

Y todo se cuenta, se cuenta y se goza, versos a verso y, desde luego, golpe a golpe hasta llegar a nueve y todos y cada uno relumbran y deslumbran de talento y entusiasmo: Inma Almagro, Javier Arribas, Ángela Corachán, Albino Hernández, Ana Molinero, Sandra Ortiz, Che Ojeda, Silvia San Román y Miguel Villellas que plenos de ebullición  y rebosantes de arrebato los Nueve Golpes, enfebrecidos de sábado noche,  dan – como un coro griego- f toda una lección y definición de  lo que debe ser un shake shake shake …

Shake your booty, claro.  

Luis de Luis

Crítica teatral

Teatros Luchana, jueves a las 19:30 horas 

Ficha artística

Dramaturgia: Carlos Be y Nueve Golpes

Dirección: Carlos Be

Reparto: Inma Almagro, Javier Arribas, Ángela Corachán, Albino Hernández, Ana Molinero, Sandra Ortiz, Che Ojeda, Silvia San Román y Miguel Villellas

Ficha técnica

Diseño de iluminación: Joaquín Navamuel

Diseño de sonido: Carlos Be

Coreografía: Carmen Mayordomo

Diseño gráfico: Juanjo García

Estudiante en prácticas de dirección y producción: Javier Arribas

Diseño de vestuario: Guadalupe Valero

Composición musical: Manu Clavijo

Coach actoral: Raquel Pérez

Fotografía: Roberto Cuezva

Concepción del proyecto: Raquel Pérez Formación Actoral

Coordinación del proyecto: David González

Un proyecto de Nueve Golpes y Raquel Pérez Formación Actoral con la coproducción de La Casa Be y la colaboración de la Universidad Complutense de Madrid.

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