Teatro: «Amanece que no es mucho», de Nacho Morán y Ester Abad

Como si tal cosa, un viajero llamado Teodoro vuelve a un pueblo de cuyo nombre no puede acordarse y donde pasó los dos días más únicos e irrepetibles de su vida y, al recibir la luz de agosto en los ojos, Stan Mochales, recrea -fascinado– todo lo que vivió y conoció con el desparpajo y encanto del cuentacuentos.

Así, como un chamán, canta y vuelve a cantar –música coral y góspel, música gregaria y exaltada– mientras invoca, a lo largo y ancho de su narración, la presencia constante y eterna de quienes nunca se han ido del todo. Ni lo harán.

Así, Mochales (guiado por Nacho Morán y Ester Abad) convoca, reluciente y luminosa, a la bonhomía rotunda de Rafael Alonso, el resabio pragmático de Chus Lampreave, el desconcierto de Antonio Resines, la cachaza de Cassen, el balido de Manuel Aleixandre, la ingenuidad de Fedra Lorente, la retranca de Aurora Bautista, el lamento de Miguel Rellán, la seducción de Pastora Vega, la boca abierta de Gabino Diego, la abstracción indefinible del gran Luis Ciges y toda la inagotable Cuerda de José Luis.

Y ya, una vez todos reunidos y presentes, y junto a los espectadores, se celebra todo un amanecer en común. Y eso no es mucho, no, es muchísimo… es enorme.

Luis de Luis, crítico de teatro

Ficha artística
Texto: Stan Mochales
Actor: Stan Mochales
Dirección: Nacho Morán y Ester Abad
Producción artística: Pablo Silva, Silva Producción

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