Desde que escribió su excelente ensayo «Les petit soldats du journalisme» en 2003, voy siguiendo con interés y admiración la obra de Francois Ruffin, periodista crítico, fundador del mensual ‘Fakir’ y político de izquierdas hoy como diputado en el grupo Francia insumisa.  Un brillante electrón libre de la izquierda francesa.

Mas recientemente escribió «Il est où, le bonheur» (Donde está la felicidad) o «Ce pays que tu ne connais pas» (Ese país que no conoces), obras de reflexión humana y política sobre nuestra sociedad actual. En su incursión en el mundo del cine tiene Ruffin en su haber el César del mejor documental en 2017 por «Merci patrón» y codirigió en 2019 «Je veux du soleil» testimonio documental sobre la movilización de los «gilets jaunes» en Francia.

Aprovechando el triste y trágico paréntesis del confinamiento debido al COVID, Francois Ruffin ha escrito ahora «Leur folie, nos vies» (Su locura nuestras vidas), una formidable reflexión sobre las consecuencias sociales y políticas de esa pandemia y de la crisis económica que ha provocado. Se trata en cierto modo de una obra colectiva en la que ha solicitado los testimonios y participación de diversas personas, pero con un relato central del autor articulado en torno a esas colaboraciones. 

El objetivo declarado de este ensayo es analizar el pasado y el presente, para mejor prepararse a la batalla de después, en la que Francia, como toda Europa ha entrado ya en una lucha sin piedad entre las oligarquías al servicio de las multinacionales y lo pueblos que se niegan a pagar los platos rotos de la crisis. Voy a intentar pues en esta nota de lectura resumir al mismo tiempo lo que me inspira su lectura.

Economista, sociólogo, zapatero, trabajador precario, electricista,  camionero, empleado, educador, jubilado, enfermero, medico, conductor de ambulancia, programador  en informática, interno en el hospital público, catedrático, maestra, cocinera, marino, profesor, asistente social, empleado en una plataforma alimentaria, enfermera, dramaturgo, farmacéutico, veterinario… enumero aquí las variopintas  profesiones de todas las personas  que han enviado a Ruffin valiosas reflexiones sobre la crisis del covid, participando así en la elaboración de su análisis y reflexión crítica sobre nuestras vidas y…su locura.

Nuestras vidas son las de todos ellos, como representación de cada uno de nosotros, seres humanos confinados durante dos meses a causa de una pandemia que ha puesto de relieve las graves consecuencias humanas, sociales y económicas de la política neoliberal de mundialización a ultranza a lo largo y lo ancho del planeta.

Su locura es la de los gobiernos, como el de Macron en Francia, sometidos al diktat económico y financiero de las empresas multinacionales que buscan controlar y dirigir el mundo, provocando la mayor crisis económica y democrática desde la segunda guerra mundial. Pero la crisis sanitaria del Covid ha puesto al descubierto su absurda alienación. 

En plena crisis del COVID, la primera preocupación de Macron y de su gobierno fue la de aprobar en consejo de ministros con carácter de urgencia la denominada reforma de pensiones por puntos que, si hubiese estado en vigor en el momento de esta crisis sanitaria con una baja de nueve puntos en el PIB, hubiera representado una hecatombe para todos los jubilados en Francia. 

El dispositivo previsto por Macron se propone calcular las pensiones en función del PIB (producto interior bruto), abandonando el actual sistema solidario en el que son las cotizaciones salariales y patronales las que alimentan el fondo de pensión, de una generación a otra.

La crisis sanitaria y la parálisis de la economía durante ese periodo puso de manifiesto que la utopía es posible frente al mentiroso dogma liberal.  De un punto de vista ecológico o social, la sociedad de consumo a ultranza, que da prioridad al armamento, a la industria de lujo, aeronáutica o automóvil, ha mostrado su limite absoluto. Las nuevas generaciones deberán movilizarse para impedir esa catástrofe anunciada ecológica y social.

Ante el impacto de la crisis sanitaria, que los poderes públicos fueron incapaces de prever y de controlar con sus políticas de austeridad, Macron y su corte se han visto a hacer declaraciones formales que contradicen esa locura financiera que ha conducido al empobrecimiento del hospital público y a la paulatina destrucción de los servicios públicos, en aras del dogma de las privatizaciones y de la «libre competencia» dictado por Bruselas.

Ruffin analiza de forma detallada esas declaraciones, y contradicciones, antes, durante y después de la fuerte crisis sanitaria, desde las manifestaciones del personal sanitario, reprimidas por la violencia policial del gobierno, al abandono del hospital público, para él que Macron no disponía de «dinero mágico», y su conversión a la retórica guerrera, en la que los sanitarios, antes apaleados se transformaron en «héroes», cediendo solo en parte a algunas reivindicaciones, pero sin invertir ni abandonar su locura, es decir su política neoliberal de abandono general de los servicios públicos.

La salud como una prioridad, nuestras vidas antes que su beneficio económico, la necesidad de relocalizar las industrias esenciales para no depender de China o de Estados Unidos en sectores claves de la economía como son la salud, o la alimentación, proteger las Naciones y los pueblos de los desastrosos efectos de la mundialización. Numerosas son las conclusiones que se imponen para garantizar en el futuro la soberanía nacional y la protección de los ciudadanos.

Sin embargo, el demagógico arrepentimiento de Macron, no duró mas de dos días, terminado el confinamiento. La cabra tira al monte, y los psicópatas del beneficio financiero vuelven con un mundo después, que es aun peor que el anterior. No cambiarán nunca, porque su ADN, es el de una calculadora, ajeno a lo humano, alérgicos a la generosidad y a la justicia social. Se preparan tan solo a un plan gigantesco de despidos y destrucción de empleos.

Como lo subraya Ruffin en su conclusión: Macron y su corte, como los financieros y las multinacionales que controlan la Comisión europea y el FMI, no se irán solos. Frente a esta pesadilla que anunciaba ya Orwell en «1984» de un mundo totalitario, deshumanizado, generador del consumo innecesario y del beneficio a ultranza de una minoría, en Francia como en Europa: «Le temps est venu oui, de leur voter le cul». (Ha llegado el momento si, de patearles el trasero).

Periodista profesional en Francia desde 1976. He trabajado durante 35 años como periodista (Responsable de edición y critico de cine) en el servicio en castellano de Radio Francia Internacional. Pero también como corresponsal en París de diversos diarios y semanarios españoles y critico en Cine Classics (canal plus). Jubilado desde el 2013, escribo ahora en Periodistas en español y en Aquí Madrid. Miembro del Sindicato Francés de la critica de cine y de Fipresci, he cubierto numerosos festivales de cine internacionales, muy especialmente Cannes y San Sebastián. Militante antifranquista en los años sesenta, resido en Francia desde 1974, fecha en que me acordaron el asilo político. Hoy en día tengo la doble nacionalidad hispano francesa.

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