Remedo, nada menos que a Jean Louis Barrault, cuando, en París, en una clase magistral de teatro, se paró en medio del escenario y nos gritó: ¡Le théâtre est mort! ¡Vive le théâtre!

Actualmente, el cine, sufre transformaciones definitivas: avance tecnológico, inteligencia artificial instalada, grandes actores de Hollywood envejeciendo, sin reemplazo, porque ya desapareció la identificación popular con las grandes estrellas, ahora la identificación es con los cantantes comerciales.

Otro aspecto preocupante es el público que descansa en las plataformas, cada vez más tiránicas y monopolistas. Sin embargo, el cine, se maquilla, se pone su traje de arlequín y abre el telón para decirnos: «Como el ave fénix, renazco de mis cenizas».

Todo cambia, muta, se transforma, pero la imagen, no muere, la potencia que nos hechizó en la época de oro de Hollywood nos conquista con nuevas creaciones, enfrentando al monopolio de las plataformas, afirmando los festivales de cine cada vez más activos, donde aparece la creatividad, la diversidad y la calidad del mundo fílmico actual.

GEMS, se desarrolla rescatando la «joyas fílmicas» y se anticipa al Miami Film Festival que llega en abril. Nos muestra tendencias actuales: poca comedia y poco romance, predominio del drama, presencia de la animación, producciones europeas, japonesas y americanas compartiendo cartelera con filmes españoles y de Iberoamérica.

La joya del festival de 2026 fue: «La bola negra», con entradas agotadas y gran expectativa, continúa con Pedro Almodovar y su Amarga Navidad, un filme que encara las crisis propias y ajenas, con el actor argentino Leonardo Sbaraglia. El ser querido, interpretado por Javier Bardem, en una relación padre-hija, del premiado director Rodrigo Sorogoyen, recuerdo El reino (Premio Goya), que se exhibió en este festival, con gran éxito.

La presencia latinoamericana se afirma con los filmes mexicanos: Campeón Gabacho de Jonás Cuarón, La Cazadora de Suzanne Andrews Correa, basada en una historia real. También Chicas tristes de Fernando Tovar y la película argentina Risa y la cabina del viento de Juan Cabral, que hemos visto.

Risa y la cabina del viento (2025)

Pablo Minces

Esta película argentina obtuvo premio Mejor Película y Mejor Dirección en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, el único festival categoría A de América, avalado por Cannes. El drama fantástico fue filmado en Ushuaia, la ciudad más austral del mundo, un bellísimo lugar sobre el cual escribí, tiempo atrás, a raíz de uno de mis viajes. Es ideal para una historia escrita por Pablo Minces, y para un actor del calibre de Diego Peretti.

El director, Juan Cabral, proviene del medio de la publicidad, conoce los ritmos fílmicos y la valoración de los planos, sujeta la historia y la va desarrollando en un marco de suspenso y cierta fantasía. Ushuaia es el marco perfecto, donde la gente cuenta historias inverosímiles, teñidas de cierta magia patagónica: el tren austral, la prisión desde donde me llegaban cartas, en mi época de actriz, que contestaba con ingenuidad, los relatos de los ovnis que atraviesan los cielos del sur…. Los curas salesianos que fundaron el primer museo de la Patagonia y los estudios científicos de los picos de los Andes.

Pablo Minces trenza esa atmósfera sureña con la vida de la región, tal vez por eso, no aprovecha la historia del lugar para focalizarse en la historia de la cabina. Tampoco se ponen en relieve los bellos paisajes que ofrece la geografía del sur y hay cierto regodeo en la pobreza, porque el guion se centra en la ficción para pasar, suavemente, a la historia real, de madre e hija sin padre.

Los escenarios son captados con una excelente fotografía casi tonal, que crea una atmosfera particular. La música acompaña con los ritmos del conjunto de nuevo rock argentino los Babasónicos.

Risa y la cabina del viento es un filme diferente, con un relato original, actores convincentes y un marco geográfico, la Patagonia argentina, que da para mucho.

Hablamos con Pablo Minces en la presentación del filme en el Festival GEMS sobre el origen del guion y esto fue los que nos dijo: «Había leído sobre un teléfono público en una ciudad de Japón, a donde la gente iba para hablar con sus muertos y superar heridas que tenían. Cuando leí sobre lo que la gente relataba, pensé que lo que no se podía reparar porque en la realidad esta comunicación no ocurre, sí podía suceder en una ficción. La película iba a rodarse en el Japón, pero fue el director quien decidió la ciudad austral. Tengo varios relatos de Ushuaia, no escribo novelas porque estoy preparado para guiones cinematográfico, que son fundamentales para una buena película. Vivo hace tiempo en Miami y estoy muy feliz de que el filme se presente en Miami y en este festival».

Pablo me verifica lo que todos los directores con quienes he hablado me afirmaron: Sin un buen guion no hay película. Risa y la cabina de viento confirma la regla y nos trae algo nuevo y bien hecho.


Cine de Puerto Rico, precursor de la cinematografía del Caribe

Puerto Rico sorprendió, en décadas pasadas, con una trayectoria fílmica que llevó a grandes figuras boricuas a Hollywood: Rita Moreno, Raúl Julia, Benicio del Toro, José Ferrer, Daniel Lugo, y el director Jacobo Morales, nominado al Oscar con su filme. Lo que le paso a Santiago, precursor del Costumbrismo en el cine puertorriqueño, maestro de varias generaciones de cineastas.

Sin embargo, poco se sabe del cine boricua que ha dado tanto desde su mundo caribeño, su visión regional y su arraigo a la lengua española. No sé si España valora esa identidad lingüística de Puerto Rico, la isla del encanto.

La historia del cine como industria empezó en Puerto Rico, en 1898, cuando los soldados norteamericanos llegaron a la isla con cámaras de cine para grabar y registrar. Los boricuas enseguida se convencieron de que esas cámaras traían algo más que registros y así comenzó la industria cinematográfica a desarrollarse.

El despegue total sucedió entre los años cincuenta al setenta, con Jack Delano, gran fotógrafo y director de Los peloteros. En los años sesenta se filmaron varias producciones con España y en los setenta, Jacobo Morales impulsa el cine caribeño con su Oscar y varios filmes memorables que se realizan al «estilo boricua».

El entusiasmo por el cine de Puerto Rico continuo con la presencia en la isla de Andy García, Roberto Duvall y Steven Spielberg. En la década del 2000 la producción cinematográfica puertorriqueña crece con directores como Alex Santiago y gana varios premios internacionales.

Marcel Ruiz con el equipo del filme

Verano de tres. Summer of three (2026)

Este filme puertorriqueño ganó en el Festival de Tribecca el premio Best Perfomance y Mejor Guion. Está basado en experiencias personales del director y con una excelente actuación de todo el elenco. Carlitos Ruiz -Ruiz sabe cómo dirigir actores, evaluar el ritmo fílmico, la tensión dramática y con su hijo logra un producto emocional y convincente que retrata la juventud y la sociedad actual. «Eso es lo que deseábamos trasmitir» me dice Marcel, su hijo.

Es además, una película de actores, algo que se ve poco, en esta narración el juego actoral es fundamental y debemos destacar ese nivel interpretativo de los actores boricuas, formados en Europa y Estados Unidos, como es el caso de Paolo Schoene, quien nos comentó, el día del estreno, que estudió en Alemania y completó estudios en Estados Unidos y que fue un desafío su papel en este extraño terceto amoroso.

El joven Marcel Ruiz, hijo del director, nos confirmó su intervención como actor, guionista y productor, y que ese hecho fue muy motivador y le permitió aprender mucho, además del filmar en la isla, y tener un contacto directo con la realidad isleña, sentir la bisagra de los que se van y los que se quedan.

Mariana Belaval, como escritora, participó igualmente en el guion que muestra las vivencias de los jóvenes, la relaciones interfamiliares e intergeneracionales. Cabe destacar que la película comienza con el velorio del abuelo, fin de una generación, pero el filme termina con la muerte del joven amigo, y nos enfrenta a la reflexión sobre la vida.

Kiki Montilla completa este grupo juvenil creativo con una valiosa interpretación «que me cambio la vida», me confiesa mientras sacamos fotos, «y que es también un homenaje a nuestro Puerto Rico». Kiki transforma su sensualidad en pensamiento sobre la muerte, la perdida, la amistad y el amor.

Las escenas nos revelan la sociedad puertorriqueña afianzada en los valores familiares, la presencia del mar y la naturaleza como parte de una vivencia cotidiana y libre. La trama, coming-of-age, muestra las inseguridades de los jóvenes, la transgresión frente a la realidad. Recordé el filme americano Rebelde sin causa, y la gran interpretación de James Dean.

La nueva generación puertorriqueña tiene con todo, conocimientos técnicos, formación profesional, un corazón que estalla y una vibra que nos lleva a reflexionar. ¡Bravos jóvenes boricuas esperamos más filme como Verano de tres! en el excelente festival GEMS.

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