Soledad Pérez: «La huelga de Induyco en el 77 lo cambio todo. Las mujeres ya no éramos las mismas»

Tiene las manos rotas y la sonrisa ancha de la que hablaba Víctor Jara. Lo de las manos es el resultado de varias décadas trabajando en el textil. Lo de la sonrisa le debe salir de dentro. Porque aún hoy día, después una lucha que le costó amenazas de muerte, es muy difícil oír a Sole hablar mal de alguien, amigo o enemigo.

La mitología de la izquierda no es perfecta. Por eso lo mismo estamos ante una de las imprescindibles de las que nos habló Bertolt Brecht

Francis Fernández – ¿Cómo se produce tu contacto con el mundo laboral? ¿Qué edad tenías?

Soledad Pérez: Comienzo a trabajar a los quince años, en Induyco, una empresa textil vinculada al Corte Ingles, era lo normal incorporarnos al trabajo con catorce años, recién salidas del colegio, sin apenas formación, con lo básico, certificado de estudios primarios.

FF: ¿Qué recuerdas de cómo era el mundo laboral que encuentras? ¿Eran mayoría las mujeres? ¿Cómo era su vida? 

Viñeta de Forges en solidaridad con Induyco
Viñeta de Forges en solidaridad con Induyco

SP: Parto de que Induyco era una empresa paternalista, cuyo objetivo era que las personas que trabajaban en la empresa sintieran que la empresa era su casa. Cosas como ir al jefe de personal de forma individual a «contar» cualquier tipo de problema, familiar, económico, etc. Eso formaba parte de la política de la empresa. La mayoría éramos mujeres y en el taller nos trataban como a niñas, nos castigaban separándonos del resto de compañeras si nos veían hablar, nos gritaban, pasamos de la tutela del padre a la del jefe de taller.

No conocía como era la situación laboral y tampoco me lo planteaba, había que trabajar y punto. Si que siempre pensaba que cómo era posible que en mi casa hubiera tantas carencias a pesar de que mi padre trabajaba desde la mañana a la noche.

La edad media de las trabajadoras estaba entre los catorce y los veinticinco años, el machismo era brutal, éramos menores de edad, nos llamaban niñas y nos consideraban simplemente mujeres. Históricamente la norma era que la mujer se casaba y se despedía cobrando su dote. Eso hacía que el movimiento obrero no se asentara, siempre estaba empezando.

FF: ¿Cuándo empieza la actividad sindical allí? ¿Cómo te incorporas?

SP: En realidad, empiezo a cuestionarme en que mundo vivo en el barrio, al entrar en contacto con la JOC (Juventud Obrera Católica). Es ahí donde descubro cómo funciona el mundo y tomo conciencia de mi pertenencia a la clase obrera. Pero en plena transición las inquietudes y aspiraciones de las mujeres empiezan a ser otras.

En 1977 fuimos protagonistas de una huelga que afectó a unas cuatro mil trabajadoras y unos mil quinientos hombres. Se produjo por el despido de dos compañeras y dos compañeros como consecuencia del conflicto que veníamos arrastrando desde septiembre del año anterior, donde se reclamaba una serie de reivindicaciones, a igual trabajo igual salario, subvención de guarderías, ayuda para material y comedor de hijos en edad escolar, reivindicaciones que estaban totalmente relacionadas con la problemática de las mujeres. El cuidado de los hijos y las hijas eran tareas nuestras.

En 1977 ya llevaba unos años organizada en la empresa.

Fue una huelga larga y dura y pese al cierre patronal y gracias a la organización que teníamos a base de representantes por departamentos y talleres, manutuvimos una actividad frenética. La policía se empleó a fondo. Todas las mañanas acudíamos a la fábrica en la calle Tomas Bretón. Como nos concentrábamos en las puertas de la fábrica, que estaba cerrada, la policía nos disolvía a caballo, con «lecheras», unos camiones con chorros de agua y a palos.

Los caballos desaparecieron pronto, los garbanzos que echábamos en la calzada les hacían caer. A partir de ese momento nos perseguían a pie, y a la carrera les ganábamos porque corríamos más que ellos.

De las puertas de la fábrica nos íbamos a celebrar nuestra asamblea diaria de más de mil trabajadoras en iglesias o en el colegio de la Paloma y por las tardes a las puertas de los centros de El Corte Inglés para dar a conocer a la opinión pública nuestro conflicto y que apoyará el boicot a las compras.

Soledad Pérez (d) pancarta Induyco
Soledad Pérez
Soledad Pérez, arriba, a la derecha, debajo de una pancarta. Abajo, en una asamblea durante la huelga

FF: Tenías veinte años ¿Qué papel desempeñabas en la organización de esa huelga?

SP: Mi compromiso era total y participe activamente. Si paramos la fábrica era porque la gente confiaba en nosotras, no podíamos defraudar. Me lo tomé como una responsabilidad que tenía con mis compañeras. Ya sabía lo que me jugaba, el puesto de trabajo y en mi caso, por mi situación personal las cosas de comer. Pero había que hacerlo.

FF: Aquello no fue gratis. ¿Cómo viviste la persecución de la extrema derecha contra ti? ¿Qué piensas ahora de lo que fuiste capaz de hacer entonces?

SP: Supongo que por mi juventud no le daba tanta importancia como quizás tuviera, eran amenazas para que nos rindiéramos, eso sí, como no dan puntada sin hilo, la amenaza en forma de escrito, firmado por la Triple A, no me llegó a mí, la dejaron en el buzón de mi casa y mi madre y mis hermanos sufrieron por ello. La amenaza era que me enterraban en Paracuellos del Jarama junto con Carrillo.

FF: ¿Cómo acabó el conflicto?

SP: La huelga termino después de dos meses en la calle. No conseguimos que entraran los despedidos y aunque entramos todas hubo represalias, las personas más señaladas terminamos en un centro de castigo, diecisiete años hasta que en 1993 regresamos otra vez a Tomás Bretón. Pero sí conseguimos reivindicaciones importantes: subvención de guarderías, ayuda para material escolar para nuestras hijas e hijos, subvención para colegios especiales para nuestros hijos y el compromiso de eliminar la «piedra», una forma de subir el sueldo de forma individual a todo el personal administrativo y a los jefes.

FF: ¿Qué dirías que había cambiado en la cabeza de aquellas mujeres después de la huelga?

SP: El conflicto lo cambió todo, ya no éramos las mismas, en las primeras elecciones, pese al apoyo por parte de la empresa a los sindicatos amarillos, ganó también en Tomas Bretón la candidatura unitaria, donde estaban representados los sindicatos de clase. Nunca en Tomas Bretón ganó unas elecciones el sindicato de la empresa, siempre en sucesivas elecciones CCOO.

 FF: ¿Qué supuso la llegada de la democracia para la lucha de las mujeres de Induyco?

SP: Las mujeres ya no se despedían después de casadas, la independencia económica te da una autonomía en la toma de decisiones muy grande. Pero nos enfrentamos a otros retos, las tareas de la casa, la atención a la familia seguía estando depositadas en las mujeres. Organizarnos sindicalmente fuera del ámbito de la empresa era difícil, el choque con las parejas fue importante y eso nos obligaba a que la sección sindical fuera muy activa dentro de la empresa.

Yo he tenido la suerte de tener un compañero que no solo me ha apoyado en todo lo que hacía, si no que compartíamos las tareas

FF: Siempre has estado implicada en la política en Leganés. ¿Cómo definirías brevemente todo lo que has visto pasar y protagonizado?

SP: Mi implicación en la política de Leganés ha sido muy reciente, cuando cerró Induyco y me prejubilaron. Antes solo había estado en el AMPA del colegio público de mis hijos.

FF: ¿Por qué nunca has querido estar más en primer plano de esa lucha política?

SP: Siempre me ha gustado ver los cambios que se producen a mi alrededor más cercano, y necesito tener los pies en la tierra, estar con la gente y participar de los cambios que se operan en el entorno y en lo personal, como sindicalista es lo que me apasiona.

Cuando decido incorporarme a la actividad en Leganés, lo hago para apoyar la candidatura municipalista que impulsa Podemos. Solo quiero aportar mi granito de arena, conocer a la gente, pegar carteles, participar, pero nada más, ya me pesaba la responsabilidad, después de tantos años, que supone representar a tus compañeras y compañeros, el desgaste que eso supone más el trauma del cierre de la empresa.

FF: ¿Qué valor le concedes a la aparición de Podemos en los últimos años?

SP: Fue un revulsivo frente al bipartidismo durante tantos años. Me llenó de ilusión porque la corrupción estaba instalada y Podemos fue capaz de ilusionarnos para acabar con las puertas giratorias, la corrupción, etc.

FF: Dentro de poco es ocho de marzo. ¿Cómo ves ahora mismo el movimiento feminista en España?

SP: Creo que el movimiento feminista está abordando los problemas reales que tenemos no solo las mujeres, sino el planeta en general: la falta de recursos naturales, etc. y el enfoque de defender la vida en el planeta lo engloba todo.

FF: En los últimos tiempos ha crecido en España el voto a la extrema derecha. ¿Crees que el crecimiento del feminismo ha podido causar miedo en determinados sectores de hombres y que eso ha podido influir en ese crecimiento? 

SP: Claro que si, el miedo a lo desconocido, a perder parcelas de poder, a buscar nuevas formas más igualitarias de relacionarnos, el miedo a que las mujeres seamos capaces algún día de dar con la tecla y hacer de este mundo un lugar más igualitario, más amable, sostenible, creo que estamos en el camino y eso asusta.

FF: El próximo ocho de marzo habrá dos manifestaciones feministas. ¿Qué te parece esa división?

SP: Pues me parece mal, hay que buscar lo que nos une y no lo que nos separa.

FF: ¿Cómo crees que va a evolucionar el futuro político del movimiento feminista? ¿Y el futuro político del país?

SP: Me asusta el futuro, el aumento de la extrema derecha y que la izquierda no conecta con los problemas de la gente.

Periodista. He desarrollado la mayor parte de mi carrera profesional en TVE, en tareas informativas y de investigación periodística, en el ámbito estatal y en centros territoriales. Acumulo experiencia en información local desde 1980 y colaboro en lo posible con el movimiento asociativo y vecinal de Leganés.

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