Sobre niños y perros confinados

Javier Almaraz[1]

Estoy seguro de que este texto va a ser polémico dado el tratamiento parejo que hoy en día se ofrece a perros y a personas. Aquí explico que no es así: prevalecen los perros.

Hace más de dos mil años los romanos inventaron los sistemas de saneamiento domiciliario, lo que supuso un gran avance de la civilización al conseguir que las defecaciones humanas fuesen controladas en lugares muy concurridos, si bien después hubo un retroceso en la Edad Media que provocó pandemias tan graves como la que padecemos actualmente.

La evolución de la sociedad, tan libre, tan concienciada y tan animalista, ha provocado que existan hoy más perros que menores de quince años en España (lo publicó El País en 2019). Son muchos millones de perros en las ciudades que cagan y mean diariamente en la calle, lo que nos parece lo más normal del mundo.

También existen muchos millones de dueños de esos perros que durante el confinamiento de emergencia sanitaria provocado por el COVID-19 salen tres veces al día a la calle para que caguen y meen sus animales placenteramente.

Mientras tanto, mis hijos menores de quince años, al igual que el resto de niños y adolescentes confinados, llevan más de quince días sin que les dé el aire, defecando diariamente en su WC (y lo que les queda).

Que mis hijos no salgan me parece lo correcto, es un alto peaje que deben pagan solidarizándose con el resto de la sociedad para contener el virus, ya que son potenciales vectores de contaminación. De hecho, son los mismos potenciales vectores de contaminación que los millones de dueños de millones de perros.

Me considero defensor de los animales, y además tengo perro, un mastín que vive en la campa que rodea al hotel de Neila. He tenido que cerrar debido a esta crisis sanitaria y no puedo ir, pues estoy también confinado.

El perro está ahora en casa de la persona que trabajaba allí, alguien que ha criado perros desde hace más de treinta años y el primero que me dijo que no es tan grave preparar un lugar en el domicilio donde recoger diariamente lo que suelta.

No creo que recoger la mierda del perro suponga un sacrificio mayor al que hacen los chavales, ni suponga un trabajo extra comparable ni de lejos al que realizan los profesionales sanitarios, por ejemplo.

No sé, quizá sea mi envidia malsana, quizá mañana me decida a pasear a los chicos con una cadena y un bozal.

  1. Javier Almaraz es vecino de Paracuellos de Jarama

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