Ribatejada, Corpa, Valverde de Alcalá y Fresno de Torote apenas suman cuatro mil habitantes y ordenan su suelo con planeamientos de los años noventa. Por sus términos pasan, en cambio, líneas de 220 kV, una subestación de 500 MVA y depuradoras que sirven a media comarca. Deciden el plano; casi nada de lo demás. Y nadie suma el conjunto.

Hay una subestación eléctrica en Valverde de Alcalá capaz de mover 500 MVA. El municipio tiene 565 habitantes. Esa desproporción —un nudo de la red nacional en un pueblo que cabría entero en un solo bloque de Alcalá— resume la condición de cuatro términos del Corredor del Henares que esta serie ha auditado por separado y conviene leer juntos: RibatejadaCorpa, Valverde de Alcalá y Fresno de Torote. Ninguno protagoniza un gran ensanche residencial. Ninguno decide las infraestructuras que más transforman su suelo. Y, sin embargo, por los cuatro pasa —soterrada o en apoyos de celosía— la parte del crecimiento madrileño que no figura en ningún plano municipal.

1. Cuatro planos detenidos

Lo primero que llama la atención es la fecha de sus reglas. Ribatejada ordena su suelo con unas Normas Subsidiarias de 1991; Valverde de Alcalá, con una revisión de 1994; Corpa, con unas Normas de 1997 que aún hoy sigue rematando por unidades de ejecución. Fresno de Torote es la excepción que confirma la regla: su Plan General es de 2006, dos décadas más joven, pero dibuja una ciudad que no ha llegado. Ninguno de los cuatro es, por tanto, el motor del crecimiento del corredor. Sus planeamientos son anteriores —cuando no ajenos— al ciclo metropolitano que ahora los atraviesa.

2. La depuradora que sirve a otros

Cuatro pueblos, dos depuradoras, ninguna del todo suya. Corpa y Valverde vierten al sistema de la EDAR de Torres de la Alameda, en servicio desde 2015, con 26.000 m³/día autorizados y un diseño para 100.000 habitantes equivalentes que se reparte entre seis municipios —TorresVillalbillaAnchueloSantorcaz y los dos citados—. Ribatejada y Fresno comparten la EDAR Ribatejada-Fresno, de 2003, 2.050 m³/día y 10.000 habitantes equivalentes. En ambos casos el margen no puede medirse pueblo a pueblo: la planta es una sola y la ocupa la suma. El agua depurada termina, en un caso, en el arroyo Pantueña; en el otro, en el Torote; los dos desembocan en el Jarama y, al final, en el Tajo. Que el sistema va justo lo reconoce el propio gestor: el Canal ha adjudicado obras por 13,19 millones para ampliar la capacidad del emisario en Villalbilla y Torres. Nadie certifica, antes de cada nueva aprobación, cuánto queda para el siguiente.

3. El pasillo de 220 kV

Aquí está el verdadero delta. El suelo rural de los cuatro municipios se ha convertido en corredor de evacuación de las plantas solares que se levantan aguas arriba, en Guadalajara y en el sureste madrileño. En Valverde, la subestación colectora ST Piñón, de 30/220 kV y 500 MVA, recoge la energía de proyectos como Armada Solar —82,5 MW instalados, con infraestructura repartida entre Corpa, Valverde, Pezuela de las TorresAmbiteOlmeda de las Fuentes y Nuevo Baztán— y la planta Abeto Solar, de 104,78 hectáreas entre Valverde y Pozuelo del Rey; desde Piñón, la alta tensión sigue hacia las subestaciones de 400 kV de Red Eléctrica en Loeches y San Fernando. Corpa suma además la línea Abarloar de 220 kV, que cruza su término con 1.750,83 metros de tendido aéreo sobre 10,51 hectáreas. Ribatejada aguarda la línea Nudo Algete-SET Algete, ligada a cuatro plantas solares de Guadalajara. Y Fresno de Torote es atravesado por otra línea de 220 kV entre las subestaciones de Usanos y Daganzo. Conviene subrayar qué son estas obras: infraestructuras de evacuación. Sacan corriente de la región hacia el sistema; no la enchufan al pueblo. El término aporta servidumbre y paisaje; la potencia va a la red.

4. La reserva que espera

Fresno de Torote merece un párrafo propio, porque encarna la otra cara del problema. Su Plan General de 2006 clasificó nueve sectores de suelo urbanizable con 2729 viviendas —una ciudad entera— para un municipio que hoy tiene 2558 habitantes. Veinte años después, el gran salto residencial sigue sin materializarse: el suelo está dibujado, la ejecución no. Todo el término está, además, dentro de una ZEPA de estepas cerealistas que condiciona cualquier desarrollo. El riesgo no es hoy la saturación, sino el despertar simultáneo: si varios sectores se reactivaran a la vez, la factura caería sobre la misma EDAR compartida, sobre la M-113 como único eje viario y sobre un presupuesto municipal de 3,3 millones. La reserva no es gratis; solo está aplazada.

5. Quién decide, quién paga

La aritmética del poder es la misma en los cuatro. El pleno aprueba el plano y mantiene las calles; casi todo lo demás se decide fuera. El agua y el saneamiento, en el Canal de Isabel II —que este año renueva redes en Valverde dentro del Plan Sanea 2.500, autorizado en febrero—; los residuos, en la Mancomunidad del Este; la electricidad, en el Estado y en Red Eléctrica; hasta el suelo agrario se reordena por una concentración parcelaria que la Comunidad aprobó en Valverde el 1 de marzo de 2026. Cada expediente acredita su pieza. Ninguno acredita el conjunto.

Y esa es, en una frase, la tesis de toda la serie vista desde los pueblos pequeños: no existe un solo documento que sume, antes de decir que sí, el agua, la depuración, la potencia, el tráfico y los residuos de un corredor que ya funciona como una sola máquina. Los cuatro términos ponen el suelo. La cuenta la firma quien pasa por encima. Y la firma en trozos, para que nunca se lea entera.

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