«Olga», el dilema de una adolescente entre deporte y revolución

Estamos en 2013. Olga, una gimnasta de élite ucraniana de quince años, hija de una conocida periodista amenazada por ser muy crítica con el régimen del presidente Yanukovich, vive exiliada en Suiza, el país de su difunto padre, donde se entrena para participar con  el equipo nacional en los campeonatos europeos, antesala de los juegos olímpicos.

Cuando estalla la revolución del Euromaidan en Ucrania, Olga se plantea multitud de preguntas para las que no tiene respuesta, mientras su madre cada vez se involucra más en el conflicto. 

«Olga[1]», primer largometraje del director francés afincado en Suiza Elie Grappe, recibió el premio al Mejor Guión en la Semana de la Crítica del Festival de Cannes 2020 y el de Mejor Actriz  para su protagonista, la debutante Anastasia «Nastya» Budiashkina, en el Festival de Gijón.

Más que una película política, «Olga» es el retrato de una adolescente especial, una reflexión, sobria e intensa, sobre el compromiso, tanto en la alta competición como en la política, a partir del paralelismo entre el sufrimiento de las gimnastas –que literalmente doman sus cuerpos- y el de los revolucionarios que en Ucrania son víctimas de las actuaciones policiales. 

El tiempo ha querido que el tema de esta  película de iniciación nos resulte especialmente de actualidad, ahora que los ucranianos –una vez que consiguieron deshacerse de un presidente tóxico y corrupto- están enfrentándose cada día a la invasión rusa, mientras cientos de miles han optado por una diáspora que se extiende por toda Europa.

El personaje de la atleta adolescente puede resultar particularmente frío, por la forma en que controla sus emociones y gestiona las paradojas propias de su edad y su situación: tanto la soledad en casa de la familia del padre a la que apenas conoce, como los interrogantes y las pesadillas que le asaltan acerca de lo que está sucediendo en su país.

  1. «Olga» llega a la cartelera madrileña el viernes 16 de septiembre de 2022
Periodista, libertaria, atea y sentimental. Llevo más de medio siglo trabajando en prensa escrita, RNE y TVE; ahora en publicaciones digitales. He sido redactora, corresponsal, enviada especial, guionista, presentadora y hasta ahora, la única mujer que había dirigido un diario de ámbito nacional (Liberación). En lo que se está dando en llamar “los otros protagonistas de la transición” (que se materializará en un congreso en febrero de 2017), es un honor haber participado en el equipo de la revista B.I.C.I.C.L.E.T.A (Boletín informativo del colectivo internacionalista de comunicaciones libertarias y ecologistas de trabajadores anarcosindicalistas). Cenetista, Socia fundadora de la Unió de Periodistes del País Valencià, que presidí hasta 1984, y Socia Honoraria de Reporteros sin Fronteras.

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