Cuando el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, comenzó su intervención el 14 abril 2021 en el Congreso con un elogio a la Segunda República española, de la que en esa misma fecha se cumplía el noventa aniversario, considerando a la misma como «uno de los hitos cruciales» que ha conformado a España como un gran país, se armó la marimorena, por calificar suavemente el espectáculo al que asistimos, si bien se trató, una vez más, y lamentablemente, de diatriba de taberna de puerto.

Tan es así la cosa que desde el primer momento se empezaron a desgranar intervenciones varias con datos falsos, falta de rigor histórico en alguno de los intervinientes y ganas de armar la bronca por la bronca, porque es lo que algunos pretenden en un lugar tan serio como debería ser el Parlamento, en el que además, por respeto en las formas, se consideran a sus miembros como sus señorías, un respeto que ellos no sienten por los ciudadanos de a pie. 

No me considero historiador, pero sí un periodista que ha dedicado varios años a la investigación sobre el tema, vertiendo dicho trabajo en mi último libro publicado, Memoria Histórica. Para que no se olvide. En este sentido, deseo hacer algunas consideraciones acerca de algunas de las intervenciones, habiéndome documentado yendo a textos de grandes historiadores, como Ángel Viñas, José Álvarez Junco, Hugh Thomas, Ian Gibson y otros, prestando la atención que la investigación de un tema requiere. 

Una vez oída la plática parlamentaria, considero auténticas sandeces algunas de las opiniones vertidas. Una de ellas, tal  vez la mayor, es la del presidente del partido de extrema derecha Santiago Abascal, ya que según sus palabras, la República venía a ser como un «Régimen criminal controlado por socialistas y comunistas que llevó a España a la guerra civil», justificando al mismo tiempo el levantamiento militar franquista, cuyo gobierno sería apoyado por la Alemania nazi de Hitler y la Italia fascista de Mussolini.

Este político neofascista está en su perfecto derecho de serlo, pero no en tergiversar la historia. Porque el Gobierno de la República sería elegido el 10 de diciembre de 1931 por 362 votos de los 446 diputados presentes, siendo su presidente Niceto Alcalá Zamora. Sería un triunfo rotundo de la llamada Conjunción Republicano-Socialista, mientras que los monárquicos sufrían un duro revés, al tiempo que la derecha se convertía en una representación testimonial. 

Durante los Gobiernos de la República se cometieron fallos, errores, es cierto. Uno de ellos, según el historiador Ángel Viñas, fue no saber o no ser capaz de desbaratar el golpe militar que se les venía encima. Otro fue el hecho de que en ocasiones se le fue el orden público de las manos, no sabiendo o siendo capaz de controlarlo. Pero junto a ello, y a renglón seguido, hay que decir, siguiendo las palabras textuales de otro historiador coetáneo, José Álvarez Junco, que «no ha habido en los últimos siglos de Historia de España una explosión de alegría colectiva comparable a la del 14 de abril de 1931»

En los avances sociales el gobierno republicano aprobaría cosas como la jornada laboral de ocho horas, la igualdad de la mujer con el nombre, el voto femenino, el divorcio, la educación y la sanidad para todos, el laboreo de las tierras improductivas, medidas todas ellas que toparían con la oposición de los colectivos afectados y agrupados en la derecha: Iglesia Católica, ejército, partidos políticos y clases privilegiadas, grandes terratenientes dueños de media España. Las Cortes republicanas aprobaban el 9 de diciembre de 1931 una nueva Constitución, cuyo artículo primero declaraba a España como «República democrática de trabajadores de toda clase que se organiza en régimen de Libertad y Justicia».

El historiador Ángel Viñas declaraba el mismo día 14 por la noche, en un programa de televisión, refiriéndose al tinglado montado en el Parlamento en torno a la efemérides: «¿Se atrevería alguno de los partidos actuales a estar en contra de cosas que se aprobaron durante la República, como el divorcio, la igualdad de la mujer…», para rematar a continuación: «Ahora algunos dicen frases como `Socialismo o libertad`, `Comunismo o libertad`, cuando esas mismas frases ya las pronunciaba la derecha durante la República». Es decir, que desde un punto de vista histórico, en palabras de un historiador de prestigio, sitúan a partidos como Vox o Partido Popular al lado de las derechas de la CEDA de Gil Robles, un político que consideraba a la democracia como «la antítesis política del racionalismo», en palabras textuales. 

Para finalizar, deseo aclarar que el hecho de reconocer los valores y avances de la República de 1931 no equivale a estar en contra de la actual Monarquía parlamentaria que tenemos en este año 2021, como algunos lenguaraces de sus señorías han sacado a colación. Sabido es que la ignorancia es atrevida, pero cada cosa en su sitio. 

El actual sistema que tenemos, que considero perfectamente democrático, lo aprobamos mayoritariamente los españoles en la Constitución de 1978, y además por abrumadora mayoría. Puede llegar a cambiarse, llegado el caso, pero no se trata de ser monárquico o republicano, sino saber en qué mundo y bajo qué reglas vivimos en cada momento.  

@conradogranado. Periodista. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid. He trabajado en la Secretaría de Comunicación e Imagen de UGT-Confederal. He colaborado en diversos medios de comunicación, como El País Semanal, Tiempo, Unión, Interviú, Sal y Pimienta, Madriz, Hoy, Diario 16 y otros. Tengo escritos hasta la fecha seis libros: «Memorias de un internado», «Todo sobre el tabaco: de Cristóbal Colón a Terenci Moix», «Lenguaje y comunicación», «Y los españoles emigraron», «Carne de casting: la vida de los otros actores», y «Memoria Histórica. Para que no se olvide». Soy actor. Pertenezco a la Unión de Actores y Actrices de Madrid, así como a AISGE (Actores, Intérpretes, Sociedad de Gestión).

1 Comentario

  1. Reflexiones serenas y bien documentadas son las que necesitamos para avanzar en los valores democráticos sin perder de vista nuestro pasado reciente

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