Fiebre alta, tos seca, dificultad respiratoria; manifestaciones inusuales que nos han alarmado y sobre las que hemos puesto el foco, pero ¿qué hay de los asintomáticos y de los pacientes con síntomas leves?

Cuando el río suena, agua lleva, dice un refrán español, y en el caso del coronavirus SARS CoV-2, así ha sido. Al igual que en los primeros días de la pandemia todo era urgente, y los ingresos y muertes se debieron a muchas situaciones poco convencionales, actualmente hay que centrarse, según la comunidad médica, en los síntomas menos graves, porque estos pacientes siguen contagiando y no sabemos el alcance de los daños que les ha producido la COVID-19.

Aunque todavía se sabe poco y todo obedece al empeño de aprender sobre la marcha, se ha podido constatar que esta enfermedad ha dañado, según las autopsias que lo refieren, al aparato respiratorio y a otros órganos. Desde el sistema inmunológico hasta la coagulación de la sangre, existen diversos efectos negativos que han experimentado pacientes con síntomas leves.

La rápida dispersión de la enfermedad, incluso en personas sin síntoma alguno aparente, salvo un leve dolor de cabeza o pérdida de olfato (anosmia), muchos otros han referido dolores u opresiones en la caja torácica; diarrea y vómitos; pérdida del apetito; dolor de garganta; mareos; fatiga; malestar y escalofríos; lesiones cutáneas; urticaria; dolores musculares; conjuntivitis, entre otros.

La combinación de varios síntomas se han ido sucediendo durante semanas e incluso hasta un mes o mes y medio después, y la intensidad, aunque no ha existido un cuadro febril, en pacientes con mayor carga vírica ha sido realmente grave.

Hay que destacar que la mayoría de ellos son posibles tanto en adultos como en niños y, en ocasiones, han empeorado de nuevo tras algunas semanas de mejoría, (como si el virus volviera a coger fuerza de pronto) en algunas personas.

¿Cómo evito la propagación del virus?

Con el fin de detener la propagación del mismo, aunque esta sea leve, y dado que no se conoce el alcance de los daños que va a producir en el cuerpo; es aconsejable que se frene el contagio con medidas de aislamiento ante la menor sospecha y mediante estudios serológicos, averiguar en lo posible la inmunidad de la población hasta que se llegue a la llamada «inmunidad de rebaño» con el fin de estructurar una desescalada real y no parcial.

Una vez más, la comunidad médica, cualquiera que tenga o haya tenido síntomas leves, debe hacerse la prueba para ver si es inmune o debe permanecer confinado hasta que se cure. Si aún tiene tos, cansancio o algún síntoma por leve que parezca, puede contagiar si sale. Una vez que pasen estos, debe permanecer quince días aislado, igualmente.

Hay que señalar que existen diversas pistas para estar alerta. Por ejemplo, una investigación publicada en JAMA señala cómo, de 5700 pacientes hospitalizados por esta enfermedad en el área metropolitana de Nueva York, solo un tercio presentaba fiebre al ingreso y que la tasa de coinfección con otros virus (es decir, de una infección simultánea por más de un virus) era muy baja (2,1 por ciento). Por esa razón, la fiebre no es el mejor indicativo ni tampoco podemos valorar el alcance del daño producido.

En España, como en muchos otros países, los protocolos bajo los que trabajamos nos indican todavía que debemos sospechar de COVID-19 en casos de infección respiratoria aguda, pero esa definición deja fuera un inmenso abanico de posibles presentaciones. La comunidad médica insiste en el cambio de criterios a medida que pasa el tiempo. dado que infecciones y otros síntomas, hasta ahora desapercibidos, están ocasionando que muchas personas se contagien.

Aún no se disponen de pruebas fiables, y descartar la enfermedad en el caso de tener cerca a pacientes vulnerables no es una opción. Si cree que puede haber estado contagiado o si ha presentado algún cuadro parecido, debe de abstenerse de visitar a ancianos, porque se lo puede pasar llegado el caso.

¿Qué puedo hacer?

De nuevo la higiene constante, el aislamiento social y la distancia física, incluso dentro del domicilio, evitarán otros contagios en los días venideros. De forma práctica y bajo las actuales circunstancias, unas anginas, una faringitis, una gastroenteritis o un catarro son ahora además una sospecha de COVID-19, porque su causa más probable es el nuevo coronavirus. Si trivializamos estos cuadros, estamos perdidos.

La COVID-19 es una enfermedad respiratoria porque, aunque el SARS-CoV-2 se transmite mediante secreciones respiratorias y produce neumonías graves, se trata como una enfermedad sistémica que puede expresarse de múltiples formas. Los síntomas leves dejarán su rastro, secuelas y, sobre todo, desconocemos aún el alcance de los mismos, aseguran médicos de urgencias; algo, sobre lo que no nos podemos detener.

En cualquier caso, si los síntomas, aunque leves, persisten y tienen una duración superior a una semana, acuda a un centro médico de inmediato. No sabemos el alcance de los daños en determinados órganos y acudir tarde a urgencias puede ser un error.

No todo tiene que ver con la fiebre; quizá, esta nos alerta, y el resto de los síntomas y dolores, no.

Ana De Luis Otero
Periodista. Doctora en Ciencias de la Información. PhD. Máster en Dirección Comercial y Marketing. Fotógrafo. Consultora de Comunicación Socia directora LOQUETUNOVES.COM; Presidenta de D.O.C.E.( Discapacitados Otros Ciegos de España); Secretaria General del Consejo Español para la Defensa de la Discapacidad y la Dependencia (CEDDD); Miembro del CEDDD autonómico de la Comunidad de Madrid; Miembro del Consejo Asesor de la Fundación López-Ibor; Miembro del Comité de Ética de Eulen Sociosanitarios; Miembro de The International Media Conferences on Human Rights (United Nations, Switzerland); exdirectora del diario Qué Dicen. Divulgadora científica, comprometida con la discapacidad y la accesibilidad universal. Embajadora de honor "Ñ". Representante en EASPD Europe del CEDDD Inclusive Life

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