Tres meses después de la primera vuelta de las elecciones municipales en Francia, celebrada en plena pandemia del covid, la segunda vuelta de este escrutinio ha conocido este domingo 28 de junio de 2020 una indudable victoria de los ecologistas aliados con partidos de izquierda en un marco de abstención récord del 59 por ciento del cuerpo electoral, tres puntos más que la abstención en la primera ronda.

¿Desencanto de la población sobre la política en general? ¿Desinterés por un escrutinio local considerado como poco decisivo? ¿inquietud por la posible contaminación del Covid?  Todos los comentaristas se lamentan ante esta abstención histórica y se interrogan hoy sobre sus causas.

Todos esos factores han contribuido sin duda a limitar la afluencia a las urnas en este escrutinio municipal. El fenómeno no es nuevo, sobre todo en elecciones locales que no tienen un impacto directo en las decisiones de política nacional del ejecutivo, pero no cabe duda de que los tres años de presidencia de Emmanuel Macron han contribuido ampliamente a profundizar la fractura social en Francia, y en consecuencia a alimentar las filas de los abstencionistas.

El resultado definitivo de estas elecciones municipales muestra en primer lugar una indudable victoria de los ecologistas, que confirman así el progreso observado ya en las pasadas elecciones europeas. Tras la dimisión del ministro ecologista Nicolas Hulot, se disolvió el demagógico barniz ecologista de Macron, y el movimiento EELV Europa Ecología Los Verdes, se ha reforzado con un electorado desencantado por las promesas incumplidas del jefe del Estado.

Numerosas son las grandes ciudades que obtienen alcaldes ecologistas, a menudo gracias a una alianza estratégica con la izquierda sea del PS o de la Francia Insumisa.  Citemos entre ellas: Estrasburgo, Burdeos, Lyon, Annecy, Montpellier.  En Paris[1] es la alianza de la socialista Anne Hidalgo y de los ecologistas lo que ha permitido la derrota de la candidata LR Rachida Dati, y la aplastante desaparición del partido de Macron LREM, representado por la exministra de sanidad Agnes Buzyn.  

La amenaza de una ola verde en esta elección municipal, confirmada este domingo, había conducido al partido macronista poco implantado localmente a buscar mayoritariamente alianzas con la derecha tradicional LR, pero que en regla general han sido perjudiciales para esa alianza derechista.

La excepción que confirma la regla, o el árbol que permite esconder el bosque de la debacle macronista, es la amplia victoria del actual primer ministro Eduard Philippe (ex LR hoy aliado de Macron) en la ciudad de Le Havre. Una falsa buena noticia para el jefe del Estado en un momento en que tras la crisis del covid, los sondeos son mas favorables al jefe del ejecutivo que al propio Macron, y cuando todos los comentaristas especulan sobre un posible reajuste ministerial.

Destaquemos también otra excepción, la corta victoria de la socialista Martine Aubry, bien implantada en Lille, en su duelo con un candidato ecologista, que obtuvo el apoyo de la derecha LR, y es reelegida alcalde con solo 227 votos más que su adversario.

En líneas generales, los resultados municipales son favorables en los casos de alianza de los ecologistas con la izquierda, mientras que la alianza LR/LERM no logra el trasvase de votos esperado. La extrema derecha lepenista, RN, antiguo Frente Nacional, también se favorece de esa ausencia de implantación local del LREM, y de la crisis en la derecha tradicional, confirmando la estabilidad de su electorado en algunos de sus bastiones, entre ellos la ciudad de Perpignan. El partido de Le Pen, que obtuvo excelentes resultados en las pasadas elecciones europeas observa agazapado la crisis de Macron, en espera de las presidenciales del 2022.

La tentativa de Macron de crear un partido o movimiento LERM (la republica en marcha) que pretendía superar el clásico enfrentamiento entre derecha e izquierda, entre LR y el Partido Socialista, muestra en esta elección municipal toda su fragilidad. Macron logró en efecto en 2017 hacer estallar en mil pedazos a un partido socialista o socialdemócrata mayoritariamente partidario del neoliberalismo, y provocó una fuerte crisis en la derecha tradicional LR, con el apoyo de los centristas neoliberales como François Bayrou, pero no ha conseguido en cambio remplazarlos por un partido digno de ese nombre.

LERM es un conglomerado de oportunistas venidos de horizontes diversos: consejeros y lobistas venidos de la derecha socialdemócrata, de los centristas y giscardianos, o de la derecha tradicional «gaullista». La pretendida renovación de la clase política francesa que preconizaba Macron, se ha revelado una inmensa farsa, con una mayoría parlamentaria de «godillots» sin personalidad ni voz propia y a las ordenes del poder vertical del jefe del Estado. 

En la historia de la Quinta república, el mandato presidencial de Macron y su política antisocial al servicio del capital financiero, será citado en los anales como el que alcanzó el mayor récord de dimisiones debidas a conflictos de interés, puertas giratorias, así como por su brutal represión de los movimientos sociales. En cuanto a su partido LERM, será probablemente tan efímero como su fundador.

Lo poco que queda hoy de «izquierdas» en el Partido socialista, se ha aliado en estos comicios municipales a los ecologistas y al partido de izquierdas «Francia insumisa».  Esperemos que de aquí al 2022, escrutinio presidencial y decisivo en Francia, esa nueva unión de izquierdas verde y roja consiga afirmarse, más allá de egos personales y de sectarismos partidarios. Su gran desafío será en el futuro devolver la esperanza a esa multitud de abstencionistas.

Frente a la amenaza de la extrema derecha fascista, con el disfraz político del RN lepenista, y al fracaso de la derecha política neoliberal al servicio del CAC 40, sea con etiqueta LR o LREM, la única alternativa de progreso en Francia es esa todavía incipiente alianza entre la ecología y la reivindicación social, que devuelva el poder al Parlamento y al poder ejecutivo, con un escrutinio proporcional y logre sacar a Francia de la absurda lógica vertical y presidencialista de la Quinta república.

Periodista profesional en Francia desde 1976. Miembro del Sindicato Francés de la crítica de cine y de FIPRESCI, he cubierto desde 1979 sin interrupción los festivales de Cannes y de San Sebastián, así como otros festivales internacionales. En San Sebastián presento desde 2008, los “Desayunos horizontes” en la sección Horizontes Latinos.

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