La Policía Municipal de Madrid ha multado a tres vecinas de La Elipa por fumar un cigarro en la puerta de la Asociación Vecinal Nueva Elipa, dónde reparten alimentos. Las tres vecinas, que trabajan en la Asociación, descansaban el viernes 22 a las 14 horas, después del reparto, y se encontraban preparando las labores del día siguiente, que también reparten.

Los hechos según las afectadas

El reparto había terminado quince minutos antes. Cuatro familias habían faltado a la entrega, y las voluntarias se quedaron viendo como organizaban las cosas para el día siguiente. Salieron a fumar, para, después de una jornada de trabajo hacer un descanso antes de cerrarlo todo.

Irene, una de las afectadas, estaba sentada en una silla. A dos metros, Félix, antiguo presidente de la asociación. Ricardo, que trabaja junto a Irene en la entidad, también estaba de pie, a dos metros de ambos. 

Las multas dicen que no cumplían estas distancias. También que desobedecieron a las agentes, pese a que en cuanto las dos policías llegaron, Irene guardó la silla. Los tres trataron de colaborar, pero no fue suficiente para las agentes.

«La policía se acercó con una actitud violenta, nada pedagógica. Fueron directamente a multarnos», explica Irene. «No nos dejaron explicarnos. Fue violento e injusto». 

Según les comunicaron, las dos agentes (que luego pidieron refuerzos) acudieron por la llamada de un vecino.

Relaciones con la Junta

Dada la importante labor que están haciendo, les resulta frustrante que no solo no las ayuden, sino que les pongan trabas por desarrollar su actividad. Este lunes 25 van a tratar de resolver la situación con la Junta. 

« Hay mucha indignación en el barrio. Nos han bajado más más comida, como muestra de apoyo. Ha habido una buena respuesta vecinal», dice Irene, orgullosa de la solidaridad de las vecinas de La Elipa.

Cómo norma, las voluntarias de la entidad notifican sus nombres y apellidos a la Junta de Distrito de Ciudad Lineal antes de cada reparto. Pero la Junta no les facilita ningún tipo de documento ni ayuda. 

Su comunicación se reduce a la citada notificación. Ni protocolos, ni ayuda en la desinfección, ni colaboración con parte de las donaciones que les consta que les están llegando a la Junta. Cuenta con otras entidades, pero no con ellas.

Tampoco reciben ayuda del Banco de Alimentos. «No están priorizando a las asociaciones de vecinos», explica Irene. Últimamente, esta crítica es recurrente en las asociaciones que reparten alimentos. Ya la habíamos encontrado, por ejemplo, en la Red Solidaria Villa de Vallekas. El Banco está desbordado por la emergencia alimentaria, y tiende a priorizar grandes entidades y, según las asociaciones de vecinos, parroquias.

La importancia de su trabajo

Están apoyando la labor asistencial que no cubren las ONG grandes ni la administración. Han ayudado durante un par de semanas a familias de Cáritas, porque la entidad se quedó sin alimentos. También han hecho donaciones de mascarillas y pantallas al centro de salud del barrio. 

«Hemos hablado con las trabajadoras sociales del centro de salud y de La Elipa. Tienen muy malas condiciones, trabajan mucho, pero están desbordadas», explica Irene. Las entidades y agentes tienden a ayudarse, compartir, derivarse gente o excedentes de donaciones. Pero la administración y su burocracia, son otra cosa. 

En estos momentos, la entidad funciona autónomamente, gracias al trabajo de setenta personas y las donaciones económicas y de alimentos de vecinos y vecinas. Las voluntarias, trabajan desde la segunda semana de confinamiento. Crearon una red solidaria, con la que repartían alimentos y medicinas a persona mayores y enfermas. La red sigue en funcionamiento, aunque con menos intensidad.

A raíz de llamadas de gente necesitada, así como de la comunicación con servicios sociales, hace tres semanas, empezaron con la despensa. La primera semana atendieron a cuarenta familias, la segunda a cincuenta. Esta semana, ciento diez familias han recogido alimentos en sus locales. 

Todo el mundo necesita ayuda

El volumen de necesidad ha hecho que de uno, pasen a repartir dos días: viernes y sábado. Lo hacen en dos de los cuatro locales de que disponen. En uno almacenan alimentos no perecederos y productos de higiene. El otro, que tiene las neveras (donde les multaron) lo reservan para productos frescos.

No piden papeles a sus usuarios, aunque sí que les toman los datos y les hacen firmar un permiso para contrastar sus nombres con Servicios Sociales y otras asociaciones del barrio. Entre sus usuarios hay personas que cobran la Renta Mínima de Inserción. También están quienes no han cobrado aún los ERTE. Hay personas que trabajaban en negro y quienes no tienen papeles. Abunda la población migrante.

La mayoría de personas que recurren a ellas son mujeres, normalmente de familias grandes, con varios hijos. «Tenemos una familia que son doce en una casa», explica Irene. «Hay quienes reciben pequeñas ayudas. Por ejemplo la ayuda de comedor de los niños. También hay quienes reciben un menú al día. Pero con eso ni desayunas ni te alimentas para todo un día». Al final, la gente tiene que sobrevivir en base a sumar pequeños parches.

La Asociación en la cuerda floja

La propia entidad no pasa por un buen momento. Tienen los locales en régimen de alquiler, y al mantenerse abiertos pero sin recibir ingresos, los espacios están suponiendo un importante coste, que temen no poder asumir. 

«No creemos que la situación sea sostenible más allá de Agosto», explica Irene. Su arrendador es el Instituto de Vivienda de Madrid (IVIMA) y no les ha facilitado una reducción de la renta. Irene cree que deberían reducirles el alquiler, para ayudarles a sostener la labor que hacen. 

La Asociación Vecinal Nueva Elipa lleva más de cuarenta años trabajando en el barrio. La labor que están haciendo es solo la última parada de un largo recorrido. Todos los años trabajan en la organización de las fiestas de la Elipa. También hacen todo tipo de actividades a lo largo del año, especialmente deportivas y culturales.

En sus locales se reúnen redes de consumo, la asociación feminista del barrio, alcohólicos anónimos, la asociación de vivienda apoyo mutuo… Además, gestionan un equipo de fútbol y sus campos, además del huerto urbano. Están siempre creando redes, dinamizando el barrio.

En estos momentos su prioridad es la emergencia alimentaria. Quieren ayudar a todo el que lo necesite, aunque el límite personal se lo han puesto en ciento veinte familias. No creen que en sus condiciones puedan asegurar un buen servicio a más personas. Sin embargo, siempre pueden asesorar o derivar.

Su página de Facebook, su Instagram y el teléfono 722 23 34 25 están disponibles para quienes necesiten o quieran aportar ayuda. Al final, pase lo que pase, el objetivo sigue siendo uno solo: ayudar a los vecinos y vecinas de La Elipa a mejorar su calidad de vida.

Habito entre la información y el arte, como el niño que baila entre la filosofía y la poesía. Creo en el compromiso, pero no en los dogmas, y más que la verdad, busco las perspectivas, aunque siempre trato de recopilarlas de forma fiel y rigurosa. Dicen que hay un tal Zule que publica con mi voz, pero yo creo que simplemente somos dos jugadores de un mismo juego: el que cree en la palabra y su poder transformador, así como en la responsabilidad de usarla honradamente.

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