La sociedad francesa ha tomado conciencia de cómo la pandemia de la COVID-19 ha puesto de manifiesto las consecuencias de la privatización de la sanidad pública, tras el trágico balance de decenas de miles de muertos, y que la paulatina reactivación económica que se anuncia en los meses venideros tras la crisis sanitaria, supondrá una grave crisis social, en la que la cuestión esencial es cómo proteger a la población.

En Francia, el primer frente de esta lucha social que se anuncia violenta en los meses venideros es la de la defensa del servicio público de sanidad, la defensa del hospital público para extraerlo a la lógica liberal del libre mercado y de la rentabilidad.

Muchas promesas han sido hechas por el Gobierno de Emmanuel Macron durante la pandemia en curso, y muchos aplausos han recibido los profesionales de la salud, pero se trata ahora de verificar si es una mentira más o si el Ejecutivo está decidido a cambiar de rumbo y abandonar su política desastrosa en materia de sanidad.

El Gabinete acaba de lanzar el «Ségur de la salud», elemento de lenguaje y comunicación que evoca los acuerdos de Grenelle en 1968, en los que la clase obrera obtuvo consecuentes aumentos salariales. En París, Ségur es el nombre de la calle en donde se encuentra el Ministerio de la Salud, y Grenelle la calle que alberga el Ministerio de Trabajo.

Esa «concertación» con las organizaciones sindicales, anunciada por el ministro de Sanidad francés, Olivier Veran, se propone reevaluar los salarios y los medios de que debe disponer en el futuro el hospital público en Francia. Pero la gran incógnita es: ¿Los sindicatos y la opinión publica que sostiene masivamente al personal sanitario conseguirán invertir la política liberal de Macron aplicada hasta la fecha en el ámbito de la salud? ¿Los «héroes» enviados al frente como carne de cañón obtendrán ahora satisfacción?

Francia: movilizaciones del personal sanitario en Montauban
Francia: movilizaciones del personal sanitario en Montauban

Medallas innecesarias, primas insuficientes

Abucheado a veces, increpado a menudo por el personal hospitalario, (la más reciente fue hace pocos días en el hospital de la Pitié en París), el presidente Macron se vio obligado a aceptar el principio de una reevaluación de los salarios del personal a todos los niveles. El mismo Macron que había enviado la policía antidisturbios para reprimir violentamente las manifestaciones de ese mismo personal en huelga meses atrás y que había asegurado no disponer de «dinero mágico» para satisfacer las necesidades más elementales del hospital público.

El personal sanitario ha dicho claramente a Macron que se puede guardar las medallas y condecoraciones prometidas, insistiendo en el carácter insuficiente de la prima anunciada para solo una parte del personal, y reclamando un consecuente aumento salarial a todos los niveles.

Los médicos y el conjunto del personal hospitalario han sabido protegernos en esta crisis sanitaria, no obstante los escasos medios a su alcance resultado de la constante destrucción del hospital público por las sucesivas políticas neoliberales de Sarkozy, Hollande y su heredero Macron.

Se trata ahora de mantener la movilización y el apoyo al personal sanitario no solo para obtener aumentos salariales y revalorizar sus carreras profesionales, sino también para devolver la gestión de los hospitales a los médicos y a su personal, gestión en manos hoy de los tecnócratas ministeriales.

La sanidad pública no es una mercancía

La primera conclusión que se impone en esta lucha social en defensa de la salud pública, es extraer la gestión y organización de los hospitales públicos de la lógica liberal de la rentabilidad. El servicio público debe estar al servicio del ser humano, del ciudadano, y no gobernado por individuos que tiene una calculadora y un software Excel en el cerebro.

En aras de la rentabilidad dictada por los sucesivos gobiernos en los últimos veinte años, más de cien mil camas fueron suprimidas en los hospitales públicos en Francia. Servicios suprimidos, maternidades cerradas, cierre de hospitales en zonas rurales, insostenibles ritmos de trabajo, precariedad y supresión de numerosos empleos han provocado una verdadera asfixia del hospital público. El grito de alarma de todas las categorías del personal y su movilización fueron despreciados por el poder.

Una pandemia y treinta mil muertos después, Macron y su gobierno han aceptado por fin la actual concertación, al quedar al desnudo su desastrosa gestión de la crisis sanitaria.

Francia: movilizaciones del personal sanitario del hospital Robert Debre, París
Francia: movilizaciones del personal sanitario del hospital Robert Debre, París

Seis medidas urgentes. ¡Del aplauso a la movilización!

En Saint Nazaire, Bordeaux, Toulouse, Montauban, Saint Etienne, Nantes, Paris… en todo el país persiste la movilización, «No olvidaremos» gritan unánimes los colectivos de personal hospitalario en lucha desde hace años contra el desmantelamiento y la gestión financiera del servicio publico de sanidad, privado de efectivos y del más elemental material técnico. Al empezar ahora la desescalada del confinamiento, las manifestaciones se han reanudado en los hospitales en Francia, y la lucha seguirá el tiempo necesario hasta obtener satisfacción.

Seis medidas urgentes se destacan en el «Manifeste des soignants» (manifiesto del personal sanitario) para salvar de urgencia el servicio publico de la salud:

  1. La gratuidad total en el dispositivo de protección, detección, cuidados y asistencia ligados al COVID-19.
  2. Aumento del presupuesto de sanidad para responder a las necesidades del hospital y reconstruir los servicios de psiquiatría.
  3. Revalorización de los salarios de las diferentes categorías del personal en los hospitales públicos y en los Ehpad, asilos para la tercera edad.
  4. Poner fin a la política de cierre y supresión de camas en los hospitales y a las reducciones presupuestarias programadas. Ampliar el número de camas en urgencias y servicios de readaptación.
  5. Aumentar los efectivos. Contratación y formación de nuevo personal hospitalario para garantizar la calidad y la seguridad de los cuidados.
  6. Votar una ley de democracia sanitaria que revise el actual «gobierno de empresa», limitando la denominada ‘tarificación de actividad’ y dejando la gestión del hospital en manos de los profesionales de la salud y de los usuarios.

No lo olvidemos: con un servicio sanitario a la altura de las necesidades, hubiésemos podido evitar el confinamiento.

Julio Feo Zarandieta
Periodista profesional en Francia desde 1976. He trabajado durante 35 años como periodista (Responsable de edición y critico de cine) en el servicio en castellano de Radio Francia Internacional. Pero también como corresponsal en París de diversos diarios y semanarios españoles y critico en Cine Classics (canal plus). Jubilado desde el 2013, escribo ahora en Periodistas en español y en Aquí Madrid. Miembro del Sindicato Francés de la critica de cine y de Fipresci, he cubierto numerosos festivales de cine internacionales, muy especialmente Cannes y San Sebastián. Militante antifranquista en los años sesenta, resido en Francia desde 1974, fecha en que me acordaron el asilo político. Hoy en día tengo la doble nacionalidad hispano francesa.

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