Dice Woody Allen en alguna parte de su autobiografía «A propósito de nada» (Alianza Editorial) que espera que la gente no lea estas memorias sólo para buscar el episodio de sus problemas a raíz de la acusación de pederastia que su expareja, la actriz Mia Farrow, presentó contra él en 1992.

Woody Allen Autobiografía

El caso volvió a la actualidad más tarde por unas declaraciones de Dylan, la hija adoptada de ambos y objeto de las acusaciones contra el director de cine, en contra del testimonio de Moses, otro de los hijos de la pareja, que está del lado de su padre.

Sospecho que la voluntad de Woody Allen no se va a cumplir en este caso, no sólo porque su vida y su obra sean ya de las más conocidas de Hollywood (hay multitud de biografías y muchos ensayos sobre sus películas, algunos excelentes), sino que esta autobiografía que ahora se publica tampoco añade muchas cosas a las ya conocidas sino anécdotas y detalles menores sobre los rodajes de las películas que dirigió y también en las que sólo actuó en el reparto, y de sus relaciones con los actores y las actrices con las que trabajó a lo largo de su vida, por cierto, siempre con referencias elogiosas y llenas de admiración, afecto, incluso ternura.

Los amantes de sus películas encontrarán aquí detalles desconocidos, vivencias curiosas, interesantes testimonios sobre aspectos de su vida y de la intrahistoria de su obera, pero apenas nada más.

Además la parte más extensa de estas memorias, y la más interesante, corresponde precisamente a la que dedica al caso Dylan y a las repercusiones que tuvo en su vida. Pero sobre todo es recomendable la lectura de esta autobiografía para conocer a fondo la versión de Woody Allen sobre aquellas acusaciones.

De acuerdo, es la versión de una parte, pero hay que reconocer que está muy bien argumentada en testimonios y documentada por las investigaciones de dos instituciones independientes que llegaron a la conclusión de que las acusaciones de Dylan, una niña de siete años, eran poco creíbles y con muchas posibilidades de haber estado mediatizadas por la influencia de su madre.

Así que Allen nunca fue condenado por ningún tribunal y ni los médicos ni los sicólogos y asistentes sociales que examinaron a Dylan encontraron algún indicio que mostrara efectos de la violación de la que se acusaba a Allen.

La lectura de este testimonio del director recuerda los avatares de los protagonistas de películas como «La caza» del danés Tomas Vinterberg y «Expiación» de Joe Wright sobre la novela de Ian McEwan. En fin, lean ustedes y decidan sobre el asunto.

Porque la lectura de «A propósito de nada» es recomendable por otros aspectos más relacionados con la obra y la personalidad de Woody Allen. En primer lugar por su estilo literario, que ya ha mostrado en otros escritos («Cómo acabar de una vez por todas con la cultura») y que a mí me recuerda al de aquellas memorias de Groucho Marx publicadas en España con el título «Groucho y yo».

La lectura de ambas obras garantiza sonrisas permanentes, incluso carcajadas, aún en las situaciones más dramáticas, aunque, como todo, también el humor es algo muy personal: «Uno nunca sabe por qué la gente no se ríe de cosas que a ti te parecen muy graciosas. La risa no es una ciencia exacta» (p.112).

También por algunos aspectos poco tratados en otras biografías y que se refieren a temas relacionados con su intimidad: sus hijos, su amor por Soon-Yi, las relaciones con personas a las que ha admirado, desde Truffaut y Antonioni a Arthur Miller y Tennessee Williams. Y por sus decepciones sobre personas de las que esperaba reacciones distintas.

También por todo lo que supuso para su carrera el caso Dylan, desde el boicot a sus películas, a sus obras de teatro y a sus libros hasta las dificultades para encontrar financiación, actores y actrices para sus nuevos proyectos.

Este libro tuvo muchos problemas para poder ser publicado, incluso en España. Alianza editorial decidió hacerlo; una decisión valiente incluso aunque Allen no tenga razón, pues en toda polémica siempre hay que conocer la posición de todas las partes.

Ronan lo ve de otra manera

«Por la versión que Dylan ofreció cuando tenía siete años y que ha repetido con precisión desde entonces, Woody Allen se la llevó a una buhardilla de nuestra casa en Connecticut y la penetró con un dedo» (p. 50). Este es uno de los párrafos de «Depredadores» (Roca Editorial), el otro libro en el que se menciona, si bien de pasada, la acusación de Mia Farrow contra Woody Allen.

El libro está escrito por Ronan Farrow, el hijo de Mia Farrow y de Woody Allen, e ilustrado con dibujos de su hermana Dylan, a quien dedica uno de los últimos párrafos: «Tú no tuviste tu reportaje –le dije. Cuando ella habló, primero siendo una niña y de nuevo varios años antes de todo esto, sintió que la gente miraba hacia otro lado» (p.424), escribe sobre ella, dando a entender que este libro es, entre otras cosas, el reportaje que Dylan no tuvo.

Ronan acusa también a Woody Allen de haber contratado a una decena de detectives para obstruir la investigación y de presionar a los policías que investigaban el caso. Recuerda cómo el fiscal desistió de acusar a Allen atribuyendo la decisión a su deseo de ahorrar a Dylan el trauma del juicio.

A diferencia de Woody Allen, el tono con el que está escrito «Depredadores» es egocéntrico y prepotente. Y no dice nada a favor Ronan Farrow haber amenazado a la editorial Hachette con romper el contrato de este libro si publicaba, como tenía previsto, el de su padre.

Como hemos dicho, Ronan Farrow es hijo natural de la pareja Woody Allen – Mia Farrow, aunque ella sugirió en algún momento que en realidad el padre es Frank Sinatra, con quien Mia estuvo casada y con quien siguió manteniendo relaciones amistosas hasta la muerte del cantante, un enigma que Allen ha manifestado no tener ningún interés en desvelar.

Ronan, quien nació en Nueva York en 1987, tenía cinco años cuando sucedieron los hechos del caso Dylan. Hoy es un periodista de éxito con una brillante carrera que inició tras haber terminado los estudios de Filosofía y de Derecho en Yale y en el Magdalen College de Oxford y haber trabajado para Barack Obama en el equipo del diplomático Richard Holbrooke.

Escribió guiones para la serie «The Newsroom», dirigió un programa de televisión en la NBC y trabajó en el equipo de investigación periodística de esta cadena, que trató varios casos, entre ellos el dedicado a Harvey Weinstein, el productor de Hollywood condenado por acoso sexual y violación, que provocó el nacimiento del movimiento feminista #MeToo y la denuncia de la cultura de la impunidad que liquidó la conspiración de silencio que se extendía sobre el tema.

La negativa de la NBC a emitir el programa, al parecer por presiones del entorno de Weinstein, hizo que Ronan Farrow lo ofreciese al New Yorker. Por esta exclusiva Farrow fue galardonado con el premio Pulitzer de periodismo en 2018 y con ella escribió «Depredadores», un libro en el que a los casos de abusos sexuales por parte de Weinstein se unen los de otros próceres del mundo del cine, la política, el periodismo y el derecho.

Su formato es el de un thriller policiaco, con referencias a servicios de espionaje israelíes y estructuras como Black Cube, dedicadas a investigar en las vidas privadas de las personas. A modo de diálogos entre los personajes que participaron o protagonizaron los casos, Ronan cuenta minuciosamente todo el proceso de investigación sobre el caso Weinstein desde las declaraciones valientes de las primeras mujeres que decidieron hablar (Rose McGowan, Rosanna Arquette, Ambra Gutiérrez, Emily Nestor, Mira Sorvino). A ellas se unieron otras muchas hasta superar los ochenta casos.

Y un detalle sentimental: Ronan aprovecha el libro para hacer una petición formal de matrimonio a su novio Jonathan Lovett, su pareja desde los tiempos de su colaboración con Obama.

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