La poesía de Miguel Hernández, a quien la lee, se le mete en la sangre, ilumina el sendero. Siente el resplandor de la vida y la muerte. El pastor nació en Orihuela, provincia de Alicante, el 30 de octubre de 1910. Se cumplen ciento diez años de su nacimiento, pero no solo celebramos este aniversario sino su legado poético, su valor ético ante la injusticia y su dolor de España dividida en la Guerra Civil.

Aunque los jesuitas le habían dado una beca para estudiar, su padre quiso que criara cabras. Sin embargo, su vocación literaria se cumplió. Le prohibían estudiar pero no leer y con el apoyo del Canónigo del pueblo consiguió libros, leyó a Garcilaso de la Vega, Cervantes, Góngora, San Juan de la Cruz, compró una máquina de escribir y mientras pastoreaba las cabras escribió poemas.

En 1931, le otorgan un premio por un poema dedicado a Valencia. Recorre literariamente el paisaje natal, las ciudades de Murcia, Alicante, Valencia, el Mediterráneo, el río Segura y Elche. Recuerdo en la bruma ese viaje estudiantil que hice visitando la tierra del poeta pastor.

Gracias a ese premio y a diversas publicaciones su nombre es conocido y viaja a Madrid, pero regresa a Orihuela por no conseguir empleo. No obstante, conoce a la Generación del 27, a la cual, los estudiosos, lo vinculan por la característica de su lírica.

En su segundo viaje a Madrid, en 1933, colabora con la Revista de Occidente, conoce a Vicente Aleixandre, a Pablo Neruda y a la pintora Maruja Mallo, la musa inspiradora de su poemario «El rayo que no cesa», publicado en 1936, donde el poeta une el tema del amor con la poesía medieval cortesana y la idealización de la amada. Su estilo, con influencia de Góngora, juega con figuras retóricas, repeticiones y antítesis, en sonetos casi culteranos. Fluyen los temas centrales de su poética: la vida, el amor y la muerte, enraizados en sus vivencias profundas donde crece el símbolo del toro-poeta-hombre.

Soneto 23

Como el toro he nacido para el luto
Y el dolor, como el toro estoy marcado
Por un hierro infernal en el costado
Y por varón en la ingle con un fruto.
Como el toro lo encuentra diminuto
Todo mi corazón desmesurado.
Y del rostro del beso enamorado,
Como el toro a tu amor se lo dispute.
Como el toro me crezco en el castigo,
La lengua en corazón tengo bañada
Y llevo al cuello un vendaval sonoro.
Como el toro te sigo y te persigo,
Y dejas mi deseo en una espada,
Como el toro burlado, como el toro.

En el Soneto dos, la vida, el amor y la muerte se simbolizan en el rayo, el rayo que no cesa, como su propia vida.

Estalla la Guerra Civil española, Miguel se adhiere a los republicanos y se afilia al partido comunista. En medio de la guerra se casa con Josefina Manresa, asiste al Segundo Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura y luego viaja a la Unión Soviética. Su pluma se estremece, escribe «El hombre acecha», varias obras de teatro y numerosos poemas. Nace su primer «hijo de luz», hijo también de sombras porque muere a los pocos meses.

En 1939, nace Manuel Miguel, y nace su libro «Viento de pueblo», comienza «Cancionero y romancero de ausencias» y «Nanas de cebolla», que dedica a su hijo y a su mujer por la soledad y el hambre que pasan sin poder el asistirlos.

La cebolla es escarcha
Cerrada y pobre:
Escarcha de tus días
Y de mis noches.
Hambre y cebolla:
Hielo negro y escarcha
Grande y redonda.
En la cuna del hambre
Mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
Se amamantaba.
Pero tu sangre
Escarchaba el azúcar,
Cebolla y hambre.

Cae preso y sigue escribiendo desde la cárcel. Pablo Neruda, Cossio y otros amigos consiguen su libertad, pero por una delación vuelve a la cárcel y es condenado a muerte. Aunque la pena es computada por la de prisión, la muerte lo acecha y muere de tuberculosis en la enfermería de la prisión: el 28 de marzo de 1942, con solo 31 años y muchos poemas en el corazón.

Recuerdo entre brumas, los sembradíos de hortalizas y cítricos, entre huertas y al pie de la sierra, el paisaje cercano de Orihuela… tanta historia, celtas, iberos, romanos, musulmanes se asentaron en estos lares… la entrada al casco histórico de la ciudad tan bien conservado…

Me gustaría volver para visitar la Casa Museo Miguel Hernández, la higuera donde solía apoyarse para escribir, el cobertizo de las cabras….

Y entre la bruma y el viento sentir al poeta que sufrió la España dividida y desgarrada, sentir su voz decir:!Ay España de mi vida / Ay España de mi muerte.

3 Comentarios

  1. Bello y sensible artículo. Impregnado de poesía nos lleva a descubrir una vida truncada y dolorosa. Gracias! Siga escribiendo.

  2. Gracias por nuevamente traernos a la mente los grandes literaros Españoles. Aprecio la sencillez de su prosa que es facil de entender y recordar.

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