María Sánchez tenía trece años cuando el 27 de abril de 2017 le diagnosticaron Sarcoma de Ewing, un tipo de cáncer infantil muy poco frecuente. Tres años después, tras un autotrasplante, dos operaciones, dieciocho ciclos de quimio y 58 sesiones de radioterapia, la enfermedad todavía no ha desaparecido del cuerpo de María.

«Era una niña super afortunada y lo sabía. No hacía falta que viniese un huracán para darme cuenta de ello. Tenía la familia más maravillosa del mundo y disfrutaba de todo aquello que me gustaba hacer: esquiar, bailar…» cuenta esta pequeña guerrera.

Sin embargo, «el 27 de abril de 2017 me tocó la loteria mala, esa de la que nadie compra papeletas. Y todo mi fisico, mis planes, mi vida… cambió por completo», confiesa.

María pasó de vivir en el municipio madrileño de Alcorcón, con sus padres y sus dos hermanos, a tener que trasladarse al Hospital Universitario de La Paz, que terminó convirtiéndose en su segunda casa.

María es una auténtica guerrera

Todo fue inesperado. Tras unos dolores repentinos en la espalda, los padres de María la llevaron al hospital, donde le diagnosticaron Sarcoma de Ewing paravertebral, y ahí comenzó su lucha. «Al principio nunca te imaginas una noticia así. Lo primero que me preocupó fue la caída del pelo, pero luego te das cuenta de que lo realmente importante es salir adelante».

Así fue como poco a poco, paso a paso, parecía que todo cada vez iba a mejor. Además, como homenaje a la pequeña de la casa, varios miembros de su familia se tatuaron el lema Siempre fuertes, incluída su abuela.

Sin embargo, tras tres años de lucha imparable, los médicos han vuelto a detectarle la enfermedad por cuarta vez.

«Y, con todo lo que llevo ya detrás, no me pueden dar más quimio ni más radio. Y, en el hospital donde estoy, en La Paz, tampoco me podrían operar», confiesa.

María necesita nuestra ayuda

Es por ello que toda la familia se ha volcado en buscar una ayuda para María. «Necesita urgentemente a alguien que tenga un tratamiento/ensayo clínico que le pudiera ser efectivo al Sarcoma de Ewing. Da igual en qué lugar del mundo, ya que ahora mismo no le dan opciones de tratamiento», explican.

Así mismo, sus familiares aclaran que no necesitan un oncólogo, ni tampoco dinero. «Ya hemos contactado con la gran mayoría durante estos tres años de los nombres que nos mandais desde Madrid, Barcelona, Sevilla… incluso en el extranjero. Necesitamos a alguien que tenga un tratamiento, una alternativa que le pueda ser efectiva».

«Me queda mucho por hacer, mucho por vivir, y muchos abrazos que dar. Volveremos a brindar la victoria», confiesa convencida María.

Mi madre nunca me lo ha confesado, pero yo estoy segura de que la primera palabra que pronuncié siendo bebé fue « ¿Por qué? » Años más tarde, en el colegio, los profesores me apodaron la niña de las tres preguntas y, desde entonces, tuve bastante claro que lo mío era la comunicación.

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