
La creación de las orquestas musicales juveniles a nivel mundial significaron un gran movimiento artístico. Europa, Asia, Africa y América se sumaron a este noble interés por la música clásica entusiasmando a la juventud.
La Joven Orquesta de la Unión Europea se creó en 1978 con el financiamiento de los estados miembros y de la propia Union Europea.
España cuenta con la Joven Orquesta Nacional de España (JONDE), fundada en 1983. Inglaterra es quien más orquestas juveniles ha creado.
Por otra parte, es lógico que Europa auspiciara la música clásica porque es parte de su patrimonio cultural. En América, Estados Unidos apoyó la tendencia de las Orquestas Sinfónicas Juveniles de San Francisco y de New York.
Fue, por lo tanto, un movimiento mundial que prendió con gran entusiasmo en Latinoamérica.
Casi todos los países latinoamericanos: Chile, República Dominicana, Uruguay, México, Colombia, Argentina, Venezuela tienen actualmente orquestas juveniles.
En Chile, Jorge Peña Hen, en 1964, creó y dirigió la orquesta infanto-juvenil. En México, surgió la Orquesta Sinfónica del Instituto Nacional de Protección a la Infancia.
Sin embargo, el gran movimiento musical juvenil, reconocido internacionalmente, fue auspiciado por el maestro José Antonio Abreu, en 1975, con el Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles de Venezuela.
El Sistema fue pensado en función educativa musical y para consolidar aspectos sociales y culturales de los jóvenes, logró una gran resonancia en el resto de Latinoamérica e impulsó el movimiento musical juvenil del continente latinoamericano.
Actualmente directores como Gustavo Dudamel y el maestro Mario Benzecry, promueven estas orquestas que forman los músicos del mañana.
Reconocimiento al maestro Mario Benzecry
Una de las figuras sobresalientes en el ámbito de orquestas juveniles es la del maestro Mario Benzecry, con una amplia trayectoria internacional.
Formado en Argentina y Francia, fue muy joven director de la Orquesta Gulbenkian de Lisboa, dirigió la Orquesta Filarmónica de New York, la Orquesta Nacional de la Opera de Montecarlo, la Orquesta Sinfónica de Houston (Texas), la Orquesta de la Televisión Francesa y luego las orquestas sinfónicas de Venezuela, Uruguay, Chile, Sao Paulo, Canada, México; y la lista continua.
Su brillante carrera como director le significó premios y distinciones y un prestigio internacional que lo llevó a giras internacionales en Europa y Estados Unidos. En 2025 fue invitado por Japón a presentar la Orquesta Sinfónica Juvenil Nacional José de San Martin en Tokio y Osaka.
En estos días se le rindió, en el Teatro Colon, un homenaje al cumplir noventa años, por su carrera musical y por la creación y compromiso con la Orquesta Sinfónica Juvenil Nacional José de San Martin, creada hace 32 años. Recibió, asimismo, el Premio a la Trayectoria Musical de la Asociación de Críticos Musicales de Argentina, en un acto en la Legislatura de Buenos Aires.
Quise saber de este gran movimiento musical y de la fundación de la orquesta. Lo llamé por teléfono y estaba en la Patagonia, acababa de dirigir la Orquesta Sinfónica de Rio Negro. Coordinamos encontrarnos en su casa, en Buenos Aires para conversar y hacer la entrevista.
Su casa guarda los recuerdos de sus premios y fotos de sus diversas direcciones orquestales a través del mundo y en Argentina.

Don Mario, parece la encarnación de la felicidad, muy sonriente me cuenta.
Mario Benzecry: Mi vocación la descubrí de manera casual, como muchas cosas en mi vida. A los diez años me sorprendió una vocación que me ha dado felicidad hasta el día de hoy: la música. Soy el menor de seis hermanos y una de mis hermanas decidió estudiar piano, ya que teníamos un piano en casa, para que no fuera sola al Conservatorio, resolvieron que yo estudiara violín y la acompañara. Así, comenzó mi vocación musical, que me ha dado todo.
Adriana Bianco: Sin duda, la música lo ha colmado de distinciones. Se que usted ha tenido una carrera brillante, fue director de importantes orquestas: la de Montecarlo, la de Lisboa, la de la Radio y Televisión francesa, la de Houston cuando era muy joven.
MB: Bueno, tuve una carrera internacional importante, pero en mi caso, tomé una decisión en función de mi vida familiar. Yo notaba que mis colegas que viajaban mucho no tenían familias felices, eran, muchos de ellos. padres ausentes y para mí la familia fue algo fundamental y la prioricé.
AB: Hay algo que usted también colocó en primer plano: la juventud y la educación. Fundó en París L’Orchestre de Solistes Boursiers du Gouverne François et l’Ensemble de la Cité Internationale des Arts, y en Argentina, la Orquesta Sinfónica Juvenil Nacional «José de San Martin».
MB: Si, es verdad, siempre traté de crear organismos que contemplaran la juventud y fueran potentes y subsistieran como la Orquesta de Becarios en Francia, y estoy orgulloso de ello. También, la orquesta de Camara Mayo, que fue sostenida por el Banco Mayo, hasta su cierre. Y la Orquesta Sinfónica Juvenil Nacional «José de San Martin.», que lleva 32 años de existencia.
Mira Adrianita, las orquestas juveniles son muy importantes, yo provengo de una orquesta juvenil. En 1954, se creó la Orquesta Juvenil de Radio del Estado y yo participé y comencé a interesarme por la música. Por esa experiencia personal puse énfasis en las orquestas juveniles y desde 1985, fui todos los años a Venezuela a dirigir la orquesta y dar cursos para directores de orquestas. Fue así como el maestro Abreu, en 1994, me sugirió de crear una orquesta juvenil en Argentina. Se habían cerrado las orquestas juveniles de Radio Nacional y Federal y le dije que sí. Comencé a organizar sin lugar para ensayar, finalmente, logré coordinar todo y dimos el primer concierto en 1994, en el Club Italiano, con un grupo de jóvenes músicos. Abreu era, en ese momento, ministro de Cultura del gobierno de Carlos Andrés Pérez en Venezuela, y cuando le avisé que la Orquesta Juvenil recién creada iba a tocar un concierto, me dijo: ¡Yo voy al concierto! Abreu era una persona excepcional, al venir le dio un gran impulso a la orquesta juvenil.
AB: Sin duda ¿Por qué usted cree que es importante tener orquestas juveniles?
MB: Las orquestas juveniles tienen tres factores muy importantes sobre las cuales se sostienen: primero, la labor pedagógica de la música, el conocimiento de autores, estilos y la enseñanza de una profesión; el otro factor es el social, estas orquestas ayudan al niño a salir de ambientes pobres, lo alejan de la calle, de las drogas y les abren un horizonte prospero, o sea, se les ofrece un mundo laboral. Por otra parte, la orquesta disciplina al joven, le crea un sentido de responsabilidad, de solidaridad, de comunidad, porque no está solo sino con otros músicos.
La Orquesta Juvenil que dirijo es como la universidad de las orquestas juveniles, y tengo el placer de ver como los chicos vienen y me dicen: «Maestro a partir del próximo mes no podré venir más porque gané el concurso en la Orquesta del Teatro Colon». Y esos muchachos ya tiene resuelta su vida y sus aspectos económicos.
AB: Sin duda, y es también una manera de promover la música clásica, de continuar con nuestra tradición cultural, de formar nuevas generaciones de músicos.
MB: Claro, ese es el tercer aspecto: el cultural. Así se crean nuevos públicos. Yo he visto que antes había mucha gente con canas asistiendo a los conciertos, Hoy en día, veo que el sesenta por ciento de las cabezas son personas jóvenes, atraídos por la juventud de los músicos. En Argentina las orquestas juveniles han crecido, es un movimiento muy potente. En la Provincia de Buenos Aires, hay doscientas doce orquestas juveniles de todos los niveles desde el inicial hasta el profesional. En la provincia de Misiones hay 83 orquesta juveniles.
AB; ¡Misiones, la provincia que es casi territorio selvático…Maravilloso! (Nos reímos) Cuénteme ¿Qué significa para usted, dirigir?
MB: Puedo decirte que la música ha sido todo para mí. A los catorce años para pagar mis estudios, comencé a tocar en orquestas de tango, conocí a quien fuera mi esposa, en el Teatro Colon, una compañera increíble durante sesenta años. Tuve dos hijos maravillosos, uno profesor y sociólogo y el otro, músico, Esteban Benzecry, quien vive en París, y está haciendo una carrera muy importante, se formó solo, consiguió premios, y son muchas las orquestas internacionales que tocan su música. Me siento muy orgulloso. Adrianita, la música es mi vida.
Con respecto a tu pregunta, te digo que cuando uno abre una partitura se crea una relación con el compositor, porque faltan muchos detalles y estamos sujetos a la interpretación, por eso, hay que estar pensando cada pormenor de la música.
Te doy un ejemplo: el «forte» no es lo mismo en el violín que en trombón… Podría decirte que el director es el que produce la música, no la orquesta, la orquesta necesita la dirección…la calidad del sonido cambia con cada director, por eso están las diferentes versiones de los diferentes directores…no hay una sola forma de dirigir, hay tantas formas de dirigir como buenos directores. Yo leo una partitura y la interpreto, pero viene otro director y la desarrolla de una manera ligeramente diferente, cada uno debe buscar «su manera de dirigir», por eso hay que tener un profundo conocimiento de la partitura. La orquesta responde a lo que el director imprime.
AB: Es increíble, pero la interpretación es fundamental en la obra. ¿Y cómo elige su repertorio cuando arma el programa con la sinfónica?
MB: Cuando dirijo la Sinfónica Juvenil, pienso en lo didáctico, pero a veces en lo que amo interpretar. También tengo en cuenta obras que le sirvan al joven en su futuro profesional, algunas con ciertas dificultades que deben leer a primera vista en los concursos, así llegan con preparación.
Por otra parte, también tengo en consideración el gusto del público, porque nosotros sin el público no existimos. A mí me gustan mucho los compositores alemanes, rusos, franceses, no obstante, defiendo a los autores argentinos y los toco mucho porque es parte de nuestra identidad nacional.
AB: Por otra parte, no es lo mismo dirigir una orquesta sinfónica que dirigir ópera y ballet, usted vivió esas experiencias.
MB: Sí, yo dirigí ópera y ballet y no es lo mismo. La diferencia está en el tipo de comando que uno tiene. Cuando uno dirige música sinfónica sin solista, uno es el amo total de la función, siempre consensuando con la calidad interpretativa de la orquesta que tiene por delante, pero uno tiene el manejo total de la situación. Cuando hablamos de ballet y opera la situación cambia.
En el ballet la música depende de los músculos, porque debe observarse cómo se encuentran los bailarines, si el salto va a ser más largo o corto, el tiempo será más rápido o no. Lo mismo ocurre en la Opera, hay que estar atento al cantante.
Cuando hay que acompañar a bailarines o cantantes que dependen de su cuerpo o de su voz, hay que estar muy atento a ellos, para facilitar su actuación escénica. Hay que prestar mucha atención al cantante o al bailarín para acompañarlo.
AB: Me recuerda cuando hacia teatro, ninguna noche es igual y hay que estar atento al compañero y a su réplica…
MB: Claro, es como en el teatro o en el cine. ¡¡Pensar, Adrianita, que todos los chicos te veíamos actuar, con tanto cariño!!
AB: Gracias maestro, por el recuerdo. (Nos reímos). Antes de irme, cómo ve el panorama musical en la globalización y que les diría a los jóvenes que tiene inclinación por la música…
MB: Mira, puedo hablarte del panorama musical argentino porque es el que más conozco actualmente, lo veo muy auspicioso por la labor de estas orquestas juveniles que están creando nuevos públicos.
Cuando un niño de un barrio de bajos recursos participa en una orquesta juvenil, levanta su autoestima, lleva a su familia y a sus amigos, que también van con su familia. Las orquestas juveniles son realmente muy positivas para el ambiente musical y social, especialmente en las clases más pobres.
La música hay que amarla. Si un joven ama la música, que piense que su vida profesional está asegurada dedicándose a ella, y que la música es algo maravilloso. ¡Una gran felicidad!



