Posiblemente cuando usted visita un museo o una exposición haya sentido la tentación o la curiosidad de ver la parte de atrás de alguno de los cuadros que contempla, lo cual es imposible porque habitualmente no se pueden separar de la pared de la que cuelgan.

Ahora, el Museo del Prado ha tenido la feliz idea de mostrar el reverso de algunos de sus cuadros y de otros que son propiedad de coleccionistas o forman parte de colecciones de importantes pinacotecas como el Van Gogh Museum de Amsterdam, el Museum of Dine Arts de Boston o el Kunstsammlung de Dusseldorf.

Contemplar el reverso de un cuadro es un privilegio accesible sólo a artistas, investigadores, montadores, galeristas, restauradores, coleccionistas y marchantes.

Algunas de las obras se exponen por primera vez en el Prado, como las de Van Gogh, Magritte, Lucio Fontana, Palazuelo, Sicilia o Tapies. Junto a ellas se pueden ver también algunos travesaños del bastidor original del Guernica de Picasso.

A través de estos reversos el Prado hace una reevaluación de las obras de sus colecciones e identifica en otros grandes museos ejemplos que demuestran cómo se enriquece la apreciación de las obras de arte cuando no nos limitamos a mirarlas de frente.

La exposición se ha instalado en dos de las salas del Prado, pintadas de negro para la ocasión, sin establecer jerarquías ni un orden cronológico de las obras expuestas, que abarcan desde la Edad Media y el primer Renacimiento (la más antigua es una de Fra Angelico) hasta el siglo veintiuno, con artistas contemporáneos como Vik Muniz, Sophie Calle y Miguel Ángel Blanco, comisario de esta exposición. También hay obras de Tapies y Joan Miró.

La originalidad consiste en exponer la cara oculta de estas obras, lo que no se ve habitualmente, por resultar de interés por unas u otras razones. Y hay que decir que en muchas ocasiones estos reversos sorprenden y fascinan.

Lo primero que se encuentra el visitante es una reproducción exacta en dimensiones y aspecto del reverso que sostiene «Las Meninas», realizada por Vik Muniz según lo que se ve en el cuadro de Velázquez. Esta obra da paso a una serie de pinturas con retratos y autorretratos de artistas en sus talleres, habitualmente tras los caballetes sobre los que se aprecia la parte posterior del cuadro que pintan, una modalidad de autorretrato que comenzó a manifestarse en el siglo diecisiete y que fue muy practicada posteriormente. En este apartado las obras más sobresalientes son las de Rembrandt, Van Gogh, Goya y Barent Fabritius.

En el apartado «Esto no es una trasera» se muestra la importancia que para los artistas tenía la cara oculta de sus obras, en la que anotaban inscripciones, etiquetas, sellos, dibujos y otras señales. En otra de las secciones, «El bastidor como cruz» se hace notar cómo la estructura posterior de los cuadros, habitualmente en forma de cruz, facilita su traslado e invita a poetizar sus desplazamientos como vía crucis.

Uno de los apartados más interesantes es el dedicado a aquellas obras que alojan en sus reversos imágenes que complementan las del anverso, como «La monja licenciosa»: la espalda de una figura que se ve de frente. A veces las traseras incluyen información heráldica, temas vinculados a la obra principal, retratos… o registran huellas del proceso de creación como dibujos, esquemas y textos que identifican a las figuras o explican los temas de la obra principal.

También aportan con frecuencia informaciones sobre las colecciones a las que pertenecieron, las estancias que decoraron, las intervenciones que sufrieron. Muy interesantes son los descubrimientos en estos reversos de ornamentos y de figuras fantasmales que aparecen al ser traspasadas las telas por los aceites utilizados por el pintor. También se muestran ejemplos de las huellas de los recortes, dobleces y pliegues a que fueron sometidas algunas obras para adaptarlas a nuevos usos o ubicaciones.

En otro de los apartados, «De espaldas, frente a la pintura», el artista mira de frente al espectador pero este los contempla desde atrás. Para el apartado «Naturaleza de fondo» se han investigado los materiales que han servido de soporte a las pinturas a lo largo de los siglos: hojalata, pizarra, alabastro, ladrillo, porcelana, marfil.

Y claro, se ha encontrado mucho polvo acumulado durante años (con el polvo extraído de «Transfiguración del Señor», de Giovanni Francesco Penni, Miguel Ángel Blanco ha realizado los tres libros-caja que se pueden ver en la exposición).

El envés de los cuadros pone al descubierto subgéneros como el autorretrato y el trampantojo, la cruz del bastidor, las pinturas a doble cara, el reverso como campo de pruebas o el espectador mostrado de espaldas. Una de las piezas más curiosas, la única escultura de la exposición, es la parte interna de una armadura de Carlos V.

Hay que señalar que muchas de las obras que se exponen, algunas por primera vez, han sido rescatadas de los almacenes y restauradas para la ocasión, tanto en sus anversos como en sus reversos.

TÍTULO. Reversos
LUGAR. Museo del Prado. Madrid
FECHAS. Hasta el 3 de marzo de 2024

Francisco R. Pastoriza
Profesor de la Universidad Complutense de Madrid. Periodista cultural Asignaturas: Información Cultural, Comunicación e Información Audiovisual y Fotografía informativa. Autor de "Qué es la fotografía" (Lunwerg), Periodismo Cultural (Síntesis. Madrid 2006), Cultura y TV. Una relación de conflicto (Gedisa. Barcelona, 2003) La mirada en el cristal. La información en TV (Fragua. Madrid, 2003) Perversiones televisivas (IORTV. Madrid, 1997). Investigación “La presencia de la cultura en los telediarios de la televisión pública de ámbito nacional durante el año 2006” (revista Sistema, enero 2008).

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