En estas vacaciones de verano de 2021 la cultura no debe perderse y la Colección del Museo Ruso de Málaga muestra veinticinco obras del artista Iván Konstantínovich Aivazovsky, que provienen de colecciones que fueron particulares de los monarcas o grandes duques de Rusia. Ahora el público tiene la posibilidad de disfrutarlas en Málaga.

Aivazovsky es un artista internacional que viajó por diferentes partes del mundo dejando obras en los principales recintos culturales.

«Su arte es apreciado con idéntico placer tanto  por el profano como el entusiasta más sofisticado o el profesional erudito. Las obras de Aivazovsky gozan de un éxito comercial imperecedero. Según propia confesión, el maestro  pintó unos seis mil cuadros. Hoy en día, estos son ávidamente buscados por avezados coleccionistas y por manifiestos aficionados. Las publicaciones dedicadas a su obra son cuantiosas. Un gran número de catálogos,monografías y artículos dan fe de la inmortal fama del célebre marinista ruso. Recorrió toda Europa, viajó por Asia, América y África. La mayor parte de su vida, de hecho, la pasó viajando. Como pintor del Cuartel General de la Armada (desde 1844), participó en las campañas navales a Turquía, Asia Menor y las islas del archipiélago griego. A lo largo de su primer viaje al extranjero como becario de la Academia de las Artes (1840-44), el incansable perseguidor de nuevas impresiones que fue Aivazovsky visitó Italia, Suiza, Alemania, Francia, Gran Bretaña, Holanda, Malta, Portugal y España, donde conoció Madrid,  Málaga, Granada, Sevilla, Cádiz e, incluso, se asomó a Gibraltar», explican en su biografía.

Lo que vemos en la sala son veinticinco obras, que llevan a un recorrido por las diferentes representaciones del agua, el mar y el océano, en calma o embravecido, como paisaje, inspiración religiosa o escenarios de batallas.

Sin duda alguna para la pintura rusa, necesitaba «su propio» marinista y Aivazovsky fue el primero en ocupar ese puesto, que ostentó en solitario durante largos años. Todos los demás pintores que pintaron marinas, o  fueron sus discípulos o experimentaron su influencia. Aivazovsky se manifestó, sobre todo como  marinista, de la manera más profunda, con la fuerza  de un artista de talento y decididamente genial. El enorme y singular don natural que poseía requirió de esa forma precisa, la pintura de marinas, para  desplegarse en todo su esplendor. 

Durante el recorrido por la exposición resulta interesante y a la vez ilustrativo descubrir que cuando Nicolás I disponía los regalos para la reina Victoria o la Casa Real de Suecia encargará a la Fábrica Imperial de la Porcelana unos jarrones con obras estampadas de Aivazovsky. Resulta natural que ese fuera  el destino del legado de Aivazovsky, si tomamos en consideración que fue alguien mimado por la Corte.

También descubrimos que la generosa actividad filantrópica de Aivazovsky fue en buena medida con medios económicos proporcionados por él, para llevar a cabo las excavaciones arqueológicas de los asentamientos griegos en Crimea y las ruinas medievales de la antigua Kaffa. Fue también gracias a Aivazovsky que se puso en marcha la construcción del ferrocarril hasta Feodosia y se construyó el acueducto en su ciudad natal a la que acabó regalando, una galería de arte. 

Esta muestra de arte ruso es una belleza y es importante resaltar que nunca se ha llevado a cabo en España, ni en vida de Aivazovsky ni después, una exposición individual o retrospectiva de su obra. 

«En las  exposiciones de arte ruso que han tenido lugar en España solo se han podido ver algunas piezas sueltas  del gran marinista. Ahora, en Málaga, se pueden contemplar. Todos los cuadros expuestos son genuinas obras maestras. Por eso, esta pequeña porción de la incontable cantidad de obras de este ilustre héroe de la pintura que se conservan en todo el mundo refleja, de la misma manera en que una gota de agua del mar contiene la esencia de toda la inmensidad del cosmos, las principales características del arte mayúsculo del célebre marinista. Un arte, el suyo, que fue tan  sencillo como genial, tan perfectamente asequible a la inteligencia como, a la vez, emocionante y enigmático; un arte que lo llevó a convertirse en una de las figuras más notables de la historia del arte nacional ruso y la cultura artística universal”, detallan en el Museo Ruso de Málaga.

María Esther Beltrán Martínez. Licenciada en Periodismo. Mexicana, nacida en la Ciudad de México. He sido Coordinadora de prensa del Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México, Orquesta Sinfónica de Minería, Bienal del Cartel en México. Directora de Prensa del Festival de México en el Centro Histórico. Editora de espectáculos y cultura del Diario El Día. Relaciones Públicas de programas Canal 13 y Radio UNAM. Coordinadora de actualización del Sistema de Información Cultural (SIC) del Ministerio de Cultura de México.Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. 2009. Vive en Andalucía desde hace once años.

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